«In­ter­net cam­bió los há­bi­tos de con­su­mo y los del sec­tor»

Cre­ció al mis­mo tiem­po que la em­pre­sa de sus pa­dres, Ma­ris­cos Comesaña, pe­ro co­mo hi­ja que es de su tiem­po, Águeda Comesaña le dio una vuel­ta al ne­go­cio fa­mi­liar y pu­so en mar­cha una web pa­ra ofre­cer por In­ter­net lo mis­mo que ellos en el mer­ca­do tra­di­cion

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - EMPRESAS - Susana Lua­ña

«El 80 % de nues­tra com­pe­ten­cia ya no exis­te; no se tra­ta de po­ner una web a fun­cio­nar y ya es­tá»

Fi­na­li­za­da la ca­rre­ra de Bio­lo­gía en la Uni­ver­si­da­de de Vi­go y con su tra­yec­to­ria la­bo­ral más o me­nos en­ca­rri­la­da en Ma­drid, don­de re­ca­ló pa­ra ha­cer un más­ter, na­da ha­cía pen­sar que Águeda Comesaña (Ni­grán, 1983) re­tor­na­se al sec­tor de la co­mer­cia­li­za­ción de ma­ris­co que ha­bía da­do de co­mer a su fa­mi­lia. Pe­ro el gu­sa­ni­llo es­ta­ba ahí, y hoy es la ge­ren­te de una em­pre­sa, Sal y Laurel, que cre­ce tam­bién de los pro­duc­tos del mar, aun­que co­mo los tiem­pos son otros, lo ha­ce en el cam­po on­li­ne, don­de ya fac­tu­ra el 20 % de las ven­tas que co­mer­cia­li­za Ma­ris­cos Comesaña, la em­pre­sa fa­mi­liar crea­da en los años 80.

—¿Có­mo sur­gió la idea de crear una web pa­ra la ven­ta a dis­tan­cia de ma­ris­co fres­co?

—Des­pués de ha­cer un más­ter de Bio­tec­no­lo­gía en Ma­drid, en­con­tré tra­ba­jo en ese cam­po, pri­me­ro en una in­cu­ba­do­ra de em­pre­sas tec­no­ló­gi­cas y des­pués, co­mo coor­di­na­do­ra de uno de los edi­fi­cios de esa in­cu­ba­do­ra. Pe­ro me en­tró el gu­sa­ni­llo, co­no­cía a mu­cha gen­te del sec­tor del di­se­ño y to­do se po­nía a mi fa­vor, así que pu­si­mos en mar­cha la web, que com­pa­ti­bi­li­za­ba con mi tra­ba­jo. Lle­gó un mo­men­to en que la web re­que­ría to­do mi tiem­po y que ha­bía co­sas que se me es­ca­pa­ban por no es­tar en Vi­go, que a fin de cuen­tas es de don­de sa­lía el ma­ris­co, así que de­ci­dí dar­le un vuel­co a mi vi­da y vol­ver a Galicia. Re­gre­sé a Ni­grán a fi­na­les del 2014, des­pués de pa­sar cin­co años en Ma­drid, y con mi pa­re­ja, Al­fon­so Ga­llar­do, de­ci­di­mos de­di­car­nos a es­to a tiem­po com­ple­to. La web se nu­tre del mis­mo pro­duc­to que Ma­ris­cos Comesaña, que es la em­pre­sa fa­mi­liar ma­yo­ris­ta, pe­ro es in­de­pen­dien­te.

—¿Có­mo lo vio su fa­mi­lia?

—Ha­blé con mi pa­dre y me di­jo que no que­ría sa­ber na­da de eso y que me en­car­ga­se yo, y así fue. Sa­bía­mos que te­nía sa­li­da, y en las pri­me­ras Na­vi­da­des fac­tu­ra­mos más de lo que te­nía­mos pre­vis­to, así fue co­mo vi­mos que era un proyecto via­ble.

—¿Qué per­fil tie­nen sus clien­tes?

—En­tre 30 y 50 años, hom­bres en un 60 % y un 40 % de mu­je­res. Dis­fru­tan con la bue­na me­sa y en su ma­yo­ría, vi­ven en gran­des ciu­da­des. El 30 % son de Ma­drid.

—¿Y fue­ra de Es­pa­ña?

—Te­ne­mos al­gu­nos con­tac­tos, pe­ro la cues­tión le­gal es muy com­ple­ja. Lo que más pi­den son per­ce­bes, cen­to­llas y né­co­ras de la ría. En­via­mos pro­duc­tos de pri­me­ra ca­li­dad a un pre­cio ase­qui­ble. Es ver­dad que lo en­cuen­tran en la pes­ca­de­ría más ba­ra­to pe­ro no­so­tros le da­mos prio­ri­dad a la ca­li­dad del pro­duc­to. Es­tos días me lla­mó un chi­co de Za­ra­go­za que no en­con­tra­ba lam­prea y se la va­mos a man­dar. Que­re­mos apos­tar por pro­duc­tos ex­clu­si­vos, es nues­tra po­lí­ti­ca de em­pre­sa; pro­duc­tos co­mo la ore­ja de mar o la or­ti­gui­lla, que tie­nen mu­cho po­ten­cial y que son nues­tra apues­ta pa­ra po­ner en va­lor los pro­duc­tos de Galicia. La gen­te pien­sa en una ma­ris­ca­da co­mo can­ti­dad, pe­ro no, lo im­por­tan­te es la ca­li­dad y que lo pue­dan co­ci­nar en su ca­sa con to­do el ca­ri­ño. Cuan­do al­guien me di­ce que le man­dan el ma­ris­co co­ci­do, yo pien­so que eso es un pe­ca­do.

—¿Có­mo se ga­na la con­fian­za del clien­te?

—Es ma­te­rial pe­re­ce­de­ro y pa­ra com­prar­lo a dis­tan­cia tie­nes que con­fiar mu­cho en quien te lo en­vía, por­que en la pes­ca­de­ría lo ves, pe­ro aquí no. Lo que he­mos he­cho no­so­tros en es­tos años fue ge­ne­rar esa con­fian­za. Hay quien te ven­de cen­to­lla co­mo ga­lle­ga y no lo es; no tie­ne por qué ser ma­la, que fue­ra tam­bién hay buen ma­ris­co, pe­ro no es ga­lle­ga. Es una cues­tión de trans­pa­ren­cia. No es un mun­do vir­tual. De­trás de la web hay un pro­duc­to, una in­fra­es­truc­tu­ra, un ho­ra­rio de lon­ja, una em­pre­sa de trans­por­tes... Por eso, «cuan­do em­pe­za­mos hi­ci­mos un ba­rri­do so­bre el sec­tor, y el 80 % de la com­pe­ten­cia que te­nía­mos en­ton­ces ya no exis­te; no se tra­ta de po­ner una web a fun­cio­nar y ya es­tá».

—¿Les li­mi­ta de­pen­der de las em­pre­sas de trans­por­te?

—Sí, tra­ba­ja­mos con men­sa­je­ría y no hay mu­chas en el panorama na­cio­nal. Tal y co­mo no­so­tros lo ha­ce­mos, el pro­duc­to lle­ga en per­fec­to es­ta­do, pe­ro no po­de­mos man­dar a Ca­na­rias, por ejem­plo. El trans­por­te es lo que nos li­mi­ta, to­do lo que ten­ga que pa­sar por adua­nas es com­pli­ca­do. Ama­zon es­tá ha­cien­do una apues­ta por el sec­tor pe­re­ce­de­ro, pe­ro de mo­men­to aquí no tie­ne lo­gís­ti­ca.

—¿Có­mo ve es­te nue­vo ne­go­cio un sec­tor tan tra­di­cio­nal co­mo el de la pes­ca?

—Pues en el ca­so de mi fa­mi­lia, el he­cho de es­tar po­si­cio­na­dos en In­ter­net hi­zo que mis pa­dres se ha­yan da­do cuen­ta de la im­por­tan­cia que tie­ne y han da­do el pa­so y crea­do su web cor­po­ra­ti­va y es­tán en las re­des so­cia­les. Mi pa­dre, que al prin­ci­pio me de­cía que no que­ría sa­ber na­da de es­to, aho­ra me pide que le ha­ga una fo­to al ro­da­ba­llo que tie­ne en la mano, que la va a po­ner en In­ter­net, ja, ja. In­ter­net cam­bió los há­bi­tos de con­su­mo, pe­ro tam­bién los del sec­tor.

—¿Cre­ció mu­cho la fac­tu­ra­ción en es­tos años?

—So­mos una em­pre­sa muy hu­mil­de, pe­ro si el sec­tor si­gue apos­tan­do por la ven­ta on­li­ne, hay fu­tu­ro. He­mos cap­ta­do mu­chos clien­tes y ha me­jo­ra­do mu­cho la fac­tu­ra­ción, y ya he­mos con­tra­ta­do a más gen­te. El 20 % de las ven­tas de ma­ris­co fres­co de la em­pre­sa ya se ha­cen a tra­vés de Sal y Laurel. Es­ta­mos en­can­ta­dos.

—La épo­ca fuer­te de ven­tas se­rá la Na­vi­dad, ima­gino...

—El 45 % de la fac­tu­ra­ción se ha­ce en Na­vi­dad. Los pri­me­ros años nos pi­lló un po­co des­pre­ve­ni­dos, pe­ro aho­ra ya re­for­za­mos per­so­nal e in­fra­es­truc­tu­ras.

—¿Qué me re­co­mien­da pa­ra es­tas fe­chas?

—Cen­to­lla, per­ce­bes, ci­ga­las, al­me­ja fi­na y os­tras... En la tien­da on­li­ne te­ne­mos un ca­len­da­rio, us­ted mar­ca el día en que quie­re re­ci­bir el pe­di­do, y no­so­tros nos or­ga­ni­za­mos de­pen­dien­do de las ma­reas y de las subas­tas.

| RA­MÓN LEIRO

Águeda Comesaña cui­da los de­ta­lles pa­ra que el pro­duc­to lle­gue al clien­te co­mo sa­lió de la lon­ja.

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