En ade­lan­te creo que voy a ser ca­paz de acep­tar­me me­jor

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA . CONCIERTO -

—Di­ces que el cuer­po te pi­de ha­cer un dis­co muy po­lí­ti­co. ¿Qué es lo que tan­to te in­dig­na?

—La po­li­cía del pen­sa­mien­to, el ais­la­mien­to de las di­ver­sas opi­nio­nes po­lí­ti­cas, la anes­te­sia a la que es­ta­mos so­me­ti­dos y la ma­ni­pu­la­ción a la que es­ta­mos ex­pues­tos. Ya so­lo nos lle­ga la in­for­ma­ción que el lo­ga­rit­mo ha ele­gi­do pa­ra no­so­tros.

—El lo­ga­rit­mo es el gran ene­mi­go...

—Aho­ra mis­mo creo que sí. Es una he­rra­mien­ta de ra­di­ca­li­za­ción. Y el ac­tual em­po­de­ra­mien­to de la ex­tre­ma de­re­cha en Es­pa­ña me lo ra­ti­fi­ca.

—Es­ta se­ma­na un fan se ha ta­tua­do to­do su an­te­bra­zo con tu firma. ¿Asus­ta al­can­zar ese po­der o esa in­fluen­cia?

—Hom­bre, a mí me ha de­ja­do bas­tan­te abru­ma­do. Yo le ad­ver­tí que no lo hi­cie­ra, que no es­ta­ba va­lo­ran­do su yo de den­tro de unos años. Pe­ro es­ta­ba muy con­ven­ci­do... Es una de esas co­sas que te de­jan en es­ta­do de shock, sí.

—Aca­bas de pu­bli­car tu pri­me­ra no­ve­la, «El ham­bre in­vi­si­ble», de la que di­ces que es un via­je a las pro­fun­di­da­des de ti mis­mo. ¿Qué has des­cu­bier­to en ese via­je abi­sal?

—Lo más im­por­tan­te que he sa­ca­do de ese via­je es la ca­pa­ci­dad de re­la­ti­vi­zar to­do a par­tir de aho­ra, una vez que ten­go de­par­ta­men­ta­do y ela­bo­ra­do un ma­pa psí­qui­co de lo que soy. Creo que en ade­lan­te voy a ser ca­paz de acep­tar­me mu­cho me­jor. Oja­lá la lec­tu­ra de es­te li­bro ani­me a más per­so­nas a ela­bo­rar su ma­pa psí­qui­co.

—¿Qué di­fe­ren­cia hay en­tre ha­cer ese via­je en las diez can­cio­nes de un dis­co y ha­cer­lo en un li­bro?

—En el li­bro el via­je es mu­cho más so­li­ta­rio y mu­cho más an­gus­tian­te. El pro­ce­so de crea­ción del dis­co lo es­tás co­te­jan­do to­do el ra­to con el gru­po. Es­cri­bir un li­bro es co­mo ese tío que es­tá su­bien­do un ocho mil sin oxí­geno. Es­toy muy con­ten­to con el li­bro pe­ro me he pues­to mu­cho en pe­li­gro. No es una ta­rea que me gus­ta­ría asu­mir ca­da año.

—Bue­na par­te del li­bro gi­ra en torno al de­seo. ¿Qué pa­sa­rá el día que pier­das el de­seo de desear?

—Que em­pe­za­rá una épo­ca que qui­zá sea más tran­qui­la pe­ro, sin du­da, mu­cho me­nos in­tere­san­te.

—Ha­ce un par de se­ma­nas Ch­ris­ti­na Ro­sen­vin­ge me con­fe­sa­ba que no sa­bía dón­de te­nía su ju­ve­nil chis­te­ra. ¿Sa­bes tú dón­de es­tán las tu­yas?

—Yo las ten­go per­fec­ta­men­te lo­ca­li­za­das [se ríe]. Quie­ras o no, ven­drán las va­cas fla­cas y quie­ro te­ner ma­te­rial pa­ra Ebay.

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