Una es­cue­la de sies­tas fe­li­ces y po­cos niños al la­do de Pon­te­ve­dra

Pe­se a es­tar a so­lo diez mi­nu­tos en co­che de la ur­be, le so­bran pla­zas y cie­rra por la tar­de por fal­ta de de­man­da

La Voz de Galicia (Deza) - - Galicia - MARÍA HER­MI­DA

Se su­po­ne que el cor­dón um­bi­li­cal en­tre ma­dre e hi­jo se cor­ta en el par­to. Pe­ro los pa­dres y ma­dres que de­jan por pri­me­ra vez a su re­to­ño en una es­cue­la in­fan­til son cons­cien­tes de que ese día es co­mo si se rom­pie­se otro la­zo. Da vér­ti­go esa pri­me­ra jor­na­da en la que a ve­ces llo­ra más el adul­to que el pe­que­ño. Lo da siem­pre. Pe­ro lo da un po­co me­nos cuan­do el ni­ño se que­da en un lu­gar tan pró­xi­mo que pa­re­ce su se­gun­da ca­sa. Al­go así es la es­cue­la in­fan­til de Te­no­rio, en Cer­de­do-Co­to­ba­de. To­do allí re­sul­ta fa­mi­liar, des­de la ale­gría de Bea, la di­rec­to­ra, a las fotos de los niños di­se­mi­na­das en pa­re­des pa­san­do por la com­pli­ci­dad con la que sa­lu­dan los pa­dres a las cui­da­do­ras. «Co­mo so­mos pou­cos, a re­la­ción é moi es­trei­ta coas fa­mi­lias», di­ce Bea, y sus pa­la­bras son el úni­co su­su­rro que se oye a la ho­ra de la sies­ta, en la que los pe­que­ños duer­men, a ras de sue­lo, en pe­que­ñas ca­mas azu­les y en­tre al­gu­na que otra son­ri­sa.

Bea tie­ne ra­zón. En la es­cue­la in­fan­til de Cer­de­do-Co­to­ba­de, que ella en­se­ña con el mi­mo con el que al­guien en­se­ña­ría su pro­pia ca­sa, no son mu­chos. Hay aho­ra 49 pe­que­ños, ocho cui­da­do­ras, una per­so­na de ser­vi­cios Hay 49 pe­que­ños en la es­cue­la in­fan­til de Te­no­rio, pe­ro la pre­vi­sión es que ba­jen el pró­xi­mo cur­so a 30.

ge­ne­ra­les y la co­ci­ne­ra, por­que la es­cue­la tie­ne co­me­dor. Pe­ro la pre­vi­sión, de mo­men­to, es que el pró­xi­mo cur­so la ci­fra de niños ba­je a 30. Por lo tan­to, les que­da­rían 19 va­can­tes, aun­que la Xun­ta di­ce ofi­cial­men­te que 35. Es po­si­ble que al fi­nal se aca­ben lle­nan­do si les man­dan críos que no en­tra­ron en es­cue­las in­fan­ti­les de lu­ga­res pró­xi­mos.

Y es que la de Te­no­rio es­tá en Cer­de­do-Co­to­ba­de, a diez mi­nu­tos

en co­che de Pon­te­ve­dra, una ciu­dad con una enor­me es­ca­sez de pla­zas en guar­de­rías pú­bli­cas. «Non ten moi­to sen­ti­do que non ve­ñan máis ne­nos de Pon­te­ve­dra aquí, es­ta­mos a dez mi­nu­tos e te­mos dian­te si­tio de so­bra pa­ra apar­car. Vaia, que non se tar­da en dei­xar e co­ller os ne­nos. Eu, sin­ce­ra­men­te, creo que é un pro­ble­ma de fal­ta de in­for­ma­ción de moi­tos pais, que ao me­llor non sa­ben da exis­ten­cia

des­ta Ga­li­ña Azul», ex­pli­ca la di­rec­to­ra, mien­tras ha­ce un re­co­rri­do por los nu­me­ro­sos pa­tios con cés­ped con los que cuen­ta el re­cin­to o mues­tra la bi­blio­te­ca que fue­ron mon­tan­do pa­ra los pe­que­ños. En la en­tra­da apa­re­ce Luisa, una de las cui­da­do­ras más ve­te­ra­nas. Ella re­cuer­da cuan­do se abría tam­bién por las tar­des. Se lle­gó a abrir so­lo por una ni­ña. Y al fi­nal se tu­vo que su­pri­mir ese ho­ra­rio.

R. LEIRO

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