HAY SOL PA­RA RA­TO

EN ES­TOS LU­GA­RES ESTIRAMOS EL VE­RANO TO­DO LO QUE SE PUE­DE

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: ANA ABELENDA, NOE­LIA SIL­VO­SA, EDITH FIL­GUEI­RA

LOS VE­RA­NOS DU­RAN MÁS EN ES­TOS CLU­BES don­de la tem­po­ra­da cá­li­da se ex­tien­de ca­si a to­do el año. Al­gu­nos pre­su­men de mi­cro­cli­ma es­pe­cial. Nos zam­bu­lli­mos en sep­tiem­bre si­guien­do la ru­ta de­por­ti­va del cha­pu­zón, fit­ness y spa in­clui­dos, de A Co­ru­ña a Vi­go, con pa­ra­da en Lu­go y Ou­ren­se. Se­gui­mos al sol pa­sa­dos por agua. ¡No nos mo­ve­rán!

Hay­rin­co­nes en los que el ve­rano no se aca­ba de aca­bar, lu­ga­res en los que el sol em­pie­za a do­rar en ma­yo y no obli­ga a po­ner­se el sa­yo has­ta oc­tu­bre o, vien­do la pau­ta de los úl­ti­mos años, in­clu­so ca­si has­ta Na­vi­dad. Ten­ga­mos «ve­ro­ño» o no, en es­tos clu­bes, don­de man­dan el re­lax y el dis­fru­te de­por­ti­vo, el mo­reno y la sen­sa­ción de buen tiem­po y las tar­des en­tre ami­gos cun­den más.

MI­RA­DOR A LA RÍA DE VI­GO

Ini­cia­mos la ru­ta del cha­pu­zón ex­ten­dien­do la toa­lla so­bre el cés­ped, a pie de pis­ci­na, en el Náu­ti­co de Vi­go, en las ins­ta­la­cio­nes que ha su­ma­do a sus ser­vi­cios en el 87. Fue cuan­do es­te real club con so­le­ra (que tu­vo a Al­fon­so XIII co­mo pre­si­den­te de ho­nor; acep­tó la pre­si­den­cia en agos­to de 1906) ad­qui­rió Los Abe­tos de Ni­grán, su­man­do es­te nom­bre al su­yo. La zo­na del club en Ni­grán sue­le ser la fa­vo­ri­ta pa­ra la tem­po­ra­da de ve­rano, y, si en vez del cuer­po a tie­rra, se pre­fie­re la tum­bo­na, «aquí siem­pre en­cuen­tras una», di­ce Ali­cia Mag­da­le­na, que dis­fru­ta en fa­mi­lia to­do el ve­rano (y más) del club. «Ve­ra­nea­mos por aquí cer­ca y nos gus­ta com­pa­gi­nar pla­ya y pis­ci­na. Las tar­des que a mis hi­jos [tie­ne tres, de 7, 11 y 13 años] les ape­te­ce, las pa­sa­mos en la pis­ci­na. Es un club fa­mi­liar, un es­pa­cio pa­ra sen­tir­se a gus­to con ami­gos, pa­ra es­tar tran­qui­lo con los ni­ños sin te­ner sen­sa­ción de pe­li­gro. Aho­ra, van a ha­cer un car­na­val de tem­po­ra­da. Y tie­nen fies­ta de la es­pu­ma y otras mu­chas ac­ti­vi­da­des, co­mo el te­nis o el pá­del, ade­más de cam­pa­men­tos de ve­rano», com­par­te Ali­cia, so­cia de Los Abe­tos que des­ta­ca las bue­nas vis­tas so­bre pla­ya Amé­ri­ca.

Tam­bién las apre­cia Fer­nan­do Ro­drí­guez, que lle­va más de un cuar­to de si­glo vin­cu­la­do al Náu­ti­co, re­cuer­da echan­do la vis­ta atrás. «¡Me sien­to co­mo un di­no­sau­rio!... Pue­do lle­var 26 años de so­cio. Mis pa­dres lo eran, y cuan­do me ca­sé, tra­je a mi mu­jer y lue­go hi­ce so­cios a mis hi­jos. Mi hi­ja pe­que­ña, de 13 años, vie­ne a cla­ses de te­nis to­dos los sá­ba­dos», cuen­ta.

Du­ran­te la se­ma­na, Fer­nan­do y su fa­mi­lia dis­fru­tan de la pis­ci­na. De las pis­ci­nas, tan­to de la del Náu­ti­co en Vi­go co­mo de las de Ni­grán. Des­de me­dia­dos de ju­nio se vie­nen a es­tas úl­ti­mas ins­ta­la­cio­nes con «mi­ra­dor» so­bre la ría de Vi­go, y no cie­rran la tem­po­ra­da has­ta sep­tiem­bre. «Mis pa­dres si­guen vi­nien­do ca­si to­dos los fi­nes de se­ma­na. Y su de­por­te es..., va­mos a de­cir..., mu­cho más tran­qui­lo. Aquí jue­gan al do­mi­nó, a las car­tas, o tam­bién dis­fru­tan de la pis­ci­na», com­par­te quien ha vis­to cre­cer el club. «Hay caras que se han ido man­te­nien­do con el tiem­po, pe­ro des­de ha­ce unos años ha ha­bi­do un pro­ce­so de mo­der­ni­za­ción, y se ven mu­chas caras nue­vas. Ca­da ve­rano hay más ni­ños, más gen­te jo­ven», afir­ma.

SO­LÁ­RIUM CO­RU­ÑÉS

Ba­jo el sol que más ca­lien­ta, po­ne­mos rum­bo al Nor­te. Di­rec­tos a la pa­red (mí­ti­ca) de La So­la­na co­ru­ñe­sa, don­de pe­ga el sol de mar­zo a no­viem­bre. Es­te so­lá­rium na­tu­ral, des­de el que hoy mu­chos cru­zan de las pis­ci­nas (cli­ma­ti­za­das, de agua sa­la­da) a dar­se un ba­ño en el mar, tie­ne un vo­lu­men no­ta­ble de so­cios fun­da­do­res... Y un mi­cro­cli­ma es­pe­cial, sub­ra­ya el di­rec­tor de la que se lla­ma ac­tual­men­te Me­tro­po­li­tan La So­la­na. «Tú mi­ra por dón­de sa­le y por dón­de se po­ne el sol», in­vi­ta Car­los Fil­guei­ras, al fren­te de un club del que ca­si to­do co­ru­ñés ha si­do so­cio y en el que nun­ca en­tra­rás sin en­con­trar­te a un vie­jo co­no­ci­do o un fa­mi­liar.

En diez mi­nu­tos de reportaje, veo una ca­ra de to­da la vi­da, y a una com­pa­ñe­ra de trabajo que me in­vi­ta a en­trar en los ves­tua­rios de mu­je­res (a ver la zo­na de la sau­na, los se­ca­do­res y las nue­vas plan­chas pa­ra el pe­lo). Aun­que no ha per­di­do su iden­ti­dad, La So­la­na ha vis­to una evo­lu­ción des­de los años cua­ren­ta, cuan­do na­ció. A su esen­cia fa­mi­liar y su «sal­pi­cón» de ge­ne­ra­cio­nes se ha uni­do la apues­ta por el de­por­te y el fit­ness. Ele­na es so­cia de to­da la vi­da, apren­dió a na­dar aquí, en un club que le vie­ne ya de los abue­los y al que su­mó ha­ce unos años un so­cio, su ma­ri­do, Car­los, que se vino «emi­gra­do», apun­ta son­rien­do, des­de Ri­bei­ra y es hoy un fe­liz «exi­lia­do» al sol que va­lo­ra la di­ná­mi­ca de­por­ti­va de su club. «Ha­ce­mos ac­ti­vi­da­des co­mo met-pump o ci­cling. Los mo­ni­to­res son muy bue­nos, te co­rri­gen, mo­ti­van, y ayu­dan a rom­per el hie­lo con la gen­te», di­ce es­ta pa­re­ja que po­sa en el spa de la olím­pi­ca, un rin­cón de anun­cio. «En Ibi­za tie­nen sus ca­las. Aquí, nues­tros rin­co­nes, sos­tie­ne Car­los Fil­guei­ras.

FO­TO: M. MORALEJO

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.