Pre­fie­ro la iro­nía y la me­tá­fo­ra al in­sul­to fá­cil

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA . EN PORTADA -

dis­co me arries­gué mu­cho. So­bre to­do de ca­ra a mis fans más ra­di­ca­les.

—¿Por qué el ro­man­ti­cis­mo es­tá tan mal vis­to en el rap?¿Los ra­pe­ros no se enamo­ran?

—Yo es­toy enamo­ra­do. Pe­ro es cier­to que lle­vo 20 años es­cu­chan­do rap y ape­nas he oí­do can­cio­nes de amor. Su­pon­go que tie­ne que ver con ese cier­to ma­chis­mo que ha ha­bi­do tra­di­cio­nal­men­te y con esa ima­gen de ti­pos du­ros que se tra­ta de dar. Yo con El círcu­lo que­ría rom­per cli­chés y pre­jui­cios y, so­bre to­do, ser sin­ce­ro. Así que no me ha im­por­ta­do ha­blar de amor.

—Pu­bli­car «El círcu­lo» tu­vo mu­cho de te­ra­pia. ¿Ha fun­cio­na­do?

—Sí, soy mu­cho más fe­liz que an­tes de ha­cer el dis­co y que mien­tras lo ha­cía. No ten­go ra­zo­nes pa­ra de­jar pa­sar a los ma­los pen­sa­mien­tos. Me atre­ve­ría a de­cir in­clu­so que soy otra per­so­na.

—En «Ba­su­re­ta» te abres en ca­nal y cuen­tas to­do eso. ¿En al­gún mo­men­to has sen­ti­do pu­dor o ver­güen­za de ha­ber es­cri­to esa can­ción?

—No, no me arre­pien­to. Esa can­ción pa­ra mí es li­be­ra­do­ra y cu­ra­ti­va. Pue­do arre­pen­tir­me de ha­ber di­cho en otras oca­sio­nes al­gu­na fra­se sin sen­tir­lo al cien por cien. Pe­ro de con­fe­sar­me y de ex­pre­sar mis sen­ti­mien­tos no me aver­güen­zo. Es más, me hu­ma­ni­za.

—¿La can­tas en di­rec­to?

—En mis con­cier­tos en sa­las, sí. En un fes­ti­val no me voy a po­ner a con­tar­les mis dra­mas a la gen­te que es­tá ahí con los li­tros y ga­nas de pa­sár­se­lo bien.

—¿De ver­dad ha­ces aho­ra lo que te «sa­le de los hue­vos», co­mo di­ces en la in­tro de «El círcu­lo»?

—Es que Ka­se. O ya es ma­yor. Soy co­mo esos abue­los que no tie­nen pe­los en la len­gua. Y sí, des­de que he sa­ca­do es­te dis­co me la su­da bas­tan­te lo que di­ga la gen­te. Era un do­ble o na­da y he ga­na­do.

—Sin em­bar­go se­me­jan que no es­tán los tiem­pos pa­ra se­gún qué li­ber­ta­des.

—Yo in­ten­to siem­pre cui­dar las for­mas. Pue­des ha­cer to­do ti­po de crí­ti­cas sin fal­tar al res­pe­to ni ha­cer apología del odio ni de la vio­len­cia. Yo sé lo que es ser visceral y en­tien­do a to­dos esos ra­pe­ros que di­cen bru­ta­li­da­des. To­dos las he­mos di­cho en al­gún mo­men­to. Pe­ro hoy pre­fie­ro la me­tá­fo­ra y la iro­nía al in­sul­to fá­cil. Tam­bién es cier­to que cuan­do lo que ha­ces son ma­que­tas y te oyen los co­le­gas tie­nes más li­ber­tad en ese sen­ti­do. A mi ni­vel, que ya me tie­nen el ojo pues­to los so­ció­lo­gos del Es­ta­do, es más de­li­ca­do. Yo que soy cons­pi­ra­noi­co a ve­ces ten­go pa­ra­noias con eso... Es que esa gen­te es muy gáns­ter.

—¿No hay glo­ria pa­ra los pru­den­tes?

—Eso es ley de vi­da. Co­mo di­go en una can­ción, el ma­yor ries­go es no arries­gar.

—Atrás que­da­ron los tiem­pos del ego­trip. ¿Hoy te sien­tes vul­ne­ra­ble?

—No. De he­cho ca­si to­das las can­cio­nes que he he­cho des­pués de El círcu­lo son pu­ra chu­le­ría. El ego­trip es muy di­ver­ti­do. Y más si eres Ka­se.O, que pue­de echar unas va­ci­la­das muy gua­pas.

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