Ma­ga­li

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - RESPONDE -

es un au­tén­ti­co chu­te de ener­gía. A ra­tos en­tre­vis­ta­da y a ra­tos en­tre­vis­ta­do­ra, se em­pe­ña en con­ven­cer a to­do el que ha­bla con ella de que lle­va un run­ner den­tro. Y lo con­si­gue. Su­yo es el mé­ri­to de que Pe­dro Gar­cía Agua­do se re­con­ci­lia­se con el de­por­te, o de que el es­cri­tor Jo­sef Ajram sa­lie­se de una de sus se­sio­nes ha­cien­do una ad­ver­ten­cia: «Tu­ve agu­je­tas has­ta en el al­ma». «Du­ra soy, es ver­dad», re­co­no­ce la en­tre­na­do­ra de la aca­de­mia de OT. Po­si­ti­va has­ta la mé­du­la, sin que­rer nos rin­de ho­me­na­je en su pul­gar con un ta­tua­je: YES.

—Tu li­bro es pu­ra mo­ti­va­ción. —¿Sí? ¡Qué bien! ¿Tú ha­ces de­por­te?

—Es­toy en ello. Pe­ro eso de ha­cer­se run­ner en so­lo diez días, ¿es po­si­ble? —Sí. De he­cho en el li­bro tie­nes ob­je­ti­vos pe­que­ños, de un ki­ló­me­tro, dos, tres, cua­tro y cin­co co­mo má­xi­mo, que no quie­re de­cir que va­yas a co­rrer eso, por­que vas a co­rrer me­nos. Yo no obli­go a la gen­te a co­rrer a un rit­mo in­di­ca­do, so­la­men­te es una ma­ne­ra de em­pe­zar a co­rrer lle­van­do muy po­cos ki­ló­me­tros y aña­dien­do un po­qui­to el tra­ba­jo de fuer­za. In­ten­to co­nec­tar con la per­so­na, con esa sen­sa­ción que he­mos te­ni­do to­dos del pla­cer de po­der co­rrer y que he­mos ol­vi­da­do.

—Si pre­gun­tas a la gen­te si le gus­ta co­rrer, mu­cha te di­rá que no. —Sí, mu­chos di­cen: «A mí no me gus­ta co­rrer y nun­ca me ha gus­ta­do». Pe­ro la reali­dad es que si te di­go: si tú cie­rras los ojos dos se­gun­dos y te acuer­das de cuan­do eras muy pe­que­ña, esa sen­sa­ción que te­nías cuan­do es­ta­bas ju­gan­do y co­rrien­do, yen­do a bus­car a un ami­go o ju­gan­do con un ami­go in­ten­tan­do co­ger­le o que él te co­ja... Esa sen­sa­ción que tu­vi­mos to­dos era de pla­cer, de ser fe­li­ces co­rrien­do, por­que no ha­bía me­ta, no era co­rrer pa­ra es­tar en for­ma ni pa­ra ha­cer de­ter­mi­na­dos ki­ló­me­tros. Era pa­ra ju­gar, era muy na­tu­ral. Yo in­ten­to co­nec­tar con es­tas sen­sa­cio­nes bue­nas que te­ne­mos den­tro pa­ra no em­pe­zar a co­rrer en­fa­da­dos.

—¿Así que to­dos lle­va­mos un run­ner den­tro, aun­que no lo se­pa­mos? —Sí, to­dos lle­va­mos uno. Pa­ra mí el co­rrer es un po­qui­to la ba­se fun­da­men­tal del ser hu­mano. En reali­dad no nos da­mos cuen­ta, pe­ro po­de­mos co­rrer por mu­chas ra­zo­nes. Si tie­nes ni­ños, si te que­da un ami­go un po­qui­to le­jos y le quieres sor­pren­der y vas co­rrien­do... ese mo­men­to no lo vi­ves más. Son mo­men­tos que, al con­tra­rio, son de pla­cer. Pe­ro si co­rres pa­ra ir a bus­car el bus, ya no es tan pla­cen­te­ro.

—Vis­to así... —¿Tú co­rres?

—No, nun­ca he co­rri­do. —Pues si vas a mi li­bro, ves los ob­je­ti­vos se­gún pa­ra qué per­so­na sean. El pri­mer ob­je­ti­vo es de un ki­ló­me­tro, pa­ra el que nun­ca ha co­rri­do. El ob­je­ti­vo 2 es pa­ra el que ha­ce mu­cho que no co­rre. El 3 pa­ra el que co­rre de vez en cuan­do, y así su­ce­si­va­men­te. Pe­ro si a ti te di­go un ki­ló­me­tro di­rás: «Bueno, eso lo pue­do ha­cer». Y si ade­más yo te di­go que no lo vas a co­rrer se­gui­do, aún es más fá­cil. En to­tal vas a co­rrer seis mi­nu­tos, pe­ro no se­rán seis mi­nu­tos de gol­pe. Co­rre­rás dos mi­nu­tos tres ve­ces, y ca­da dos mi­nu­tos te en­cuen­tras un ban­co y ha­ces un ejer­ci­cio del que ha­ces diez re­pe­ti­cio­nes. Y es­to te va a lle­var qué, ¿diez mi­nu­tos en­tre­nan­do? No creo que el ob­je­ti­vo sea tan­to co­mo pa­ra que tú me di­gas: «No voy a ser ca­paz de ha­cer­lo». Y si tú sien­tes que no lo pue­des ha­cer, pues an­da rá­pi­do, no pa­sa na­da, que al­gún día co­rre­rás.

—Va­mos, que me de­jas sin ex­cu­sas. ¿En tu vo­ca­bu­la­rio no exis­te el «no ten­go tiem­po»? —Exac­ta­men­te, el «no ten­go tiem­po» es una de las ex­cu­sas más gran­des a día de hoy. Por­que di­me que no tie­nes diez mi­nu­tos pa­ra de­di­car­te a ti al día, que des­pués te que­dan 23 ho­ras y 50 mi­nu­tos, que es un mon­tón pa­ra ha­cer mu­chas co­sas. Yo creo que el ob­je­ti­vo a ni­vel de tiem­po, de en­treno, no es sa­cri­fi­ca­do. Y qui­zás has­ta en esos diez días te van a sa­ber muy po­co los diez mi­nu­tos y vas a que­rer más, vas a re­pe­tir. Si si­gues, po­drás ha­cer el mis­mo ob­je­ti­vo más rá­pi­do o in­ten­tar ha­cer el si­guien­te, de dos ki­ló­me­tros. No hay fin.

—¿No exis­te el lí­mi­te con uno mis­mo? —No exis­te el lí­mi­te, pe­ro yo creo que hay que te­ner ob­je­ti­vos al­can­za­bles, so­bre to­do al prin­ci­pio, por­que cuan­to más al­tos pon­gas los ob­je­ti­vos, más di­fí­cil se­rá lo­grar­los. Al fi­nal tam­bién es­ta­mos es­tre­sa­dos y

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