Yo me pongo cue­llo al­to, me ta­po las manos y no en­se­ño las ro­di­llas

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - EN POR­TA­DA . ENTREVISTA -

Vázquez, Sa­cris­tán...

—To­da­vía tie­nes pen­dien­te tra­ba­jar con Nú­ria Es­pert.

—¡Ay, sí, por Dios! Lo que yo da­ría... Yo siem­pre me pongo me­tas, y me­tas gran­des. Ma­ri Ca­rri­llo, mi maes­tra, has­ta que yo no tra­ba­jé con Ma­ri Ca­rri­llo... pues aho­ra me que­da Nú­ria Es­pert. Có­mo me gustaría, pe­ro no sé si voy a lle­gar o voy a po­der, por­que es­ta mu­jer es­tá to­do el día tra­ba­jan­do y ha­cien­do per­so­na­jes ma­ra­vi­llo­sos.

—Sois las gran­des da­mas del tea­tro.

—Hay otras es­tu­pen­das. Lo­la Herrera, que es­tá ha­cien­do Cin­co ho­ras con Ma­rio con una pier­na ro­ta y la gen­te no sa­be lo que su­fre, lo que su­fre an­tes de sa­lir a es­ce­na, por­que en es­ce­na no le pue­des de­cir al es­pec­ta­dor qué ma­li­ta es­toy. Por eso yo es­ta­ba aho­ra en Bil­bao con es­te ca­ta­rro tre­men­do y no que­ría que se me ca­ye­ran los mo­cos, por­que un fantasma no pue­de to­ser.

—¿Has he­cho to­do lo que has que­ri­do?

—En el tea­tro me han fal­ta­do por ha­cer mu­chas co­sas, pe­ro es que to­das las obras que he he­cho, afor­tu­na­da­men­te, y per­do­na la va­ni­dad, han es­ta­do ca­si tres años en car­tel...

—Nun­ca te ha fal­ta­do tra­ba­jo, ¿te has sen­ti­do pri­vi­le­gia­da?

—Pri­vi­le­gia­da no, eh, lo que yo soy es una vo­ca­cio­nal. Yo tra­ba­jo des­de que te­nía 10 años. Te voy a con­tar una co­sa que me pa­só con el mi­nis­tro de Ha­cien­da, con Mon­to­ro. Una vez me lo pre­sen­ta­ron, se acer­có a mí —yo de­cía: ‘Es­to se­rá una cá­ma­ra ocul­ta’— y me di­ce: ‘Yo soy co­mo us­ted, yo soy vo­ca­cio­nal, yo quie­ro ser mi­nis­tro de Ha­cien­da por vo­ca­ción’. (Ri­sas). Pri­me­ro fui bai­la­ri­na...

—Y de­bu­tas­te en A Co­ru­ña...

—No exac­ta­men­te, ahí hi­ce una obra es­tu­pen­da que era Ri­go­let­to en la que ha­bía un ba­llet ma­ra­vi­llo­so, yo de­bu­té ha­cien­do los ne­gri­tos de Aí­da. Po­nen lo de A Co­ru­ña pe­ro no, se co­no­ce que al­guien se fi­ja­ría en mí por­que te­nía unas pier­nas es­tu­pen­das.

—¿Y có­mo ca­si 65 años des­pués se pue­de con­ser­var la mis­ma ilu­sión?

—Ami­ga mía, eso de­cía Al­fre­do Lan­da, por­que tra­ba­ja­mos con ilu­sión en ca­da tra­ba­jo. Aun­que di­ce Se­rrat que pa­ra tra­ba­jo el de la mina, el tra­ba­jo es sa­cri­fi­cio, enor­me. Hay que ir to­dos los días, dos ho­ras an­tes, en­sa­yar, no te pue­des que­dar afó­ni­co, ni te­ner ca­ta­rro, ni te pue­de dar nada... Yo es­tu­ve ha­cien­do Hé­cu­ba, y el día que es­tre­né en Mérida ya su­pe que aquel do­lor era al­go tre­men­do y pa­só un año has­ta que me lle­va­ron, me des­per­té en la uci des­pués de diez días en co­ma.

—¿Y tan­ta en­tre­ga com­pen­sa?

—A mí sí. Yo ten­go dos pa­sio­nes. Mis hi­jos, mi nieto y el tea­tro. An­tes lo com­pa­gi­na­ba muy bien por­que no es­ta­ban los pe­sa­dos del mó­vil que siem­pre quieren re­tra­tar al nieto, pe­ro aho­ra no lo pue­do lle­var al ca­me­rino. Pe­ro Manuel na­ció mien­tras en­sa­yá­ba­mos y Pa­co igual, na­ció en abril y en sep­tiem­bre es­tre­na­mos Fi­lo­me­na. Mis hi­jos se han criado en los es­ce­na­rios, des­pués del co­le­gio ve­nían a ha­cer los de­be­res al ca­me­rino.

—¿En el amor tam­bién has si­do así de in­ten­sa?

—Sí, es que una es in­ten­sa. (Ri­sas). Hay que vi­vir apa­sio­na­da­men­te. Bas­tan­te ten­go yo que ya no pue­do vi­si­tar las ciu­da­des por­que me co­no­ce la gen­te y no me de­jan an­dar por la ca­lle, pe­ro me en­can­ta la gen­te.

—¿Te sien­tes muy que­ri­da?

—Sí, mu­cho. Ab­so­lu­ta­men­te, por eso cuan­do me pi­den una fo­to no me nie­go, y cuan­do ter­mi­na la fun­ción to­do el mun­do quie­re sa­lir­se por una puer­ta, pe­ro yo es­toy to­do el ra­to que ha­ga fal­ta re­tra­tán­do­me con los que quie­ran, eso sí, que ha­yan vis­to la fun­ción, los que se apun­tan a un bom­bar­deo no. To­do el que ha vis­to la obra y me es­pe­ra a la sa­li­da, me tie­ne. Eso lo he apren­di­do de Rap­hael, de Ma­no­lo Es­co­bar...

—Es­ta se­ma­na te vi en la te­le en el ac­to de Pe­dro Sán­chez. ¿El com­pro­mi­so no se pier­de con la edad?

—No, yo creo que no se de­be per­der. A mí úl­ti­ma­men­te no me gus­ta opi­nar mu­cho de po­lí­ti­ca, pri­me­ro por­que no ten­go edad pa­ra opi­nar co­mo di­cen mis hi­jos: ‘Ma­má les to­ca a otros’, pe­ro yo qui­se ir.

—En bre­ve es­tás de cum­plea­ños, ten­go en­ten­di­do que no te gus­ta cum­plir.

—A na­die. Siem­pre me or­ga­ni­zan fies­tas, ca­si siem­pre me to­ca cum­plir en Bar­ce­lo­na, la fies­ta del año pa­sa­do fue... Me hi­cie­ron El fu­ne­ral, que em­pe­za­ron a ba­jar per­so­nas que­ri­dí­si­mas mías, en­tre ellas Bue­na­fuen­te. Es que yo siem­pre di­go que soy so­cia­lis­ta, ca­tó­li­ca, es­pa­ño­la, no nos an­de­mos con ton­te­rías, de Bue­na­fuen­te y del Real Madrid. Yo no me pier­do un mo­nó­lo­go de Bue­na­fuen­te por nada del mun­do. Más que fiel soy leal a la gen­te que me quie­re, y eso es bueno, la leal­tad an­tes de la fi­de­li­dad, por­que la fi­de­li­dad va­ya us­ted a sa­ber... ¿Qué he leí­do hoy yo? Ah, a Javier Ma­rías, ado­ro a Javier Ma­rías, le pi­do au­tó­gra­fos y no me los da, pe­ro no por eso lo voy a de­jar de leer. Sí, me pa­só tam­bién con García Már­quez, pe­ro ha­bla­ba pre­ci­sa­men­te de es­to.

—Es­tás muy jo­ven pa­ra cum­plir en bre­ve 79 años.

—Pues me que­dan dos me­ses.

—¿Tú te sien­tes ma­yor?

—Sí, y quie­ro ser ma­yor. Yo voy pin­ta­da, arre­gla­da, sin lla­mar la aten­ción por­que mis hi­jos no me de­jan. Mi­ni­fal­da no me voy a po­ner... Nun­ca me he ope­ra­do de es­té­ti­ca. Yo me pongo cue­llo al­to co­mo Dia­ne Kea­ton, me ta­po las manos y no en­se­ño las ro­di­llas.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.