MA­RÍA ES­TE­VE

EN­TRE­VIS­TA A LA HI­JA DE MA­RI­SOL Y AN­TO­NIO GA­DES

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: NOE­LIA SILVOSA

M aría vuel­ve con fuer­za. Con su nue­va pe­lí­cu­la re­cién lle­ga­da a la ta­qui­lla, es­pe­ra el es­treno de la se­rie que pro­ta­go­ni­za­rá en bre­ve, Sa­bue­sos. Es­ta ac­triz he­cha a sí mis­ma no tie­ne com­ple­jos a la ho­ra de ha­blar de su ma­dre, Ma­ri­sol, el gran mi­to que mar­có su vi­da y a to­da una ge­ne­ra­ción. «Ella me ha en­se­ña­do la lec­ción más im­por­tan­te y con la que apren­dí a de­fen­der­me en to­dos los ám­bi­tos», di­ce. Son pu­ra ra­za.

—Es­ta­mos de es­treno. ¿Qué tal tu re­gre­so al cine? —Muy bien, la ver­dad, muy con­ten­ta. Ter­mi­né una se­rie pa­ra TVE y no ha­ce tan­to que no es­tre­na­ba, ha­ce un par de años con So­lo Quí­mi­ca, y es­to ha si­do ma­ra­vi­llo­so en cla­ve de co­me­dia con Cla­ra Mar­tí­nez-Lá­za­ro. Te­nía mu­chas ga­nas de que gra­ba­se su su­per­lar­go y par­ti­ci­par en es­te pro­yec­to tan bo­ni­to, Ha­cer­se

ma­yor y otros pro­ble­mas, así que ha si­do una vuel­ta es­tu­pen­da con los com­pa­ñe­ros. Y con las com­pa­ñe­ras, que han si­do un su­per­re­ga­la­zo.

—La pe­li ha­bla de la cri­sis de los 30. —Sí, la pe­lí­cu­la tra­ta de un pro­ce­so que no se tra­ta mu­cho, que es cuan­do de­ja­mos de ser tan jo­ven­ci­tos, cuan­do de­jas de es­tu­diar y em­pie­zas a afron­tar real­men­te lo que va a ser tu vi­da y a to­mar de­ci­sio­nes tan du­ras co­mo quién es la per­so­na que vas a que­rer ser el día de ma­ña­na. Y con to­da la pre­sión so­cial que im­pli­ca el que, ade­más, tie­nes que de­ci­dir si vas a ser ma­dre o no, que es al­go que em­pie­za ya no so­la­men­te en tu in­te­rior, sino que to­da la gen­te te em­pie­za a pre­gun­tar si vas a ser ma­dre. Las pa­re­jas pa­san a asu­mir res­pon­sa­bi­li­da­des que an­tes no te­nían y aho­ra tie­nes de re­pen­te una lo­sa, por­que pa­sas a ser res­pon­sa­ble de ca­da de­ci­sión. Aquí es don­de se en­cuen­tran to­dos es­tos per­so­na­jes, muy dis­pa­res en­tre sí, afron­tan­do el mis­mo mo­men­to que te­ne­mos que pa­sar to­dos.

—¿Tú lo pa­sas­te? ¿Atra­ve­sas­te al­gu­na cri­sis de edad? —No es una cri­sis de edad en sí, no em­pie­za con los 30 o los 40. Lo que es un pro­ble­ma es em­pe­zar a plan­tear­se ese ti­po de co­sas que lue­go te van acom­pa­ñan­do du­ran­te una dé­ca­da o más, so­bre to­do si eres mu­jer, por­que a par­tir de los 35 si no has si­do ma­dre ya em­pie­za a de­cir­te to­do el mun­do que se te va a pa­sar el arroz. To­do es­te ti­po de co­sas cla­ro que han su­pues­to al­go pa­ra mí, lo que pa­sa es que yo a los 18 ya ha­bía de­ci­di­do mi ca­rre­ra, ya es­ta­ba tra­ba­jan­do, y eso es mu­chí­si­mo. Yo veo a mu­chas per­so­nas que cuan­do ter­mi­nan su pre­pa­ra­ción y tie­nen que de­ci­dir real­men­te qué van a ha­cer con su vi­da, es un mo­men­to muy di­fí­cil. De eso me he li­bra­do, pe­ro de to­do lo de­más no.

—Pe­ro a ti el no ha­ber si­do ma­dre no te ge­ne­ra ma­yor in­quie­tud a día de hoy. —A día de hoy no. Es­to es cí­cli­co. Un día no te in­tere­sa na­da y de re­pen­te te vas ha­cien­do más ma­yor y a plan­teár­te­lo mu­cho más en se­rio. Hay ahí unos años en los que ob­via­men­te pue­des te­ner hi­jos en cual­quier mo­men­to, pe­ro cuan­do te ha­ces un po­qui­to ma­yor tie­nes que plan­teár­te­lo muy en se­rio. Pe­ro de mo­men­to, aho­ra mis­mo, no me ge­ne­ra nin­gún ti­po de in­quie­tud. Es­toy bien con mi de­ci­sión.

—En es­te tiem­po te rein­ven­tas­te mu­chas ve­ces, in­clu­so co­mo you­tu­ber en­se­ñan­do tru­cos de be­lle­za, aun­que ha­ce tiem­po que no subes ví­deos. ¿Por qué te dio por ahí? —Ten­go mu­chas ga­nas de ac­tua­li­zar el ca­nal de You­Tu­be, por­que aun­que no me veíais en el cine o en la te­le, pa­ra mí era una for­ma de se­guir vin­cu­la­da a mi tra­ba­jo. Y he tra­ba­ja­do con gen­te, de ver­dad, alu­ci­nan­te. Di­rec­to­res de ilu­mi­na­ción, de fo­to­gra­fía, ma­qui­lla­do­res y pe­lu­que­ros fan­tás­ti­cos. Y ese ca­nal me ha per­mi­ti­do desa­rro­llar to­do eso y en­se­ñar to­dos esos tru­qui­llos que yo ha­bía apren­di­do de ellos a la gen­te de for­ma gra­tui­ta. Ca­da ví­deo po­día mon­tar­lo, di­ri­gir­lo, ilu­mi­nar­lo... Así que es al­go que quie­ro re­to­mar en cuan­to pue­da.

—En Má­la­ga se te ri­fa­ban. Se no­ta que es tu tie­rra... —A mí Má­la­ga me en­can­ta, y el Fes­ti­val de Má­la­ga me apa­sio­na por tan­tas co­sas que sig­ni­fi­ca tan­to pa­ra mí co­mo pa­ra el cine. Má­la­ga mar­có un an­tes y un des­pués en al­gu­nos te­mas co­mo las fe­chas de es­treno. Na­die que­ría es­tre­nar en ve­rano y de re­pen­te, des­pués del Fes­ti­val de Má­la­ga, em­pe­za­ron a es­tre­nar­se co­me­dias que se ha­bían pre­sen­ta­do allí, y aho­ra es una fe­cha muy bue­na tam­bién.

—¿Te ves ter­mi­nan­do allí, te vi­sua­li­zas en un fu­tu­ro? —To­tal­men­te, yo sí, me veo allí por­que ten­go las ami­gas de la in­fan­cia, esas con las que pa­sé to­dos es­tos pro­ble­mas de ha­cer­se ma­yor, es­tá mi fa­mi­lia... Ca­da uno ti­ra a la tie­rra que te ha re­co­gi­do o que te ha vis­to cre­cer. Ade­más no es lo mis­mo afron­tar los pro­ble­mas des­de Madrid que des­de el mar.

—Tam­bién vas a es­tre­nar «Sa­bue­sos».

—Sí, es una se­rie muy fa­mi­liar que fun­cio­na muy bien con los ni­ños. Es­pe­ra­mos que la es­tre­nen a fi­na­les de pri­ma­ve­ra o a prin­ci­pios de ve­rano, cuan­do ellos ya no ten­gan que le­van­tar­se tan tem­prano pa­ra ir al co­le y pue­dan dis­fru­tar­la.

—El pro­ta­go­nis­ta es un pe­rro que ha­bla.

—Sí, Sal­va Rei­na y yo so­mos los pro­ta­go­nis­tas, y más ac­to­res cla­ro, pe­ro prin­ci­pal­men­te es­ta­mos no­so­tros dos con el pe­rro y la fa­mi­lia. Pe­ro el pe­rro tra­ba­ja más que yo, que sa­le tam­bién en Ha­cer­se ma­yor y

otros pro­ble­mas.

—O sea, que es un pe­rro ac­tor de ver­dad. —Es el hi­jo del fa­mo­so Pan­cho, del anun­cio de la Lo­te­ría. Es una ver­da­de­ra sa­ga ci­ne­ma­to­grá­fi­ca, ja, ja.

—Há­bla­me de «Bo­que­rón». —Es mi gran amor, mi com­pa­ñe­ro de via­je, mi ami­go del al­ma, mi pe­rro ma­ra­vi­llo­so. Es una par­te fun­da­men­tal e im­por­tan­tí­si­ma. Eso lo en­tien­den las per­so­nas que tie­nen ani­ma­les, los que los aman. En el víncu­lo que se crea cuan­do vives so­la con un ani­mal te das cuen­ta de que de ver­dad es uno más de la fa­mi­lia.

—Has ido es­pa­cian­do el tra­ba­jo úl­ti­ma­men­te. ¿Qué ha­ces en esos tiem­pos que que­dan en­tre pro­yec­tos? —Yo si­go pre­si­dien­do la Fun­da­ción An­to­nio Ga­des, hay un equi­po muy só­li­do. Es un tra­ba­jo muy du­ro y muy se­rio, y pa­ra mí es muy, muy im­por­tan­te. Por­que en es­te país en­se­gui­da se ol­vi­dan las co­sas. Hay mu­cha po­si­bi­li­dad de apren­der téc­ni­ca en cual­quier ám­bi­to, pe­ro de re­pen­te per­de­mos a los maes­tros. Yo ten­go un le­ga­do en mi mano que no me per­te­ne­ce a mí, per­te­ne­ce a to­do el mun­do. Pa­ra mí eso es me­mo­ria his­tó­ri­ca, guar­dar to­do lo que es co­reo­grá­fi­ca­men­te... ten­go has­ta la crea­ción del pri­mer Ba­llet Na­cio­nal de Es­pa­ña, ma­nus­cri­tos de có­mo se ges­tó. Eso hay que cui­dar­lo y hay que dar­le la po­si­bi­li­dad a la gen­te de que pue­da

ver­lo y que esos bai­la­ri­nes que em­pie­zan pue­dan re­cu­rrir a los maes­tros de an­tes y te­ner acceso a ellos pa­ra apren­der.

—Tu me­mo­ria tam­bién tie­ne su pro­pio le­ga­do. Tu ca­sa era un es­pec­tácu­lo... Viste a Aute com­po­nien­do con tu pa­dre y a Cris­ti­na Ho­yos bailando en el sa­lón. —Sí, y cuan­do eres pe­que­ño no te das cuen­ta, te pa­re­ce que esas son co­sas nor­ma­les. Tú de pe­que­ño ves vo­lar a una va­ca y crees que las va­cas vue­lan, por­que es­tás apren­dien­do qué es la vi­da y no le das tan­to va­lor. Lue­go, cuan­do cre­cí y so­bre to­do em­pe­cé a desa­rro­llar­me en es­te me­dio y en mi pro­fe­sión, em­pe­cé a ser cons­cien­te de lo que ha­bía po­di­do ver y vi­vir, has­ta qué pun­to me ha con­di­cio­na­do. Aho­ra es cuan­do real­men­te le doy a las co­sas la im­por­tan­cia y el va­lor que tie­nen.

—¿Y has­ta qué pun­to te ha con­di­cio­na­do ser hi­ja de tu ma­dre? —Pues mi­ra, co­mo mu­jer pa­ra bien. Más que con­di­cio­nar­me, me ha da­do la fuer­za y la for­ta­le­za pa­ra ser una gue­rre­ra en la vi­da. A ve­ces pue­des sen­tir­te una prin­ce­sa, pe­ro real­men­te soy una gue­rre­ra. Y eso lo he apren­di­do de ella, que es pa­ra mí la lec­ción más im­por­tan­te y lo que me ha ayu­da­do a de­fen­der­me en to­dos los ám­bi­tos. Pro­fe­sio­nal­men­te, qui­zás al prin­ci­pio pa­ra mí fue más com­pli­ca­do que pa­ra otras com­pa­ñe­ras por­que ha­bía un pre­juz­gar que otras per­so­nas no su­frían... era co­mo un es­pe­rar a que me­tie­ra la pa­ta.

—Cuén­ta­me ese víncu­lo tan gran­de con Pa­blo Al­bo­rán... ¡Os unió Plá­ci­do Do­min­go y sois in­se­pa­ra­bles! —Sí, nos co­no­ci­mos, nos re­co­no­ci­mos y no nos se­pa­ra­mos más. Es una per­so­na muy im­por­tan­te en mi vi­da, un ami­go de esos pa­ra siem­pre.

—A pe­sar de la di­fe­ren­cia de edad. —Sí, no nos lo he­mos ni plan­tea­do. Son amis­ta­des sa­nas de esas que de re­pen­te te re­ga­la la vi­da y lle­gó en un mo­men­to en el que yo pen­sa­ba que ya ni te­nía tiem­po pa­ra cui­dar a las que ya te­nía, que son las de ver­dad, y apa­re­ció co­mo un re­ga­lo, una sor­pre­sa y un apo­yo muy gran­de.

—Al­gu­na vez cri­ti­cas­te que las ac­tri­ces a de­ter­mi­na­da edad em­pe­záis a tra­ba­jar me­nos. —No lo cri­ti­qué, pe­ro sí lo pen­sé. Más que cri­ti­car­lo me da­ba pe­na que es­to ocu­rrie­ra, por­que en pleno apo­geo de la ju­ven­tud no te das cuen­ta, pe­ro lue­go em­pie­zas a ver que cum­ples años y que la co­sa es­tá com­pli­ca­da. Aun­que creo que es­tá ha­bien­do un mo­vi­mien­to ge­ne­ra­li­za­do, no so­lo fe­mi­nis­ta en el sen­ti­do de la igual­dad, sino tam­bién de acep­ta­ción, que a mí me gus­ta mu­cho, por­que ca­da vez es­toy vien­do a más mujeres en el cine. Es­te año he­mos vis­to el Go­ya de Nat­ha­lie Po­za, es­ta­mos vien­do a Ma­ri­bel, a Be­lén... La so­cie­dad tam­bién cre­ce, y la gen­te de más de 40 años tam­bién quie­re sus his­to­rias y so­mos un por­cen­ta­je ca­da vez más gran­de.

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