Siem­pre he ju­ga­do con dos o tres ami­gos co­mo má­xi­mo

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - ENTREVISTA . TEATRO -

con otros ni­ños en la in­fan­cia?

—Sa­muel se re­ti­ra del mun­da­nal rui­do, no del mun­do, sino del rui­do en ex­ce­so que te­ne­mos mu­cho, que son los me­dios o la pu­bli­ci­dad cuan­do son agre­si­vos. Yo me he pa­sa­do to­da la in­fan­cia así, yo no he te­ni­do una in­fan­cia de es­tar con los de­más cha­va­les de mi pue­blo, que te­nían ban­das e iban de aquí pa­ra allí o ju­ga­ban al fút­bol y se iban de via­je to­dos los fi­nes de se­ma­na. Yo nun­ca he te­ni­do ese mun­do por­que no lo lle­va­ba bien, me su­pe­ra­ba, y po­co a po­co me fui re­ti­ran­do a mi mun­do. Yo me re­cuer­do de ni­ño ha­cien­do ba­rras de pan de ba­rro que me fa­bri­ca­ba yo, pa­sa­ba tar­des y tar­des, hasta que mi ma­dre se en­fa­da­ba y me de­cía que me te­nía que ir a la ca­lle. Me iba a la ca­lle, pe­ro es­ta­ba so­lo, y me vol­vía a casa y es­ta­ba otra vez a lo mío. Siem­pre he ju­ga­do con dos o con tres ami­gos co­mo má­xi­mo, pe­ro he pa­sa­do mu­cho tiem­po so­lo. Me re­co­noz­co en Sa­muel per­fec­ta­men­te.

—¿Si­gues sien­do tan so­li­ta­rio?

—Aho­ra soy más ha­bla­dor, pe­ro si­go sien­do so­li­ta­rio, Me gus­ta ha­blar mu­cho, yo creo que me lo ha da­do el ci­ne y el tea­tro, po­co a po­co he ido en­ri­que­cien­do mi léxico. Yo me sien­to tam­bién al mar­gen, si­go bus­can­do ese mo­men­to pa­ra la re­fle­xión, me gus­ta mu­cho ir a pa­sear al mon­te. La na­tu­ra­le­za te ayu­da a pen­sar, te ayu­da a ver el mun­do de otra ma­ne­ra.

—Di­ces que el tex­to se co­rres­pon­de con el mo­men­to que es­tás vi­vien­do, que te lle­gó en el mo­men­to per­fec­to.

—Siem­pre he te­ni­do la sen­sa­ción de que no he ele­gi­do los tex­tos, sino que los tex­tos me eli­gen a mí. Cuan­do mu­rió mi ma­dre de cán­cer hi­ce La va­ca so­bre el te­ja­do de zinc. Yo te­nía mu­cho ci­ne pe­ro que­ría ha­cer la ga­ta con Ai­ta­na, y ahí nos me­ti­mos, y me di cuen­ta de que mi ma­dre se es­ta­ba mu­rien­do y la fun­ción iba so­bre eso. Tu­ve esa re­fle­xión, y es­ta ha lle­ga­do en un mo­men­to en el que me es­toy yen­do del ci­ne y del mun­do del au­dio­vi­sual. Del ci­ne no se pue­de uno ir por­que yo creo que el ci­ne se ha ido, en­ton­ces tú te has ido con él. Aho­ra hay te­le, pe­ro eso no tie­ne na­da que ver con el ci­ne, por lo me­nos con la pe­lí­cu­la es­pa­ño­la me­dia que se ha­cía an­tes. No quie­ro tra­ba­jar tan­to, no quie­ro me­ter­me en esa lo­cu­ra, en esa vo­rá­gi­ne, quie­ro ir sol­tan­do ama­rras pa­ra ca­da vez te­ner más dis­tan­cia con la cos­ta y na­ve­gar ca­da vez más so­lo.

—Pri­me­ro te re­ti­ras­te del ci­ne, y ¿aho­ra tam­bién de­jas los es­ce­na­rios?

—Po­co a po­co sí, me va a cos­tar más por­que rom­per ese víncu­lo es muy do­lo­ro­so, lo del ci­ne lo he su­pe­ra­do gra­cias a que te­nía el tea­tro, pe­ro el día que ya suel­te de to­do ve­re­mos a ver qué va a pa­sar. Mi idea es no en­trar en una pro­duc­ción de­trás de otra.

—¿Es­tás de­silu­sio­na­do?

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