Ha­llan en Be­tan­zos el ca­dá­ver mo­mi­fi­ca­do de un hom­bre que fa­lle­ció ha­ce tres me­ses

Lle­va­ba muer­to en­tre tres y cua­tro me­ses y lo echó en fal­ta su ca­se­ro, por­que no fue a pa­gar­le el al­qui­ler

La Voz de Galicia (Deza) - - Portada - EMI­LI­ANO MOUZO

Una nue­va muer­te de una per­so­na de la ter­ce­ra edad en so­le­dad en Ga­li­cia. En es­ta oca­sión ocu­rrió en Be­tan­zos y las fuen­tes pró­xi­mas a la in­ves­ti­ga­ción creen que se pro­du­jo en los úl­ti­mos tres o cua­tro me­ses. Des­car­tan, en un prin­ci­pio, cual­quier ac­to de vio­len­cia. El cuer­po se des­cu­brió el pa­sa­do miércoles.

El fa­lle­ci­do es Ma­nuel Mon­te­ro R., de 70 años y natural de Be­tan­zos. Re­si­día en un pi­so de al­qui­ler. Es un ba­jo de la plaza Paio For­mo­so, fren­te al río. El hom­bre «es­ta­ba di­vor­cia­do y te­nía al me­nos cin­co hi­jos, pe­ro no man­te­nía re­la­ción con ellos», con­tó Jo­se­fa, la due­ña del bar A Tu Ve­ra. Se­gu­ra­men­te fue la úl­ti­ma per­so­na que lo vio con vi­da. «Ve­nía to­dos los días a to­mar el vino a mi ne­go­cio y ha­cía más de tres me­ses que no nos vi­si­ta­ba», di­jo.

En el edi­fi­cio tam­bién vi­ven

otras per­so­nas. «Na­da ra­ro no­ta­mos, ni tan si­quie­ra el mal olor», di­jo un re­si­den­te. «Lo úni­co es que no veía­mos al se­ñor Mon­te­ro», con­tó otro ve­cino.

La vio­len­cia, des­car­ta­da

La víc­ti­ma so­lía pa­gar su al­qui­ler ca­da tres me­ses en la agen­cia. El tiem­po fue pa­san­do y Ma­nuel no apa­re­cía. Al ti­tu­lar del pi­so le pa­re­ció ra­ro por­que era buen pa­ga­dor. De­jó pa­sar unos días y se acer­có a la ca­sa. Na­die con­tes­ta­ba. El miércoles lla­mó a la Po­li­cía Lo­cal de Be­tan­zos.

Con una or­den ju­di­cial, el due­ño del pi­so pu­do abrir la vi­vien­da. En­tra­ron los agen­tes del 092 y en la ins­pec­ción de la ca­sa en­con­tra­ron a Ma­nuel Mon­te­ro en su ca­ma, pe­ro ya en un es­ta­do de mo­mi­fi­ca­ción, in­di­ca­ron fuen­tes pró­xi­mas a la in­ves­ti­ga­ción.

Los miem­bros de la Po­li­cía Lo­cal pu­sie­ron los he­chos en co­no­ci­mien­to de la Guar­dia Ci­vil. Agen­tes de la uni­dad Cien­tí­fi­ca y Ju­di­cial se acer­ca­ron de in­me­dia­to al lu­gar. Tam­bién lo hi­cie­ron los mé­di­cos del 061, que cer­ti­fi­ca­ron la muer­te.

Los in­ves­ti­ga­do­res es­tán a la es­pe­ra del re­sul­ta­do de la au­top­sia pa­ra de­ter­mi­nar las cau­sas de la muer­te de Ma­nuel, pe­ro to­do apun­ta a que fue una muer­te natural.

So­bre por qué el cuer­po es­ta­ba mo­mi­fi­ca­do y no des­pren­día olor, los in­ves­ti­ga­do­res con­si­de­ran que pu­do ser por el fun­cio­na­mien­to de la ca­le­fac­ción. Al pa­re­cer, el hom­bre la te­nía en­cen­di­da y el ca­lor «fue el que man­tu­vo ca­si in­co­rrup­to el ca­dá­ver al ab­sor­ber los lí­qui­dos, por lo que ca­si no des­pren­día olor», di­je­ron.

CÉ­SAR DELGADO

El fa­lle­ci­do vi­vía en un pi­so de la plan­ta ba­ja de es­te edi­fi­cio, jun­to al río de Be­tan­zos.

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