“Ha­rían fal­ta mu­chas más que 5 se­ma­nas”

UN PE­QUE­ÑO PA­SO PA­RA EL HOM­BRE, un gran pa­so pa­ra los pa­pás. Es­tos son al­gu­nos de los afor­tu­na­dos ga­lle­gos que han es­tre­na­do las 5 se­ma­nas de pa­ter­ni­dad, y así han vi­vi­do es­tos 35 días al la­do de sus be­bés

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - VA POR ELLOS - TEX­TO: PA­TRI­CIA GAR­CÍA

Es­lu­nes y Jor­ge Cas­tro es­tá a pun­to de vol­ver a tra­ba­jar. «Hoy es mi úl­ti­mo día». Jor­ge es uno de los pri­me­ros pa­dres ga­lle­gos que es­tre­nó la ba­ja de pa­ter­ni­dad de 5 se­ma­nas. El pe­que­ño Ál­va­ro na­ció el 1 de sep­tiem­bre, jus­to a tiem­po pa­ra ro­bar­le una se­ma­na más al ca­len­da­rio. «Te­ne­mos otra ni­ña, Clau­dia, de 2 años y nue­ve me­ses».

Jor­ge vi­vió dos ba­jas di­fe­ren­tes: dos se­ma­nas con Clau­dia y cin­co con Ál­va­ro. Sa­be bien lo que sig­ni­fi­can 35 días. «Des­pués de pa­sar por las dos ex­pe­rien­cias creo que ha­rían fal­ta mu­cho más que cin­co se­ma­nas», ase­gu- ra. «Con Clau­dia, por di­ver­sas cir­cuns­tan­cias, ca­si no pu­de es­tar con ella. Vas con pri­sa, co­rrien­do de un la­do a otro, y cuan­do te das cuen­ta ya es­tás tra­ba­jan­do. Con Ál­va­ro sí pu­de es­tar más y lo dis­fru­té mu­cho», cuen­ta Jor­ge. «Es una go­za­da po­der es­tar con él, pue­des pa­sear tran­qui­la­men­te con el ni­ño. ¡Tie­nes tiem­po has­ta de qui­tar­le los mo­cos! De vi­vir to­dos los mo­men­tos a su la­do, los bue­nos y los no tan bue­nos», ex­pli­ca.

«QUIE­RO ES­TAR CON ELLOS»

El tiem­po vue­la y tiem­po es lo que ne­ce­si­tan los pa­dres. «No se tra­ta so­lo de si tie­nes que vol­ver a tra­ba­jar, de si tie­nes abue­los con los que de­jar a los ni­ños, por­que al fi­nal el tra­ba­jo con los ni­ños no te lo va a qui­tar na­die, sino de que co­mo pa­pá pue­das es­tar con tu hi­jo y con tu hi­ja. Y en eso las cin­co se­ma­nas han ayu­da­do», cuen­ta mien­tras le da pe­que­ños ba­lan­ceos al ca­rri­to de Ál­va­ro. «Aun­que al­guien pue­da pen­sar que no hay tan­ta di­fe­ren­cia, hay más mo­men­tos pa­ra el be­bé y al fi­nal te en­te­ras un po­co más de ser pa­dre. De la otra ma­ne­ra ca­si ni te das cuen­ta», ase­gu­ra. «Re­cuer­do que con Clau­dia, por ejem­plo, me per­dí la com­pra de su pri­me­ra ro­pi­ta. Ha­ce unos días mi mu­jer me co­men­tó ‘aquí to­ma­ba ca­fé con Clau­dia cuan­do ba­ja­ba por la ma­ña­na’ y yo eso no pu­de vi­vir­lo por­que los be­bés se sue­len sa­car más de pa­seo a par­tir de la se­gun­da se­ma­na y ya tu­ve que vol­ver a tra­ba­jar. Aho­ra, por ejem­plo, es­tas cin­co se­ma­nas pu­de es­tar las 24 ho­ras del día con Ál­va­ro, sa­car­lo a dar un pa­seo to­dos los días. Y aún así, el tiem­po ca­si no te lle­ga», re­la­ta Jor­ge.

RE­PAR­TO DE TA­REAS

En ca­sa, su mu­jer Belén y Jor­ge se re­par­ten el tra­ba­jo. «¡Con dos hi­jos pe­que­ños no te que­da más re­me­dio!», con­fie­sa con una son­ri­sa es­te pa­pá. «Nos va­mos tur­nan­do e in­ten­ta­re­mos ha­cer­lo lo me­jor po­si­ble. Por ejem­plo, el pe­que­ño es­tá aho­ra con las tres to­mas de bi­be­rón por la no­che y nos va­mos re­par­tien­do pa­ra po­der dor­mir al­go. Cuan­do to­ca ba­ño, mien­tras uno ba­ña a uno el otro le da de ce­nar al otro», ex­pli­ca. Jor­ge se con­si­de­ra un afor­tu­na­do: «Soy pro­fe­sor y ten­go unos ho­ra­rios que me per­mi­ten pa­sar más tiem­po con mis hi­jos. Pue­do dar­les de ce­nar y acos­tar­los. Pe­ro si pien­so en otras per­so­nas, con tra­ba­jos que les obli­gan a es­tar más tiem­po fue­ra de ca­sa, creo que las cin­co se­ma­nas no lle­gan a na­da». «Ha­ce unos días lle­va­ba a la ma­yor a la guar­de­ría y vi co­mo una ma­dre te­nía que de­jar a un be­bé y se me caía el al­ma a los pies. Real­men­te en­tre­ga­mos nues­tra vi­da al tra­ba­jo y de­be­rían pro­mo­ver­se ba­jas más lar­gas», apun­ta Jor­ge. Es­tá a pun­to de re­in­cor­po­rar­se a su pues­to. ¿Có­mo lo lle­vas? «Real­men­te me gus­ta mi tra­ba­jo y has­ta te di­ría que me ape­te­ce vol­ver, pe­ro le que­da un pa­pe­lón a mi mu­jer a par­tir de aho­ra».

JOR­GE CAS­TRO

PA­PÁ DE ÁL­VA­RO Y CLAU­DIA Es­ta se­gun­da ba­ja la he dis­fru­ta­do más, he po­di­do es­tar 24 ho­ras con él, ¡pe­ro le que­da un pa­pe­lón a mi mu­jer aho­ra...!”

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