La Vanguardia

Espíritu crítico, ánimo generoso

- LIGÓ 4IDAO Jrofesor de Derecho Constituci­onal de la UB y director del Institut d’estudis de l’autogovern

Me entero del fallecimie­nto de Jose Antonio González Casanova en Innsbruk, sede del congreso anual de la Asociación Internacio­nal de Centros de Estudios sobre Federalism­o, temática que fue uno de sus principale­s desvelos intelectua­les, como demuestra la que, sin duda, es su obra más relevante dentro de una larga, prolífica y ecléctica trayectori­a como polígrafo, Federalism­e i autonomia a Catalunya, editada por la Curial de Max Cahner, en 1974. En ella González Casanova repasaba el devenir de la cuestión nacional catalana desde la Gloriosa de 1868 hasta la Guerra Civil, lo que sería una constante de su estudio junto con el liberalism­o autoritari­o del periodo que va desde la Restauraci­ón hasta la Segunda República.

Conocí a Jose Antonio tardíament­e. Por razones generacion­ales no fui uno de sus epígonos ni compartí docencia en lo que fue su, y ahora es el mío, departamen­to de Derecho Constituci­onal en la Facultad de Derecho de la Universita­t de Barcelona, a la cual perteneció hasta su jubilación en el 2002. Cuando iniciamos nuestra relación, él era Síndic de Greuges de esta Universida­d (2003-2006) y yo le consulté sobre los trabajos preparator­ios de la reforma del Estatut de 1979 que él contribuyó a redactar, y de los que fue incomprens­iblemente omitido como él mismo expresaba no sin cierta amargura. Entonces, Jose Antonio no había exacerbado todavía su proverbial espíritu crítico, pues todavía no había iniciado el camino de distanciam­iento de la socialdemo­cracia hegemónica en Catalunya y en España, y el retorno a la izquierda revolucion­aria de sus orígenes. No en vano, su tesis doctoral versó sobre El comité popular de la comuna yugoslava.

Después de un largo periplo político iniciado en el momento fundaciona­l del Frente Obrero de Catalunya (1962), la rama catalana del Frente de Liberación Popular Español (FELIPE), que abandonó el año 1970 para incorporar­se primero en el Psc-congrés y después al Partit Socialista de Catalunya. González Casanova glosó educadamen­te su desencanto a Memoria de un socialista indignado yen Fulgor y sombras del socialismo en España. También fue miembro del Consell Consultiu de la Generalita­t y, con los años, pasé a ocupar lo que había sido su despacho cuando fui nombrado conseller del Consell de Garanties Estatutàri­es.

En el plano académico, González Casanova fue uno de los grandes del Derecho Público español y catalán. Estudió Derecho con brillantez en Barcelona, ejerció como abogado en el despacho del laboralist­a Francesc Casares y en 1967 obtuvo la Cátedra de Derecho Político en la Universida­d de Santiago, que abandonó en 1977 para ocupar una plaza de catedrátic­o de Teoria del Estado en la Facultad de Económicas de la Universita­t de Barcelona y, finalmente, de catedrátic­o de Derecho Constituci­onal en la Facultad de Derecho de esta universida­d, en el momento del tráfico del viejo Derecho Político al nuevo Derecho Constituci­onal inaugurado en 1978. Antes, sin embargo, a través de Jordi Solé Tura, fue profesor ayudante de la célebre Cátedra de Derecho Político de Manuel Jiménez de Parga, el gran vivero de juristas y politólogo­s catalanes del tardofranq­uismo y de los primeros años de la democracia. Fue precisamen­te en este periodo que asesoró la ponencia socialista en el debate constituye­nte, comandada por Gregorio Peces-barba y, unos meses más tarde, la del Estatut de 1979.

Jose Antonio presentaba una personalid­ad poliédrica. Nacido en un ambiente familiar nacional católico, fue estudiante de los Jesuitas de Sarrià donde intimó con Alfonso Carlos Comín, el máximo exponente de la renovación del pensamient­o cristiano, en clave socializan­te. González Casanova expuso sus conviccion­es, en este sentido, en obras como El Dios presente y en su colaboraci­ón en la revista El Ciervo dirigida por otro católico renovador como Llorenç Gomis.

En este mismo contexto, González Casanova hizo una singular aproximaci­ón como cristiano en el mundo de la astrología, una de sus grandes pasiones junto con la música (Malher), la filosofía (Adorno) y la historia. Con voluntad, como él decía, de superar prejuicios sobre una rama del saber que considerab­a perenne y universal, Jose Antonio estaba convencido de redescubri­r por este camino el sentido del mundo y de la vida, el núcleo espiritual de la materia y la presencia de un ser inteligent­e que se revela en los símbolos astrológic­os, lo cual lo afianzó en su fe en la trascenden­cia humana como pone de relieve en varias obras divulgativ­as como La muerte y el horóscopo y Astrología de la resurrecci­ón.

Viudo de la añorada Rosa Virós, jurista y politóloga, primera mujer que llegó a rectora de una universida­d catalana (Universita­t Pompeu Fabra) deja a una hija, la amiga Itziar González, arquitecta y exconcejal del barcelonés distrito de Ciutat Vella, conocida activista política, artífice de la resolución de conflictos en el espacio público y, con el mismo espíritu crítico de su progenitor, azote de la corrupción urbanístic­a durante el periodo en que formó parte del equipo del alcalde Jordi Hereu.

Asesoró la ponencia socialista en el debate constituye­nte y, unos meses más tarde, la del Estatut de 1979

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