La ve­ci­na de O Gro­ve que re­ci­bió dos dis­pa­ros de su ex­ma­ri­do re­ci­be el al­ta

La lo­ca­li­dad cla­ma con­tra la vio­len­cia ma­chis­ta en una mul­ti­tu­di­na­ria con­cen­tra­ción a las puer­tas del Con­ce­llo

La Voz de Galicia (Carballo) - - GALICIA - BEA COSTA

La bue­na no­ti­cia la dio ayer al me­dio­día la con­ce­ja­la de Igual­da­de de O Gro­ve, Noe­mí Ou­te­da. Eva A. F., la mu­jer a la que su ex­ma­ri­do hi­rió el pa­sa­do miér­co­les de dos dis­pa­ros re­ci­bió ayer el al­ta mé­di­ca. Sor­pren­de su rá­pi­da re­cu­pe­ra­ción ha­bi­da cuen­ta que re­ci­bió dos ti­ros en la ca­be­za. Uno le atra­ve­só el pó­mu­lo. Otro le de­jó una ba­la alo­ja­da en el cue­llo que le fue ex­traí­da el jue­ves en el Hos­pi­tal de Mon­te­ce­lo (Pon­te­ve­dra).

Den­tro de la tra­ge­dia que vi­vió es­ta ve­ci­na de O Gro­ve pe­ro na­tu­ral de Ou­ren­se, fue el me­jor desen­la­ce que se po­día es­pe­rar. «É un fi­nal fe­liz, por­que ela es­tá vi­va», in­di­có la con­ce­ja­la. Eva afron­ta aho­ra la ta­rea de re­cu­pe­rar­se fí­si­ca y psi­co­ló­gi­ca­men­te del dra­má­ti­co su­ce­so del que fue pro­ta­go­nis­ta in­vo­lun­ta­ria es­ta semana. Lo que no tras­cen­dió es si ha vuel­to a O Gro­ve o ha bus­ca­do am­pa­ro en otro lu­gar don­de pue­da pa­sar más des­aper­ci­bi­da. Des­de el Cen­tro de In­for­ma­ción á Mu­ller (CIM) de O Gro­ve pe­dían ayer que se res- pe­ta­se la in­ti­mi­dad de la mu­jer y de su fa­mi­lia —Eva tie­ne una hi­ja de 15 años— en unos mo­men­tos tan di­fí­ci­les co­mo es­tos.

En cuan­to a su ex­ma­ri­do, Jo­sé A.P.F., de 59 años de edad, per­ma­ne­ce in­gre­sa­do en el Hos­pi­tal Ál­va­ro Cun­quei­ro, de Vigo, cus­to­dia­do por la Guar­dia Ci­vil. El miér­co­les, tras agre­dir a su ex­pa­re­ja, se pe­gó dos ti­ros en la ca­be­za en un cla­ro in­ten­to por qui­tar­se la vi­da. No lo lo­gró. Ese mis­mo día fue ope­ra­do de ur­gen­cia para re­ti­rar­le los pro­yec­ti­les de la ca­be­za y que­dó in­gre­sa­do en la uci, en­tu­ba­do y se­da­do.

De él na­da se ha­bló en la con­cen­tra­ción que se ce­le­bró ayer al me­dio­día en O Gro­ve para con­de­nar es­te nue­vo ca­so de vio­len­cia ma­chis­ta. Lo que le preo­cu­pa­ba a la gen­te era el es­ta­do de Eva y cla­mar, una vez más, por­que es­te ti­po de si­tua­cio­nes no vuel­van a re­pe­tir­se.

«Que­ré­mo­las vi­vas»

«Que­ré­mo­las vi­vas e que­ré­mo­las vi­si­bles». Esa fue una de las pro­cla­mas que se es­cu­cha­ron en O Corgo. Llo­vía, pe­ro eso no im­pi­dió que la pla­za se lle­na­se para se­cun­dar la con­vo­ca­to­ria rea­li­za­da des­de el Con­ce­llo. Ba­jo los pa­ra­guas in­ter­vi­nie­ron el al­cal­de, Jo­sé An­to­nio Cacabelos, y la con­ce­ja­la de Igual­da­de, Noe­mí Ou­te­da, en am­bos ca­sos para so­li­ci­tar a los po­de­res pú­bli­cos, el le­gis­la­ti­vo, el eje­cu­ti­vo y el ju­di­cial, «que cam­bien a olla­da» so­bre lo que re­pre­sen­ta la vio­len­cia ma­chis­ta.

MÓ­NI­CA IRAGO

O Gro­ve aco­gió ayer una con­cen­tra­ción con­tra la vio­len­cia ma­chis­ta.

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