Si­go ac­tuan­do por­que hay pas­ti­llas con­tra el pá­ni­co es­cé­ni­co

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - EL PERSONAJE . MÁS BARBRA QUE NUNCA -

Strei­sand si­gue con ham­bre de éxi­tos y de reivin­di­ca­cio­nes, a pe­sar de que su bio­gra­fía le ha­bría per­mi­ti­do ha­ce mu­cho tiem­po de­di­car­se a pa­sear tran­qui­la­men­te a sus fa­mo­sos pe­rri­tos clo­na­dos: lle­va vendidos más de 140 mi­llo­nes de dis­cos y en sus es­tan­te­rías tie­ne, ade­más de dos Os­car, va­rios Grammys, Emmy y Glo­bos de Oro. Y eso que los es­ce­na­rios no son pre­ci­sa­men­te su pa­sión. Bar­bra Strei­sand su­frió du­ran­te dé­ca­das un pá­ni­co es­cé­ni­co que ca­si le «re­vol­vía las tri­pas». «Uno de los mo­ti­vos por los que si­go ac­tuan­do es que ac­tual­men­te exis­ten pas­ti­llas con­tra el pá­ni­co es­cé­ni­co. Oja­lá al­guien me hu­bie­ra ha­bla­do de ellas ha­ce años», con­fe­só re­cien­te­men­te. Tam­po­co en el res­to de as­pec­tos vi­ve la vi­da de una es­tre­lla mun­dial al uso. Evi­ta las al­fom­bras ro­jas («¿Por qué he de po­sar an­te un car­tel pu­bli­ci­ta­rio? No me gus­ta que me ha­gan fo­tos. Pun­to»), tan­to co­mo las en­tre­vis­tas («No me gus­ta ha­blar de mí, ni tam­po­co del tra­ba­jo»). Pe­ro, le gus­ta opi­nar so­bre te­mas ac­tua­les, so­bre to­do a tra­vés de su web y de Twit­ter. Apo­yó a Hi­llary Clin­ton y aho­ra se po­ne fren­te a Do­nald Trump: «No pue­do res­pe­tar a un ra­cis­ta, se­xis­ta y xe­nó­fo­bo que nos per­ju­di­ca a to­dos con su com­por­ta­mien­to». En Don’t Lie me Strei­sand can­ta: «¿Có­mo ga­nas si to­dos per­de­mos? / Cam­bias los he­chos pa­ra jus­ti­fi­car». «¿Có­mo duer­mes cuan­do el mun­do si­gue gi­ran­do? / To­do lo que cons­trui­mos se ha des­he­cho / ¿Có­mo duer­mes cuan­do el mun­do es­tá ar­dien­do? / To­dos res­pon­den a al­guien».

Su ca­rre­ra co­men­zó en los 60, en los clu­bes de Broad­way. Cria­da en una fa­mi­lia ju­día. des­de muy tem­prano so­ñó con ser ac­triz. Fue a cla­ses de in­ter­pre­ta­ción des­de que te­nía 14 años. Du­ran­te una ac­tua­ción en un club co­no­ció al dúo de com­po­si­to­res Alan y Ma­rilyn Berg­man, que es­cri­bi­rían pa­ra ella hits co­mo The Wind­mills of Your Mind, So­li­tary Moon o That Fa­ce. «Nun­ca ol­vi­da­ré lo pri­me­ro que me di­jo Ma­rilyn: ‘¿Sa­bes lo ma­ra­vi­llo­sa que eres?’»

RED­FORD, SU PRE­FE­RI­DO

Ade­más, la polifacética ar­tis­ta ha co­se­cha­do gran­des éxi­tos en la pe­que­ña y la gran pan­ta­lla. Su pri­me­ra pe­lí­cu­la de en­ver­ga­du­ra en Holly­wood, Funny Girl (1968) le va­lió su pri­mer Os­car a la me­jor ac­triz, y sus shows de te­le­vi­sión die­ron la vuel­ta al mun­do. Pe­lí­cu­las co­mo The Way We We­re, He­llo Dolly», Nut», What’s Up, Doc? y Yentl son ya clá­si­cos. Se­gún ha con­fe­sa­do en al­gu­na oca­sión, su pa­re­ja de ci­ne pre­fe­ri­da es Ro­bert Red­ford. «Nos ob­ser­vá­ba­mos con pre­ci­sión y nos in­tere­sá­ba­mos uno por el otro, creo que los es­pec­ta­do­res lo no­ta­ban». Su­pe­ra­do su pá­ni­co es­cé­ni­co, aun te­ne­mos tiem­po pa­ra dis­fru­tar­la. Más Bar­bra que nun­ca.

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