MA­RÍA LEÓN

“SOY LO MÁS MO­DERNO Y LO MÁS AN­TI­GUO A LA VEZ”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - De Cerca - Por BEA­TRIZ G. MAN­SO Fo­tos: AN­TO­NIO TERRÓN

Di­ce que es tan pun­ki co­mo de me­sa ca­mi­lla, y que si al­go la de­fi­ne es su ca­pa­ci­dad de ser fe­liz. Aho­ra, ya en la trein­te­na, ha de­ja­do atrás su me­le­na ru­bia y ex­plo­ra nue­vos re­gis­tros en el cine, mien­tras si­gue ha­cién­do­nos reír en la te­le­vi­sión.

Yo era un po­tro des­bo­ca­do”, di­ce cuan­do pien­sa en la Ma­ría de ha­ce sie­te años, cuan­do su pa­pel en La voz dor­mi­da le va­lió el Go­ya y la Con­cha de Pla­ta de San Se­bas­tián y lan­zó su ca­rre­ra. A sim­ple vis­ta, Ma­ría León pa­re­ce muy dis­tin­ta de aque­lla vein­tea­ñe­ra de me­le­na ru­bia y ges­to dul­ce que nos hi­zo llo­rar con des­con­sue­lo en ese dra­món so­bre las víc­ti­mas de las cár­ce­les fran­quis­tas. Hoy es una mu­jer de 33 años que nos ha­ce reír ca­da se­ma­na en la se­rie Allí aba­jo, de An­te­na 3, y que nos ha­rá so­ñar con el amor in­mor­tal en su pró­xi­ma pe­lí­cu­la, Sin fin, re­cién pre­sen­ta­da en el Fes­ti­val de Má­la­ga Y sí, pue­de que sea al­go más co­me­di­da que en­ton­ces. Al­go. “Aque­lla Ma­ría era muy ka­mi­ka­ze, lle­ga­ba a los si­tios y se lan­za­ba en cuer­po y al­ma sin guar­dar­se na­da. Ese si­gue sien­do mi ca­rác­ter, pe­ro he apren­di­do a ir mi­dien­do, por­que no siem­pre se pue­de ir con aque­lla ener­gía que yo te­nía a los 20 años”. Hoy, con­fie­sa, es al mis­mo tiem­po, una mu­jer de co­pla y me­sa ca­mi­lla y una re­bel­de de al­ma pun­ki que se po­ne las con­ven­cio­nes por montera. “Lo que pa­sa es que soy li­bre”, con­clu­ye. Y so­bre la li­ber­tad, el amor y el hu­mor ver­sa es­ta char­la. Mu­jer­hoy. Me­nu­da se ha lia­do con el chis­te en Twit­ter de un guio­nis­ta de Allí aba­jo que alu­día a la sal­ve ro­cie­ra y la su­pues­ta in­cul­tu­ra de los se­vi­lla­nos. ¿Se sin­tió ofen­di­da? Ma­ría León. No me he ofen­di­do, pe­ro me ha cos­ta­do en­ten­der el chis­te por­que era tan ma­lo que lo úni­co que me ha pro­du­ci­do es un po­co de pe­na por el chi­co que lo ha es­cri­to. Si es guio­nis­ta, le de­seo un buen fu­tu­ro… Yo me en­cuen­tro un chis­te co­mo es­te en el guión y lo cam­bio.

¿To­do es­tá per­mi­ti­do en el hu­mor o de­be­ría ha­ber te­mas prohi­bi­dos?

No hay na­da prohi­bi­do, a mí no me gus­ta esa pa­la­bra. La li­ber­tad es lo pri­me­ro, jun­to con el res­pe­to. En Es­pa­ña y en el mun­do pa­san por des­gra­cia co­sas de­ma­sia­do gra­ves e im­por­tan­tes, y de­be­ría­mos uti­li­zar las re­des pa­ra mo­ver­nos y to­mar con­cien­cia so­bre ellas. De­di­car­nos a ha­cer boi­cot a una se­rie y a un se­ñor que es­cri­be chis­tes ma­los me pa­re­ce un de­ba­te po­bre.

Hay quien pien­sa que ya na­die tie­ne ga­nas de reir­se…

Yo es­pe­ro que sí; el día que se nos qui­ten las ga­nas, apa­ga y vá­mo­nos. La prue­ba es­tá en la au­dien­cia que tie­ne nues­tra se­rie. Lo que no hay que te­ner es ra­bia, eso no es sano ni pro­duc­ti­vo ni be­ne­fi­cio­so. Que ca­da uno opi­ne, fal­ta­ría más, pe­ro sin ra­bia, siem­pre con bue­na in­ten­ción, eso es lo que no tie­ne que fal­tar.

¿Re­cuer­da la pri­me­ra vez que us­ted pro­vo­có la car­ca­ja­da y su­po que te­nía ma­de­ra de có­mi­ca?

Sí, per­fec­ta­men­te. Fue en mi es­cue­la de tea­tro con mi pro­fe­sor, José Tron­co­so, que tam­bién es un gran ac­tor de te­le­vi­sión.

Yo es­ta­ba ha­cien­do un ejer­ci­cio de clown en el que era bo­xea­do­ra. Y no ha­bía he­rra­mien­tas, so­lo un tra­je de bo­xea­do­ra y una cla­ve, que era que a mí me da­ba mu­cho mie­do y no que­ría sa­lir al ring. Em­pe­za­ron a pa­sar co­sas: me di cuen­ta que la gen­te em­pe­za­ba a reír­se más y más, y re­cuer­do en­con­trar el dis­fru­te en esas ri­sas y mi mo­tor pa­ra la ac­tua­ción. Des­cu­brí el pla­cer de la in­ter­pre­ta­ción. Des­de en­ton­ces, in­ten­to te­ner pre­sen­te esa sen­sa­ción, so­bre to­do cuan­do ha­go co­me­dia.

De clown en su fa­mi­lia sa­ben un ra­to, ¿no?

Sí, en mi ca­sa des­de que ten­go me­mo­ria ha­bía na­ri­ces de pa­ya­so por ahí. El clown es un ar­te muy com­pli­ca­do; la co­me­dia del pa­ya­so es el fra­ca­so: él in­ten­ta con to­do su co­ra­zón y su me­jor vo­lun­tad ha­cer la co­me­dia, pe­ro no le sa­le y de su fra­ca­so sa­le la ri­sa.

A Car­men, su per­so­na­je en Allí aba­jo, la ve­re­mos en es­ta nue­va tem­po­ra­da con­ver­ti­da en ma­dre di­vor­cia­da… La vi­da mis­ma. Se se­pa­ra de su ma­ri­do y es ca­paz de ser je­fa, ami­ga, ma­dre pri­me­ri­za, hi­ja y, so­bre to­do, Car­men. Le sien­ta bien el cam­bio, por­que se ha de­di­ca­do más a ella y eso es al­go im­por­tan­te. Es una mu­jer que, a pe­sar de to­do, se preo­cu­pa de ella mis­ma.

Igual es que el amor eterno no exis­te. ¿Qué opi­na? Yo sí creo en el amor eterno, hay amo­res de ver­dad que nun­ca se mue­ren. En la se­rie, Car­men e Iña­ki son co­mo Rachel y Ross de Friends: son pa­re­ja, se se­pa­ran, son ami­gos, se echan de me­nos, se vuel­ven a jun­tar, tie­nen una hi­ja, se vuel­ven a se­pa­rar… pe­ro nun­ca de­jan de que­rer­se. Son ami­gos de ver­dad, se quie­ren de ver­dad, y esa es la re­la­ción más ver­da­de­ra. El amor es muy bo­ni­to, pe­ro muy di­fí­cil. Pa­ra ser com­pa­ñe­ro o com­pa­ñe­ra de al­guien hay que sa­ber ser equi­po.

¿El amor es siem­pre la me­jor me­di­ci­na?

El amor es el me­jor mo­tor.

¿Y le gus­tan los fi­na­les fe­li­ces y los cuen­tos de ha­das?

A mí me gus­ta pen­sar que to­do tie­ne que es­tar bien, sí. La fe­li­ci­dad es cuan­do las co­sas en­ca­jan y me gus­ta que al fi­nal las pie­zas en­ca­jen. Pe­ro eso no son los fi­na­les fe­li­ces de to­da la vi­da. Cual­quier amor im­pli­ca su­fri­mien­to: amar a una hi­ja, a mi pe­rro, amar el cine o el tea­tro por­que, co­mo di­ce la can­ción de Bam­bino, “cuan­do de ver­dad se quie­re, el mie­do es tu car­ce­le­ro”. Pe­ro cuan­do una per­so­na tra­ba­ja pa­ra que­rer­se pri­me­ro a sí mis­ma y sa­ber amar bien, eso es un fi­nal fe­liz, más que lo que nos han en­se­ña­do to­da la vi­da. Ese “jun­tos pa­ra siem­pre” ya se ha vis­to que no siem­pre es cier­to. Bueno, en al­gu­nos ca­sos sí, por suer­te, y oja­lá me to­que a mí. Pe­ro si no me to­ca, yo ten­go mu­chos más fi­na­les fe­li­ces que se pue­den con­se­guir sa­bien­do amar.

Se ha de­cla­ra­do fe­mi­nis­ta. ¿Có­mo se com­pro­me­te?

Tra­ba­jan­do con­mi­go mis­ma, la pri­me­ra, por­que ten­go una in­cul­tu­ra fe­mi­nis­ta gran­de y des­li­ces ma­chis­tas in­vo­lun­ta­rios. Por edu­ca­ción, ten­go mu­chas co­sas que di­go o ha­go sin ser cons­cien­te, pe­ro cuan­do soy cons­cien­te me gus­ta de­cir­lo y mo­di­fi­car­lo. Por muy pe­que­ñi­to que sea el cam­bio o el mo­vi­mien­to que yo ha­ga, es co­mo un efec­to do­mi­nó y po­co a po­co va pro­vo­can­do otros cam­bios. In­ten­to es­for­zar­me to­dos los días e in­cor­po­rár­se­lo a to­do el mun­do que es­tá a mi al­re­de­dor, pe­ro de la ma­ne­ra más ama­ble y na­tu­ral. Y me sien­to muy sa­tis­fe­cha cuan­do veo que, po­co a po­co, se van mo­di­fi­can­do com­por­ta­mien­tos. In­ten­to trans­mi­tir­lo tam­bién a mi so­bri­na y a mis so­bri­nos, y es­pe­ro que cuan­do ten­ga hi­jos asu­man es­tos cam­bios de for­ma na­tu­ral y la igual­dad en­tre el hom­bre y la mu­jer sea una reali­dad.

¿Es us­ted op­ti­mis­ta?

Yo creo que sí, el pesimismo y la que­ja me anulan co­mo ser hu­mano. Creo mu­cho en el po­der de las mujeres.

Ha men­cio­na­do los hi­jos y las hi­jas que ten­drá. ¿Ha­brá que pe­dir a los pro­duc­to­res que la de­jen un po­co en paz pa­ra po­der te­ner­los? Me gus­tan mu­cho los ni­ños y me gus­ta­ría ser ma­dre de mu­chos hi­jos, míos, adop­ta­dos… Quie­ro te­ner una fa­mi­lia gran­de. Es ver­dad que no pa­ro, pe­ro lle­ga­rá el mo­men­to.

SOY OP­TI­MIS­TA, EL PESIMISMO Y LA QUE­JA ME ANULAN CO­MO SER HU­MANO.

CREO MU­CHO EN EL PO­DER DE LAS MUJERES”.

Aho­ra es­toy en la iner­cia de es­te gran amor que ten­go con mi pro­fe­sión, que me da gran­des ale­grías, pe­ro tam­bién al­gún su­fri­mien­to, co­mo que no me da tre­gua pa­ra crear mi pro­pia fa­mi­lia. Es­toy dis­fru­tan­do a to­pe de es­ta suer­te, aquel pre­mio Go­ya me ha ido po­nien­do es­ca­lo­nes y es­toy dis­fru­tan­do a to­pe de ca­da pel­da­ño, pe­ro es­toy se­gu­ra de que lle­ga­rá el mo­men­to pa­ra los ni­ños. Y tam­bién pa­ra des­can­sar y re­no­var­se. Nues­tra he­rra­mien­ta so­mos no­so­tros, ne­ce­si­ta­mos ali­men­tar­nos de vi­ven­cias y sen­sa­cio­nes, pa­ra se­guir con­tan­do his­to­rias.

¿Qué ti­po de ma­dre se­rá, cuan­do lle­gue el mo­men­to?

Pues ten­go cla­ro que me pa­re­ce­ré mu­cho a la mía. ¡Con lo que yo me he que­ja­do siem­pre!

¿Y qué ten­dría eso de bueno y de ma­lo?

Lo ten­drá to­do bueno, tan mal no he­mos sa­li­do no­so­tros, ¿no? A mí me en­can­ta­ría ser una Car­mi­na, aun­que no se­ré tan au­tén­ti­ca co­mo ella, por­que co­mo Car­mi­na no hay dos. ¡Si es que ella es li­bre! Y eso es lo más bo­ni­to que nos ha in­cul­ca­do a no­so­tros, la li­ber­tad, y yo es­pe­ro que mis hi­jos la ten­gan.

¿Ma­dre mo­der­na o tra­di­cio­nal?

Pues de to­do, por­que yo soy de lo más an­ti­guo y de lo más mo­derno a la vez. Una mez­cla muy ra­ra, lo re­co­noz­co, un po­co ra­ri­ta soy. A mí la mú­si­ca que me gus­ta, la que yo sien­to, con la que yo via­jo y co­nec­to es la an­ti­gua: mú­si­ca ita­lia­na, co­pla, fla­men­co… Soy fol­cló­ri­ca pe­ro lue­go ten­go otro la­do bas­tan­te pun­ka­rrón y muy ac­tual. Soy de me­si­ta ca­mi­lla y de es­tar en mi ca­sa en za­pa­ti­llas y tam­bién de ir­me a To­kio a pun­ke­rrear. Ten­go esas dos co­sas.

Una es Ma­ría, la de la me­le­ni­ta ru­bia, y otra la morena de pe­lo cor­to. ¿Es atre­vi­da o le dio pe­na des­pe­dir­se de su me­le­na ru­bia? ¡Pe­na nin­gu­na, el pe­lo cre­ce! Lo hi­ce con gus­to. Re­no­var­me fí­si­ca­men­te me pa­re­cía in­tere­san­te. Pe­ro es que, ade­más, mi per­so­na­je en la pe­lí­cu­la Sin fin re­que­ría un cam­bio de edad por­que ha­go de la mis­ma per­so­na con 20 años y con 40. Es­toy muy or­gu­llo­sa de la pe­lí­cu­la, de ha­ber tra­ba­ja­do con Javier Rey, que es un gran ac­tor y una ma­ra­vi­llo­sa per­so­na, y con los di­rec­to­res, los her­ma­nos Alen­da. Y es­toy or­gu­llo­sa tam­bién de es­te cam­bio: veo que de­fi­ne mi per­so­na­li­dad, me veo gua­pa, va con­mi­go y con mi mo­men­to. Y si es­tu­vie­ra fea, me da igual, por­que a mí me gus­ta mi pro­fe­sión: me gus­ta ju­gar y jue­go.

ME VEO GUA­PA CON MI COR­TE DE PE­LO Y VA CON MI MO­MEN­TO. Y SI ES­TU­VIE­RA FEA ME DA IGUAL, POR­QUE YO ME QUIE­RO”.

¿Siem­pre se ha que­ri­do co­mo es?

He dor­mi­do to­das las no­ches muy a gus­to con­mi­go mis­ma. Hay días que te mi­ras al es­pe­jo y di­ces: “Va­ya ca­ra”. Pe­ro de ahí a no acep­tar­me, nun­ca. Por edu­ca­ción o por ca­rác­ter, yo me quie­ro, y esa es mi suer­te.

Ves­ti­do, bo­tas y bra­za­le­te de Ver­sa­ce, y pen­dien­tes de Ya­nes Young.

Bom­ber, pan­ta­lón y san­da­lias de Hil­fi­ger Co­llec­tion y col­gan­te de Bul­ga­ri.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.