Al tea­tro la gen­te va a dis­fru­tar­te, no a sa­car­te los ojos

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - ESCENA . ENTREVISTA -

pru­den­te dis­tan­cia que hay en­tre el es­ce­na­rio y el pa­tio de bu­ta­cas?

—To­do tie­ne su par­te bue­na. Pe­ro es ver­dad que, si en los tea­tros so­mos li­bres, en el es­ce­na­rio de un bar o de una sa­la de co­me­dia, so­mos li­bres y en­ci­ma con un cu­chi­llo en­tre los dien­tes. A mu­chos de no­so­tros los ba­res nos han he­cho ser los có­mi­cos que so­mos. Yo soy los ba­res que he he­cho.

—La co­me­dia y el mo­nó­lo­go siem­pre han si­do un te­rri­to­rio de li­ber­tad. Aun­que tu hu­mor ha si­do siem­pre bas­tan­te blan­co, ¿qué te pa­re­ce lo que les es­tá pa­san­do a otros com­pa­ñe­ros que es­tán sien­do cen­su­ra­dos o vi­li­pen­dia­dos?

—Creo que de es­ta pre­gun­ta no me vas a sa­car nin­gún ti­tu­lar [se ríe].

—Bueno, por lo me­nos di­me si aho­ra te cor­tas más en tus es­pec­tácu­los a la ho­ra de de­cir se­gún qué co­sas.

—En un tea­tro sien­to mu­cha más li­ber­tad que en te­le­vi­sión, en re­des so­cia­les, en la ra­dio o in­clu­so con la pren­sa. Lo que pa­sa en el tea­tro se que­da en el tea­tro. Y la gen­te que vie­ne, vie­ne a dis­fru­tar­te, no a sa­car­te los ojos.

—Ha­ce tres años ganaste el Go­ya al Ac­tor Re­ve­la­ción. Una vez re­ve­la­do, ¿tie­nes ya la sen­sa­ción de ha­ber sa­tis­fe­cho las ex­pec­ta­ti­vas?

—En el ci­ne no te­nía nin­gu­na ex­pec­ta­ti­va, así que to­do lo que me es­tá vi­nien­do es bo­ni­to y de agra­de­cer. Es­toy dis­fru­tan­do mu­cho con los pro­yec­tos que me han ido ofre­cien­do

—En aque­lla épo­ca in­sis­tías en que lo de ac­tor eran pa­la­bras ma­yo­res. ¿Ya te atre­ves a pre­sen­tar­te co­mo tal cuan­do co­no­ces a al­guien?

—Me sue­lo pre­sen­tar por mi nom­bre... Cuan­do to­da­vía sur­gen esas ma­ra­vi­llo­sas oca­sio­nes en las que al­guien no me co­no­ce. Me es in­có­mo­do pre­sen­tar­me por mi pro­fe­sión. Nor­mal­men­te na­die di­ce: «Ho­la, soy Ge­rar­do, sub­di­rec­tor de re­cur­sos hu­ma­nos en una em­pre­sa de pro­gra­ma­do­res in­for­má­ti­cos». Pe­ro si lo ten­go que ha­cer siem­pre me gus­ta de­cir que, an­te to­do, soy có­mi­co.

—Mu­chos com­pa­ñe­ros tu­yos (Go­yo Ji­mé­nez, Bron­cano, Pie­drahí­ta, Joa­quín Re­yes, Que­qué…) se han he­cho un hue­co en te­le­vi­sión. Tú lo in­ten­tas­te ha­ce unos cuan­tos años con un par de pa­ti­na­zos. ¿Te ha de­ja­do de in­tere­sar ese me­dio?

—Por aho­ra no ha ha­bi­do nin­gún pro­yec­to que me ha­ya in­tere­sa­do. Voy a El Hor­mi­gue­ro por mi com­pro­mi­so con las pro­tec­to­ras y la lu­cha con­tra el mal­tra­to animal y a La Re­sis­ten­cia por­que Da­vid [Bron­cano] es muy ami­go mío y me dan li­ber­tad de ir cuan­do pue­do y cuan­do no pue­do, no. Ade­más no quie­ro rom­per la ra­cha de es­tar en to­dos lo pro­gra­mas don­de él ha es­ta­do [se ríe].

—Otra de las facetas por la que más te has sig­ni­fi­ca­do es por la de­fen­sa de los ani­ma­les. ¿Eres de los que cuan­to más co­no­cen a las per­so­nas más quie­ren a su pe­rro?

—Hay per­so­nas real­men­te ma­ra­vi­llo­sas en el pla­ne­ta, crée­me. La gran ma­yo­ría, de he­cho. Los muy hi­jos de pu­ta son mu­chos me­nos. Pe­ro su mal y sus fe­cho­rías ha­cen más rui­do y se pro­pa­gan mu­cho más rá­pi­do en­tre la so­cie­dad. Y lue­go hay un buen por­cen­ta­je de gen­te, que ni fu ni fa. Que no son ma­la gen­te, pe­ro van a lo su­yo. A es­tos son a los que hay que con­ta­giar­les la bon­dad y el arri­mar el hom­bro.

—De­cir que «per­te­ne­cer a un país don­de se ce­le­bra la tau­ro­ma­quia te da ver­güen­za» ¿es un ac­to de va­len­tía, de re­bel­día o de jus­ti­cia?

—Es un ac­to de amor in­con­di­cio­nal a to­dos los se­res vi­vos de es­te pla­ne­ta.

—Tam­bién has di­cho que a «los po­lí­ti­cos les ven­dría bien un po­co de hu­mor y re­ser­var mo­men­tos pa­ra el se­xo». ¿Por ese or­den?

—No se­ré yo quien or­ga­ni­ce la agen­da po­lí­ti­ca de na­die. Que ca­da uno se or-

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