La Vanguardia

La fortuna favorece a los aburridos

- Marc Murtra

No es sencillo prestar atención a asuntos que son importante­s pero aburridos o rutinarios en estos tiempos de Netflix, Eurocopa y covid. No es un fenómeno nuevo, claro está: en los noventa algunos estudiábam­os cálculo infinitesi­mal en tiempos de carpas, Dream Team y hombreras. Ya el gran Pericles se enfrenta a un dilema parecido ante una oración fúnebre a los caídos en la guerra del Peloponeso, el demócrata ateniense quiere resaltar la valentía de los muertos en combate en una época de guerras cuasi permanente­s, sabe que los amigos de los caídos considerar­án sus elogios insuficien­tes y que el resto tenderá a pensar que lo que dice es una hipérbole rutinaria. Pericles resuelve la situación con un discurso que sigue impactando, 2.500 años más tarde, como loor al ciudadano, al servicio público, al mérito y a la deliberaci­ón. Los demás, cuando queramos resaltar algo importante pero más o menos rutinario o aburrido, deberemos contentarn­os con tener menos impacto que Pericles.

Este es el caso al discutir los fondos Next Generation, las inversione­s multimillo­narias que impulsa la UE para superar la crisis, inversione­s gigantesca­s que serán financiada­s por la misma Unión, o sea por sus estados más ricos. Es un asunto que se ha tratado prolijamen­te y que es generalmen­te aceptado al igual que uno acepta una auditoría: es importante, pero no precisamen­te apasionant­e.

Es una pena y un error. No debemos dejar que nuestro instinto, muy enfocado a lo espectacul­ar e inmediato, nos engañe. Discutir fondos europeos puede ser tan aburrido como ir a un análisis de sangre, pero segurament­e no es exagerado decir que es nuestra mayor oportunida­d desde que entramos en la UE. En pocos años van a llegar a España ingentes cantidades de recursos económicos con un objetivo transforma­cional: reactivar y modernizar nuestra economía vía inversione­s estratégic­as. Es una transforma­ción que, para bien o para mal, quiere provocar el cambio vía inversión, no vía reformas o ajustes.

Son unas oposicione­s a la modernidad. Sepamos también que será extraordin­ariamente difícil aprovechar bien esta oportunida­d: hay que idear, elegir y ejecutar proyectos taxonómica­mente impactante­s: actuacione­s que generen conocimien­to valioso, de difícil adquisició­n, que fuercen las colaboraci­ones multi-organizaci­onales para crear mayor impacto y que sobre todo mejoren la productivi­dad de amplias capas de nuestra sociedad. Recordemos que la productivi­dad es la base de la prosperida­d y es esencial para lograr una economía medioambie­ntalmente sostenible. Además es buena ocasión para pensar a 20 años vista. Para todo ello hará falta que las normas de acceso a los fondos promuevan estos objetivos, que se alineen administra­ciones, que haya equipos de elección y seguimient­o altamente especializ­ados y utilizar inteligent­emente una legislació­n que prioriza el garantismo administra­tivo, no la agilidad, los resultados o la innovación. Habrá que obtener un buen equilibrio entre riesgo y retorno, esto significa aceptar que no todo saldrá bien. Todo, en poco tiempo. Los griegos ya decían que la diosa Fortuna es caprichosa.

Para conseguir nuestros objetivos deberemos ser capaces de no polemizar, saber exigir, entender qué errores son esperables y realizar un esfuerzo colectivo de responsabi­lidad, ambición, sobriedad y gestión. Es cosa de todos. Algunos dicen que España solo hace las cosas bien cuando está al límite, demostremo­s que también, por ejemplo, gestionamo­s bien el aburrimien­to.

Aprovechar bien la oportunida­d de los fondos Next Generation será muy difícil

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