“El li­bro co­men­zó a ges­tar­se con la muer­te de Pepe San­cho”

Cin­co años. Ese tiem­po ne­ce­si­tó tras la muer­te de su ma­ri­do, Pepe San­cho, pa­ra po­ner­se a es­cri­bir «La me­mo­ria de la la­van­da», que tie­ne co­mo pun­to de par­ti­da una pér­di­da. Ya es­tá en­tre los más ven­di­dos

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - ENTREVISTA - TEX­TO: MON­TSE GARCÍA

Des­cri­be La me­mo­ria de la la­van­da co­mo su no­ve­la más per­so­nal y emo­ti­va. «La es­cri­bí con las emo­cio­nes a flor de piel», ase­gu­ra Reyes Mon­for­te (Ma­drid, 1975). Has­ta aho­ra nun­ca ha­bía na­rra­do en pri­me­ra per­so­na y la usa pa­ra me­ter­se en la piel de Le­na, que ha per­di­do a su ma­ri­do.

—Muer­te y due­lo es­tán muy pre­sen­tes en la no­ve­la, pe­ro tam­bién de­ja un lu­gar pa­ra la es­pe­ran­za.

—Es­te li­bro nace de una si­tua­ción de pér­di­da de la per­so­na ama­da, pe­ro real­men­te es una his­to­ria de amor. Es una gran fo­to­gra­fía en don­de to­dos sa­li­mos re­tra­ta­dos por­que to­dos he­mos per­di­do a al­guien a quien que­ría­mos mu­cho. Es un li­bro so­bre có­mo es la vi­da en mi­tad de una pér­di­da, có­mo se ges­tio­na el va­cío y la muer­te de un ser querido, có­mo se ges­tio­na la me­mo­ria, el re­cuer­do, las fo­to­gra­fías que que­dan... Es una no­ve­la de sen­ti­mien­tos, de emo­cio­nes. Nace de una si­tua­ción tris­te, co­mo es una pér­di­da, pe­ro quie­re de­jar cla­ro que al fi­nal del tú­nel siem­pre hay una es­pe­ran­za. No de­be­mos te­ner ese mie­do a la muer­te que hay en es­ta par­te del mun­do oc­ci­den­tal. De­be­ría­mos ter­mi­nar con ese ta­bú de la muer­te y de lo que pa­sa des­pués.

—Siem­pre ha di­cho que to­ma he­chos rea­les co­mo pun­to de par­ti­da. Us­ted pa­só por la ex­pe­rien­cia que na­rra al per­der a su ma­ri­do, Pepe San­cho. ¿En qué mo­men­to tu­vo cla­ro que el due­lo y la muer­te po­dían ser­lo?

—Ha­ce cin­co años que per­dí al amor de mi vi­da, a mi ma­ri­do. Creo que en ese mo­men­to ya se em­pe­zó a ges­tar es­ta no­ve­la. Es fic­ción, con per­so­na­jes de fic­ción, que no tie­nen na­da que ver con­mi­go ex­cep­to en el cua­dro emo­cio­nal. Re­cuer­do que a los dos años un edi­tor me pro­pu­so es­cri­bir so­bre ello. Lo in­ten­té pe­ro era im­po­si­ble, no me sa­lía na­da, era un desas­tre y aque­llo no te­nía for­ma de no­ve­la. La de­jé en la mo­chi­la por­que sa­bía que al­gún día lo lo­gra­ría. Des­pués, fue por ca­sua­li­dad. Me in­vi­ta­ron ha­ce dos años unos ami­gos a vi­vir el Fes­ti­val de la La­van­da y, al es­tar an­te mil hec­tá­reas de cam­pos de la­van­da, en­con­tré el es­ce­na­rio, que era lo que me es­ta­ba fre­nan­do.

—¿Cuán­to le ha pres­ta­do a Le­na, el per­so­na­je pro­ta­go­nis­ta? ¿Si no hu­bie­ra pa­sa­do por esa si­tua­ción el re­sul­ta­do se­ría el mis­mo?

—No, no creo. Pien­so que no se hu­bie­se es­cri­to igual. Es una fic­ción, pe­ro es ver­dad que tú tie­nes que crear unos per­so­na­jes y do­tar­los de una bio­gra­fía vi­tal, pe­ro tam­bién de una bio­gra­fía emo­cio­nal. Yo, des­gra­cia­da­men­te, no tu­ve que re­cu­rrir a na­die pa­ra que me ex­pli­ca­se có­mo se vi­ve en mi­tad de la pér­di­da. Sue­lo de­cir que Le­na tie­ne mi mi­ra­da, pe­ro no mis ojos.

—«Lo me­jor que te pue­de pa­sar en la vi­da es amar y ser ama­do. Y per­der esa sen­sa­ción es mu­cho más do­lo­ro­so que no te­ner­la nun­ca», es­cri­be. ¿Va­le la pe­na per­der­se el amor pa­ra evi­tar el su­fri­mien­to?

—Siem­pre me­re­ce la pe­na el re­cuer­do y la me­mo­ria, siem­pre es me­jor echar de me­nos al­go muy grande que te ha pa­sa­do que no ha­ber­lo vi­vi­do nun­ca.

—¿El tiem­po lo cu­ra to­do o, co­mo di­ce Le­na, las pér­di­das se arras­tran y no des­apa­re­cen?

—Y tam­po­co se su­pe­ran. Tú no su­pe­ras una pér­di­da, la so­bre­lle­vas co­mo pue­des. El tiem­po no cu­ra to­do, lo sua­vi­za por­que de no ser así no po­drías vi­vir. Hay que se­guir co­mo ho­me­na­je a la per­so­na que ya no es­tá. Las pér­di­das se arras­tran y no se ol­vi­dan, pe­ro to­do eso en­tra den­tro de la me­mo­ria.

—¿Ve po­si­bi­li­da­des de que «La me­mo­ria de la la­van­da» si­ga los pa­sos de «Un bur­ka por amor» y «La in­fiel» y lle­gue a la te­le­vi­sión?

—Sí, por­que es muy vi­sual. Es una fo­to­gra­fía en la que ter­mi­na­mos re­tra­ta­dos to­dos por­que a to­dos nos va a to­car pa­sar por un due­lo. Es una gran his­to­ria de amor y por eso es una gran pér­di­da. Las emo­cio­nes son las que nos igua­lan a to­das las per­so­nas. Hoy es­ta­mos fal­tos de emo­cio­nes y de poder ha­blar de ellas sin nin­gún com­ple­jo. No nos tie­ne que dar mie­do de­cir que al­gu­nas ve­ces lo pa­sa­mos mal. Oja­lá que La me­mo­ria de la

la­van­da sea una pe­lí­cu­la o una se­rie, siem­pre que se ha­ga bien.

Nun­ca se su­pera una pér­di­da, so­lo se so­bre­lle­va

FOTO: JESSYCA OCAM­PO

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