“No mi­ro al fu­tu­ro, mi vi­da es so­lo pre­sen­te”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA . ENTREVISTA - TEX­TO: FERNANDO MOLEZÚN

a pro­pues­ta de en­tre­vis­tar a Pau Do­nés re­sul­ta tan ape­te­ci­ble co­mo in­có­mo­da. Es­tá vi­vien­do una se­gun­da ju­ven­tud crea­ti­va des­per­ta­da, quién sa­be has­ta qué pun­to, por un cán­cer con­tra el que lle­va tiem­po lu­chan­do. Ape­te­ce es­cu­char su his­to­ria. El pro­ble­ma es­tá en que aca­ba de anun­ciar que, tras cum­plir con los con­cier­tos de la gi­ra de los 20 años de Ja­ra­be de Pa­lo —que re­ca­la­rá en A Co­ru­ña (Pla­ya Club) y San­tia­go (Ca­pi­tol) los días 27 y 28 de es­te mes— y apo­yar los lan­za­mien­tos del dis­co Ja­ra­be Fi­lar­mó­ni­co y el li­bro 100 le­tras, se to­ma­rá, a par­tir del pri­mer día del 2019, un des­can­so «in­de­fi­ni­do». Va­mos, que tie­ne otras co­sas en men­te. Y uno, al ha­cer­le la en­tre­vis­ta, no pue­de evi­tar sen­tir­se co­mo ese ami­go pe­sa­do que, con la me­jor de las in­ten­cio­nes, te pi­de una úl­ti­ma co­pa de ma­dru­ga­da cuan­do tú, al me­nos de es­pí­ri­tu, ya es­tás ca­mino de la ca­ma. Afor­tu­na­da­men­te, Pau Do­nés es, por en­ci­ma de to­do, un ti­po afa­ble y cer­cano. Uno de esos ar­tis­tas a los que el pú­bli­co es­pe­ra en­con­trar­se más en una tas­ca que en un ho­tel de lu­jo. Tie­ne pin­ta de ma­jo, y ejer­ce de ello.

—Es ex­tra­ño en­tre­vis­tar a un mú­si­co que es­tá pro­mo­cio­nan­do su re­ti­ro…

—Bueno, va­mos a ma­ti­zar eso, que es im­por­tan­te. Lo que ha­go es pa­rar, in­de­fi­ni­da­men­te, sí, pe­ro eso no im­pli­ca que me re­ti­re. Lle­va­mos con la ban­da vein­te años a to­pe, así que es­te año to­ca­ba ce­le­brar­lo. Y apro­ve­cha­mos es­ta ce­le­bra­ción pa­ra de­cir no adiós, pe­ro sí has­ta lue­go. No es más que eso.

—Va­le, pues en­ton­ces la pre­gun­ta es ¿Has­ta cuán­do du­ra­rá el pa­rón?

—Ah, eso sí que no te lo pue­do de­cir. Pe­ro sim­ple­men­te por­que no lo sé.

—Sue­na pe­li­gro­so. ¿Y si des­cu­bre que sin los ri­go­res de las gi­ras se es­tá es­tu­pen­da­men­te?

—Pues oja­lá me pa­se eso. La ver­dad es que ten­go mu­chas ga­nas de vol­ver a lle­var una vi­da or­de­na­da, una vi­da es­tán­dar. Por­que lo de los mú­si­cos es un dis­pa­ra­te. Y vein­te años de dis­pa­ra­te ya va es­tan­do bien. Ten­go ga­nas de ir a com­prar el pan, pa­sear con el pe­rro… Lo que quie­ro es no te­ner­me que ir de ca­sa ca­da se­ma­na a al­gún si­tio. Lle­vo vein­te años yén­do­me de ca­sa a cru­zar Es­pa­ña ca­da se­ma­na. Es­ta vez ya no.

—-¿Se lle­va­rá al me­nos la gui­ta­rra, por si aca­so?

—Es­pe­ro que es­to me du­re, pe­ro eso no im­pli­ca que aban­do­ne la mú­si­ca. Eso es al­go im­po­si­ble, es al­go que lle­vo muy den­tro. Pue­des de­jar de tra­ba­jar en el ban­co o en la ga­so­li­ne­ra, pe­ro de­jar la mú­si­ca sé que va a ser al­go im­po­si­ble. Lo ten­go muy asu­mi­do.

—¿Cuán­to tie­ne que ver el cán­cer con es­ta de­ci­sión?

Ahí es­tá la prueba.

—Co­mo an­tes, no. Le en­tró una es­pe­cie de hi­pe­rac­ti­vi­dad… No ha pa­ra­do en es­tos úl­ti­mos años. Se irá aho­ra a des­can­sar, pe­ro an­tes se ha can­sa­do lo su­yo.

—Es cier­to. Pe­ro no fue al­go pre­me­di­ta­do. Es lo que to­ca­ba. Si nos va­mos a ir, ha­gá­mos­lo por to­do lo al­to. Ten en cuen­ta que ya me he pa­sa­do de fre­na­da. Dos años, por­que el pa­sa­do día 11 cum­plí los 52. Sim­ple­men­te sa­ca­mos los pro­yec­tos que que­ría­mos sa­car.

—Y de des­pe­di­da un dis­co sin­fó­ni­co. ¿Cue­lan las can­cio­nes de Ja­ra­be de pa­lo in­ter­pre­ta­das por una or­ques­ta?

—A mi me ha en­can­ta­do, tan­to el dis­co, el re­sul­ta­do, co­mo la ex­pe­rien­cia de ha­cer­lo. Los arre­glos de las can­cio­nes son in­creí­bles. Y el po­der ha­ber can­ta­do con una or­ques­ta sin­fó­ni­ca es al­go úni­co. Me pa­sa co­mo con My way, no sé si que­dar­me con la de Si­na­tra o con la de Sid Vi­cious. Ca­da una en su mo­men­to. Pe­ro lo que es­tá cla­ro es que lo que hay ahí es una can­ción mag­ní­fi­ca. Es­to es lo que ha pa­sa­do con es­tas can­cio­nes.

—¿Có­mo sur­gió la idea de ha­cer es­te dis­co cien le­tras en un li­bro. ¿No es­ta­ban bien en las can­cio­nes? ¿Por qué sa­car­las al pa­pel?

—Es una cues­tión de jus­ti­cia. Un ho­me­na­je a las le­tras, que son el pa­ti­to feo de las can­cio­nes. To­do el mun­do se que­da con la mú­si­ca, pe­ro no se fi­ja en la le­tra. Co­mo mu­cho se que­da con el estribillo. Sí que hay diez que se las sa­be to­do el mun­do, pe­ro las no­ven­ta res­tan­tes es­tán huér­fa­nas. Así que de­ci­di­mos ha­cer un li­bro, pe­ro bien, con fo­tos iné­di­tas de los pri­me­ros tiem­pos de Ja­ra­be y una edi­ción chu­lí­si­ma. Es par­te de nues­tro le­ga­do ar­tís­ti­co, al fin y al ca­bo.

—-¿Y tie­ne sen­ti­do abar­car­las sin mú­si­ca, en se­co? Al fin y al ca­bo fue­ron crea­das pa­ra ser can­ta­das.

—Sí tie­ne sen­ti­do leer­las sin mú­si­ca por­que yo com­pon­go así: le­tras por un la­do y mú­si­ca por otro. Des­pués las her­mano pa­ra que sur­ja la can­ción, pe­ro no siem­pre ten­go éxi­to. Así que hay mu­cha poe­sía sin me­lo­día por ahí. Me ha sor­pren­di­do —y me ha en­can­ta­do, no lo nie­go— que al­gún ami­go, tras leer el li­bro, me vie­ne di­cien­do que no re­cor­da­ban que Mi dia­rio per­so­nal era tan bue­na. Que tras leer la le­tra co­rrie­ron al Spo­tify a es­cu­char­la y que han re­des­cu­bier­to al­gu­nos te­mas. Es co­mo si se in­vir­tie­se el pro­ce­so. Em­pie­zan por la le­tra y ter­mi­nan en la can­ción.

—Por úl­ti­mo, ¿vol­ve­rá del re­ti­ro con la mo­chi­la car­ga­da de te­mas y un dis­co de no sé cuan­tos ce­dés co­mo

de Ca­la­ma­ro?

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