“Ha­go can­cio­nes por ne­ce­si­dad, no es­cri­bo a la li­ge­ra”

El mú­si­co uru­gua­yo pre­sen­ta en Ga­li­cia «Sal­va­vi­das de hie­lo», un ál­bum lleno de pa­ra­do­jas y con un re­la­jan­te tac­to acús­ti­co

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA . ESTÁ SONANDO - TEX­TO: JAVIER BECERRA

El efec­to re­la­jan­te que ge­ne­ra la mú­si­ca de Jor­ge Drex­ler se tras­la­da a sus pa­la­bras. En el mun­do de las pri­sas y la fal­ta de aten­ción la es­cu­cha su Sal­va­vi­das de hie­lo o una char­la con él se­me­jan to­do un oa­sis de tran­qui­li­dad. Y mu­cha re­fle­xión.

—«Yo no soy de aquí pe­ro tú tam­po­co», can­ta aho­ra. ¿Es una de esas can­cio­nes que tie­nen aún más sen­ti­do tiem­po des­pués de com­po­ner­las?

—Lo era en su mo­men­to y lo es aho­ra. In­ten­ta de­jar cla­ro que los mo­vi­mien­tos mi­gra­to­rios no fue­ron in­ven­ta­dos por los si­rios ni por los hon­du­re­ños. Mi in­ten­ción es de­cir: «Eh, yo pue­de que no sea de aquí, ya que soy hi­jo y nie­to de emi­gran­tes, pe­ro tú tam­po­co». Re­cién lle­ga­dos so­mos to­dos. Más si lo pien­san en Es­ta­dos Uni­dos, don­de gran par­te de la po­bla­ción ha lle­ga­do ha­ce un fin de se­ma­na.

—Sien­ta bien que la mú­si­ca pop, que es al­go mes­ti­zo por na­tu­ra­le­za, pe­ne­tre por esos mu­ros. ¿No?

—Sí [se que­da en si­len­cio]. No ten­go más que de­cir a las dos co­sas.

—Se­gu­ro que sí.

—Me pa­re­ce bien que en­tre por las grie­tas y no, no es al­go pu­ro. Cuan­do la gen­te le di­ce a Ro­sa­lía que ha­ce apro­pia­ción cul­tu­ral me da mu­cha gra­cia. Me pa­re­ce una de las ton­te­rías más gran­des que ha­ya oí­do ja­más. ¿Exis­te al­gu­na cul­tu­ra que no ha­ya si­do apro­pia­da en al­gún mo­men­to? ¿Qué es uru­gua­yo, la dé­ci­ma, que la prac­ti­can co­mo la ma­yor de las tra­di­cio­nes uru­gua­yas pe­ro que na­ció en Má­la­ga en 1541? Las iden­ti­da­des sim­ples so­lo exis­ten en los idea­les y en las cabezas que ven el mun­do sim­pli­fi­ca­do por el es­que­ma de esos idea­les.

—En otra de las can­cio­nes pi­de si­len­cio. ¿No es una pa­ra­do­ja?

—El dis­co es­tá lleno de ellas. Mi­ra el tí­tu­lo: un sal­va­vi­das de hie­lo no te sal­va. Me gus­ta mu­cho tra­ba­jar con la pa­ra­do­ja. Si­len­cio si­gue a Te­le­fo­nía, que es to­do lo con­tra­rio: una loa a la co­mu­ni­ca­ción y a la co­ne­xión. No hay na­da que me abu­rre más que el pen­sa­mien­to úni­co. La mi­ra­da uni­di­men­sio­nal, con la cer­te­za ab­so­lu­ta de la reali­dad y sin la po­si­bi­li­dad de po­ner­se en el lu­gar de la otra per­so­na, es ho­rri­ble.

—Sus can­cio­nes son píl­do­ras fi­lo­só­fi­cas. ¿Le ha­la­ga que nos ha­gan pen­sar?

—Se es­cri­bió muy rá­pi­do, en dos

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