Mó­vi­les re­te­ni­dos en los co­les

La Voz de Galicia (Carballo) - - OPINIÓN -

ella sigue con sus ami­gas y ni ca­so a lo que su­ce­de a su al­re­de­dor. El pro­ble­ma es la me­di­da, no la he­rra­mien­ta. Un cu­chi­llo sir­ve pa­ra cor­tar un ja­món de­li­cio­so, pe­ro tam­bién pa­ra cor­tar el cue­llo de al­guien. El uso y, so­bre to­do, el abu­so es la cla­ve de es­ta ca­te­dral tec­no­ló­gi­ca del co­no­ci­mien­to que es un mó­vil, ca­paz de lo me­jor y de lo peor, se­gún pa­ra qué lo em­plee­mos. El mun­do es di­ver­so y el mó­vil lo acer­ca y lo ace­le­ra a gus­to o dis­gus­to del con­su­mi­dor.

Tan di­ver­so que aho­ra que apa­re­cen es­tas ta­qui­llas o ban­de­jas pa­ra los mó­vi­les en los co­le­gios re­cuer­do lo mu­cho que me sor­pren­dió en Cen­troa­mé­ri­ca ver có­mo en la en­tra­da de una dis­co­te­ca no de­ja­bas, co­mo aquí una pren­da de ro­pa. Lo que re­co­gían y te da­ban un nú­me­ro pa­ra que la re­cu­pe­ra­ses al sa­lir eran ¡pis­to­las! Ar­mas de to­do ti­po pa­ra que na­die vo­la­se el plo­mo den­tro. Vo­lar el plo­mo era la ex­pre­sión lo­cal de dis­pa­rar. Su­ce­día que los ti­ro­teos eran en el apar­ca­mien­to. Aho­ra los mó­vi­les, vi­cio­sos, pe­ro re­la­ti­va­men­te más pa­cí­fi­cos, se dis­pa­ran al sa­lir. Fí­jen­se co­mo los cha­va­les los pi­llan cuan­do se los de­vuel­ven, ávi­dos, co­mo adic­tos, y no pa­ran de te­clear en ellos co­mo si se hu­bie­sen per­di­do du­ran­te las cla­ses los úl­ti­mos des­cu­bri­mien­tos de la Tie­rra.

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