Ma­nuel Sán­chez

La Voz de Galicia (Ferrol) - Ferrol local - - FERROL - MA­NUEL COUCE

Un tiem­po nue­vo se abre en la cor­po­ra­ción mu­ni­ci­pal fe­rro­la­na con el re­ti­ro vo­lun­ta­rio del je­fe de Pro­to­co­lo Ma­nuel Sán­chez, des­pués de ocu­par ese al­to car­go con la se­cre­ta­ria, ha acom­pa­ña­do con ple­na de­di­ca­ción a to­dos los al­cal­des de la de­mo­cra­cia. Fue su re­to per­so­nal es­tar al la­do de per­so­na­li­da­des de de­re­chas, iz­quier­das y na­cio­na­lis­tas, y siem­pre con el au­ra del buen pro­fe­sio­nal.

Nin­gún al­cal­de de los que por allí pa­sa­mos rom­pió el for­ma­to con es­te fun­cio­na­rio, cer­cano a la gen­te y per­so­na nor­mal y co­rrien­te que sa­bía muy bien es­tar en su si­tio, dan­do con­se­jo a sus je­fes cuan­do es­tos se lo pe­dían, fue gran­de en su gran­de­za per­so­nal. Así lo re­co­no­cen las cor­po­ra­cio­nes en­te­ras, y lo pa­sa­ba mal cuan­do los res­pon­sa­bles de la ges­tión pú­bli­ca no en­con­tra­ban so­lu­cio­nes a los pro­ble­mas y caían en dis­cur­sos de guar­de­ría, o se mon­ta­ba una tri­ful­ca con te­mas irrea­les. Es lec­tor del Qui­jo­te y en una dis­cu­sión al­ti­so­nan­te en­tre los edi­les le oí de­cir: Aquí no hay gi­gan­tes, son mo­li­nos de vien­to, con vien­tos di­fe­ren­tes, eso sí, pa­ra me­jo­rar la vi­da de los ciu­da­da­nos.

En­ten­día la po­lí­ti­ca a su ma­ne­ra, le preo­cu­pó siem­pre la re­la­ción y el buen tra­to en el Ayun­ta­mien­to y por ello pro­cu­ró que las de­ci­sio­nes to­ma­das que pa­sa­ban por su bo­lí­gra­fo y sus pa­pe­les — siem­pre qui­so de­mos­trar lo inú­til y ab­sur­do que es Twit­ter— fue­ran cla­ras, co­rrec­tas y lle­ga­ran a la ca­lle con la ver­dad por de­lan­te. La gen­te ma­yor era su preo­cu­pa­ción. Re­cuer­do que en una oca­sión me di­jo: Hay una se­ño­ra en el pa­si­llo que no se va sin ha­blar con­ti­go, re­cí­be­la. Así lo hi­ce. Me ve­nía a dar las gra­cias por­que su hi­jo en­tra­ba de bom­be­ro en el Ayun­ta­mien­to. Le di­je: la fe­li­ci­to por­que su­peró las prue­bas. No, us­ted le echó una mano. Im­po­si­ble, le di­je. No lo cre­yó y sa­có del bol­so un car­tón de ta­ba­co pa­ra dár­me­lo. Yo no fu­mo se­ño­ra. Y me con­tes­tó: No lo co­ge por­que es po­co... Ver­dad. Me pe­tri­fi­có y tu­ve que co­ger­lo.

Los su­ce­si­vos cam­bios en la cor­po­ra­ción que le po­dían afec­tar nun­ca se pro­du­je­ron, y ahí es­tán con hue­lla ní­ti­da trein­ta años al ser­vi­cio de los fe­rro­la­nos. Aho­ra pa­sa el re­le­vo a su com­pa­ñe­ra Leonor Ber­me­jo, que con el sen­ti­do de per­te­nen­cia he­re­da­da, lo ha­rá bien en su nue­vo co­me­ti­do. Y ya so­lo fal­ta que en los al­re­de­do­res del Ayun­ta­mien­to un pre­go­ne­ro ves­ti­do de épo­ca y con cam­pa­ni­lla en la mano pro­cla­me el cam­bio de to­da una vi­da re­le­van­te en la Al­cal­día fe­rro­la­na.

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