La car­ta de la se­ma­na

Por qué la he pre­mia­do… Por la es­tam­pa sen­ci­lla y a la vez con­mo­ve­do­ra de la au­sen­cia in­ne­ce­sa­ria que pro­vo­ca la sin­ra­zón, esa au­sen­cia que al­guno quie­re que sea ol­vi­do.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Magazine Cartas - MA­RÍA DEL RÍO PÉ­REZ. CO­RREO ELEC­TRÓ­NI­CO

Eran mis ve­ci­nos

Eran mis ve­ci­nos. Vi­vían en la ca­sa de en­fren­te. Yo veía ju­gar a los ni­ños en el sa­lón de su ca­sa, tras los cris­ta­les siem­pre con hue­llas de sus ma­ni­tas. Creo que eran cua­tro, al­guno to­da­vía muy pe­que­ño. Me en­te­ré de que el pa­dre era guar­dia ci­vil el día que lo ma­ta­ron. Vi su cuer­po ta­pa­do ya con una man­ta en la ace­ra, a mi­tad de la lar­ga ca­lle. Era por la ma­ña­na, muy tem­prano. A esa ho­ra de­bía de ir al tra­ba­jo, co­mo mu­chos lo ha­cía­mos. Lo ma­ta­ron de un ti­ro en la nu­ca. Na­die sa­bía­mos que era guar­dia ci­vil; bueno, al pa­re­cer, al­guien sí que lo sa­bía... Di­je­ron que su es­po­sa se­ca­ba el uni­for­me en el cuar­to de ba­ño, nun­ca en el col­ga­dor ex­te­rior pa­ra que na­die su­pie­ra cuál era su pro­fe­sión; pe­ro lo que a ca­si to­dos lo­gró ocul­tar­nos no lo con­si­guió con quien ace­cha­ba. Se fue­ron del pue­blo des­pués de aque­llo. No sé qué ha­brá si­do de ellos. Tam­po­co lo que ha­bría si­do si no hu­bie­ran ro­to sus vi­das. Su pi­so ha si­do ha­bi­ta­do por mu­cha gen­te des­de en­ton­ces. Yo aún veo las ca­ri­tas pe­ga­das al cris­tal y los in­con­fun­di­bles ras­tros in­fan­ti­les. Es­tén don­de es­tén, es­pe­ro que lo­gren per­do­nar­nos a to­dos.

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