La Vanguardia

Mbappé y el efecto Clark

- Francesc Peirón

Hace unos aòos, mejor dicho, hace unas décadas, que el tiempo pasa volando, el grupo Coz colocó en las listas de éxitos una canción que hoy suena al más claro ejemplo del género machirulo, según el léxico al uso.

El título, Las chicas son guerreras, ya era todo un aviso. Decía (dice si se va a Youtube) cosas del tipo “y la más cardo puede tener sabor a mandarina...”. En esa maraòa de aberracion­es había una frase, “jugar con ellas es como manejar la nitroglice­rina...”, que medio siglo después ha estallado.

El boom. En Estados Unidos estos días ha habido informacio­nes de admiración por lo que se atisba de nuevos tiempos. El deporte de alta competició­n ha dejado de ser masculino o, al menos, ya no es solo masculino. Las mujeres han demostrado ser competitiv­as, en el mejor sentido de la palabra, y con una capacidad de convocator­ia como no se podía imaginar no hace tanto.

Es lo que llaman el efecto Clark, por Caitlin Clark, la jugadora de la Universida­d de Iowa cuya calidad ha logrado que la final de la liga de college haya sido mucho más vista que la de los chicos.

El partido entre las de Iowa y las de Carolina del Sur tuvo una audiencia de 18,9 millones de media, con un pico que trepó hasta los 24,1 millones. Ellos (Conecticut y Purdue) se quedaron en 14,2 millones y 17, respectiva­mente. Han superado a finales de la NBA y a los partidos decisivos de beisbol.

Había otras jugadoras estelares, pero Clark es el estandarte de esta revolución. Ha batido todos los récords de anotacione­s, para enfado de algunas que le precediero­n en el podio. Cargan contra ella, además, porque va a dar el salto al profesiona­lismo con el vacío de no haber ganado ningún título. En su última final fue la mejor. Metió 30 puntos, pero no fueron suficiente­s.

Ha tenido buenos defensores, como Lebron James. “Si no disfrutas con Caitlin Clark, simplement­e eres alguien que odia. Mantente lejos”, tuiteó.

Más elocuente todavía resultó Dawn Staley, entrenador­a del equipo victorioso de Carolina del Sur. “Quiero darle las gracias a Caitlin por haber elevado nuestro deporte. Ha llevado una carga muy pesada. Eres una de las mejores de nuestro deporte. Te apreciamos”, declaró nada más coronarse.

El efecto Clark es el mismo que sufre Mbappé. Extraordin­ario futbolista al que el destino le niega el gran éxito de la Champions. Florentino Pérez tal vez descubra que su magnífico nuevo Bernabéu solo sirve para celebrar a una guerrera como Taylor Swift, a la que le va el fútbol, pero el americano. ●

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