¿Có­mo se com­por­ta tu generación?

Los «baby boo­mers», los «in­mi­gran­tes di­gi­ta­les», los «mi­llen­nials» o los «cen­ten­nials» se en­fren­tan al mun­do la­bo­ral y al gran con­su­mo de una ma­ne­ra to­tal­men­te di­fe­ren­te

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - EMPRESAS - Sa­ra Ca­bre­ro

Baby boo­mers, generación X, mi­llen­nials o cen­ten­nials. El mun­do del con­su­mo se di­vi­de en­tre es­tas cua­tro clasificaciones y las mar­cas in­ten­tan co­no­cer to­das las ca­rac­te­rís­ti­cas que ro­dean a los ciu­da­da­nos que en­glo­ban ca­da una de ellas. Sa­ber qué es­con­den les per­mi­te afi­nar el ti­ro y con­se­guir co­lo­car sus pro­duc­tos en­tre el pú­bli­co que más les con­vie­ne. Y no es ta­rea sen­ci­lla. Por­que sus gus­tos, su for­ma de en­fren­tar­se al mer­ca­do la­bo­ral y sus ca­rac­te­rís­ti­cas co­mo consumidores son muy di­fe­ren­tes. Es­ta cla­si­fi­ca­ción, una de las más co­no­ci­das y uti­li­za­das hoy en día, fue rea­li­za­da por Kotler y Ke­ller en el año 2002 ba­sán­do­se en ele­men­tos cul­tu­ra­les, eco­nó­mi­cos y tec­no­ló­gi­cos que han mar­ca­do a ca­da una de las ge­ne­ra­cio­nes. Aun­que ge­ne­ra­li­zar no siem­pre re­sul­ta efec­ti­vo en el mun­do del már­ke­ting, es­tas son las teo­rías que to­dos los ex­per­tos en pu­bli­ci­dad po­nen so­bre la me­sa cuan­do se dis­po­nen a con­fec­cio­nar una cam­pa­ña pa­ra una de es­tas ge­ne­ra­cio­nes.

Los baby boo­mers, na­ci­dos en­tre 1945 y 1964, se han con­ver­ti­do con el pa­so del tiem­po en uno de los gru­pos más ju­go­sos pa­ra las em­pre­sas. Ase­gu­ra­do­ras, com­pa­ñías de ci­ru­gía es­té­ti­ca o au­to­mo­vi­lís­ti­cas son so­lo un pe­que­ño ejem­plo de los negocios que han de­ci­di­do cen­trar sus es­fuer­zos en es­te sec­tor. A los na­ci­dos en es­ta épo­ca les gus­ta con­su­mir no­ti­cias a tra­vés de la te­le­vi­sión o de me­dios im­pre­sos. Han vi­vi­do el na­ci­mien­to y el de­sa­rro­llo de la tec­no­lo­gía y se han vis­to obli­ga­dos a emi­grar de un mun­do prác­ti­ca­men­te analó­gi­co a otro do­mi­na­do por to­da cla­se de ca­cha­rros. Son los más re­fle­xi­vos y aun­que son los que más ca­pa­ci­dad eco­nó­mi­ca tie­nen pa­ra con­ce­der­se ciertos lu­jos, son po­co ami­gos de las com­pras im­pul­si­vas. La leal­tad a la mar­ca es una de sus se­ñas de iden­ti­dad .

A pe­sar de que po­cos años les se­pa­ran, la si­guien­te generación, la X o tam­bién lla­ma­dos in­mi­gran­tes di­gi­ta­les (na­ci­dos en­tre 1965 y el 79), guar­dan lla­ma­ti­vas di­fe­ren­cias con sus an­te­ce­so­res. Son pro­ba­ble­men­te los más in­te­re­san­tes pa­ra los negocios, pues­to que son ellos los que mue­ven el mun­do a ni­vel la­bo­ral y eco­nó­mi­co. Tie­nen al­ma em­pren­de­do­ra y se mues­tran has­ta cier­to pun­to re­bel­des an­te los mo­de­los clá­si­cos de ne­go­cio. Pe­ro tam­bién son res­pon­sa­bles, tra­ba­ja­do­res y muy fa­mi­lia­res. Na­ci­dos a ca­ba­llo en­tre el mun­do analó­gi­co y el di­gi­tal —hay quien se ha atre­vi­do a ca­li­fi­car­los co­mo la «generación per­di­da»— son ca­pa­ces de con­vi­vir de ma­ne­ra equi­li­bra­da en­tre las redes so­cia­les y la vi­da so­cial pre­sen­cial. Ade­más, son una generación muy con­di­cio­na­da por la de sus hi­jos, los mi­llen­nials, que les han obli­ga­do a adap­tar­se rá­pi­da­men­te a los cam­bios.

Los na­ci­dos en­tre 1982 y 1994 son con­si­de­ra­dos una generación úni­ca. Los mi­llen­nials —di­gi­ta­les, hi­per­co­nec­ta­dos y con al­tos va­lo­res so­cia­les y éti­cos— son em­pren­de­do­res por na­tu­ra­le­za, no se sien­ten có­mo­dos con las ata­du­ras de los ho­ra­rios de las em­pre­sas más tra­di­cio­na­les y du­ran po­co en sus pues­tos por las altas ex­pec­ta­ti­vas que se for­man de ellos. Son, al fin y al ca­bo, los gran­des idea­lis­tas del mun­do en el que vi­vi­mos. Los más nue­vos en el mun­do del con­su­mo son los de la generación Z o cen­ten­nials. Na­ci­dos a par­tir del 95, son los ver­da­de­ros na­ti­vos di­gi­ta­les. Han con­vi­vi­do to­da su vi­da con In­ter­net y ello ha mol­dea­do su ca­rác­ter: au­to­di­dac­tas, crea­ti­vos y so­bre­in­for­ma­dos, com­par­ten to­da su vi­da pri­va­da en las redes. Por ello mi­den su éxi­to so­cial en com­par­ti­dos y en li­kes y la me­jor for­ma de acer­car­se a ellos es a tra­vés de es­tas he­rra­mien­tas. De­man­dan, so­bre to­do, in­me­dia­tez y per­so­na­li­za­ción por par­te de las com­pa­ñías. Aun­que to­da­vía no han ac­ce­di­do a la vi­da la­bo­ral, los ex­per­tos creen que su preo­cu­pa­ción en es­te ám­bi­to se cen­tra­rá en en­con­trar una vo­ca­ción que se ajus­te a sus gus­tos.

MA­RÍA PEDREDA

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