“Oporto es un OA­SIS, pe­ro no he DE­JA­DO el tra­ba­jo”

En Por­tu­gal ha en­con­tra­do la libertad y el rit­mo que ne­ce­si­ta­ba para dis­fru­tar de su vi­da fa­mi­liar y de su rea­li­za­ción per­so­nal. Un mo­men­to dul­ce, co­ci­na­do a fue­go len­to.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Moda Vip - Por E. CAS­TE­LLÓ

Cuan­do ha­ce más de tres años la plu­ri­em­plea­da pe­rio­dis­ta y pe­sen­ta­do­ra Sa­ra Car­bo­ne­ro de­ci­dió pe­dir una ex­ce­den­cia y mu­dar­se con su ma­ri­do y su hi­jo de año y me­dio a Oporto, com­pren­dió fi­nal­men­te cuál era el sig­ni­fi­ca­do de lo que sue­le lla­mar­se slow li­fe: una vi­da más len­ta, más cons­cien­te, la des­ace­le­ra­ción co­mo fór­mu­la para ser fe­liz. Y se en­tien­de que pre­ci­sa­men­te al­guien co­mo ella lo en­ten­die­ra. Cuan­do tu ma­ri­do se lla­ma Iker Casillas y tú has pa­sa­do de pe­rio­dis­ta a in­fluen­cer ca­si sin so­lu­ción de con­ti­nui­dad, mu­dar­se a una ciudad con mar y sin pa­pa­raz­zi de­be de ser co­mo dar­se de ba­ja de la cla­se de cross­fit para apun­tar­te a la de yo­ga al día si­guien­te. Pro­fun­di­zan­do en esa fi­lo­so­fía, ese mis­mo año Sa­ra Car­bo­ne­ro de­ci­dió crear, jun­to a su ami­ga, la tam­bién pe­rio­dis­ta Isa­bel Ji­mé­nez, y a la es­ti­lis­ta May­ra del Pi­lar, la web Slow Lo­ve, que pro­mue­ve es­ti­lo y mo­da, sí, pe­ro tam­bién “la tran­qui­li­dad, el mi­mo, los de­ta­lles, la vuel­ta a los orí­ge­nes”, y que hoy su­pera los dos millones de vi­si­tas men­sua­les y da tra­ba­jo a 17 per­so­nas. Relajado, boho, na­tu­ral, lu­mi­no­so, ar­te­sano... To­dos es­tos ad­je­ti­vos po­drían de­fi­nir el es­ti­lo ac­tual de Sa­ra Car­bo­ne­ro, a quien na­da, ni los ne­go­cios, se le re­sis­ten.

Mujerhoy. ¿Có­mo han con­se­gui­do dar en el cla­vo de los gus­tos de to­da una ge­ne­ra­ción? Sa­ra Car­bo­ne­ro. Nos ha ido bien por­que he­mos si­do fie­les a nues­tra fi­lo­so­fía. No­so­tras que­ría­mos ha­cer las co­sas des­pa­cio, es­tar en­ci­ma de la pro­duc­ción y de la fa­bri­ca­ción, ha­cer to­do con res­pe­to, re­cu­pe­rar an­ti­guos ofi­cios, co­mo en el ca­so de los bol­sos o la al­fa­re­ría. Es muy su­fri­do, pe­ro de lo que más or­gu­llo­sa me sien­to es de ha­ber da­do tra­ba­jo a mu­cha gen­te.

¿Có­mo de­fi­ni­ría el es­ti­lo de Slow Lo­ve?

Es un es­ti­lo boho, ca­sual, muy tran­qui­lo, con co­lo­res bá­si­cos y te­ji­dos na­tu­ra­les…

¿Son esas las cla­ves para es­tar im­pe­ca­ble?

La cla­ve para es­tar im­pe­ca­ble es no com­pli­car­te, yo no me co­mo mu­cho la ca­be­za…

¿Qué pla­nes tie­nen para el fu­tu­ro

Slow Lo­ve? Aho­ra la web tie­ne un por­cen­ta­je muy gran­de de otras mar­cas y uno pe­que­ñi­to de nues­tros pro­pios pro­duc­tos. La idea es dar­le la vuel­ta a ese nú­me­ro y con­so­li­dar­nos co­mo mar­ca pro­pia.

Es una em­pre­sa­ria de éxi­to, a pe­sar de que hay quien pien­sa que ya no tra­ba­ja… Yo ni he de­ja­do de tra­ba­jar, ni he de­ja­do el pe­rio­dis­mo: lle­vo nue­ve años co­la­bo­ran­do con una re­vis­ta, ha­cien­do en­tre­vis­tas y ha­cien­do un blog. Si­go es­cri­bien­do, que es lo que más me gus­ta. Más que la te­le y más que to­do. Y ten­go, de he­cho, un pro­yec­to muy bo­ni­to que me lle­va mu­cho tiem­po. Es un li­bro al que voy dán­do­le for­ma, pe­ro muy des­pa­cio, sin pre­sio­nes edi­to­ria­les… Nun­ca he que­ri­do po­ner so­lo mi foto y mi nom­bre, por­que a mí de ver­dad me gus­ta es­cri­bir. Sé que para al­gu­na gen­te si no es­tás en la te­le­vi­sión, si no te ven, es por­que no tra­ba­jas, pe­ro no es así en ab­so­lu­to

¿Su for­ma de ves­tir es tam­bién más tran­qui­la aho­ra?

Sí, Oporto es un oa­sis. No hay pro­gra­mas de co­ra­zón y no hay pa­pa­raz­zi. La gen­te te da ca­ri­ño por la ca­lle, so­bre to­do a Iker, pe­ro yo no ten­go nin­gu­na pre­sión. Así que no me sien­to tan ob­ser­va­da. Lle­vo a los ni­ños al co­le, voy con una ami­ga a to­mar un ca­fé, a una reunión, al gim­na­sio...

¿Tie­ne más tiem­po para es­tar con los ni­ños?

Mu­chí­si­mo. Es­toy con ellos ca­si to­do el día. Es ra­ra la no­che en que no les ba­ña­mos y ce­na­mos jun­tos. Te­ne­mos mu­cha vi­da so­cial, pe­ro co­mo la ma­yo­ría de nues­tros ami­gos tie­nen ni­ños, aca­ba­mos ha­cien­do tam­bién mu­cha vi­da fa­mi­liar. Por eso es­toy dis­fru­tan­do tan­to. Oja­lá to­das las ma­dres pu­die­ran con­ci­liar y no per­der­se es­tos mo­men­tos de los pri­me­ros años de sus hi­jos. Es­toy con­ven­ci­da de que es un re­ga­lo tan­to para ellos, co­mo para mí.

¿Van a se­guir mu­cho tiem­po en Oporto?

De mo­men­to, lo que que­da de es­ta tem­po­ra­da y hay op­ción a una más. Hay ra­tos en que echas de me­nos Es­pa­ña, pe­ro es­ta es una ciudad ma­ra­vi­llo­sa para vi­vir con ni­ños y te­ne­mos el mar al la­do. Yo sé que nues­tro si­tio al fi­nal es­ta­rá en Ma­drid, pe­ro no me mar­co un pla­zo muy cor­to.

¿Qué ha­cen para que los ni­ños no pier­dan el con­tac­to con su cultura y su país?

En ca­sa ha­bla­mos en es­pa­ñol to­do el ra­to, la te­le la ven en es­pa­ñol y muy a me­nu­do vie­nen sus abue­los y su fa­mi­lia para es­tar con ellos. La suer­te es que es­ta­mos a una ho­ra es­ca­sa de avión de la fa­mi­lia, así que ha­ce­mos mu­chos via­jes. Mar­tin, que tie­ne cua­tro años, lle­gó con un año y me­dio a Oporto y em­pe­zó a ha­blar por­tu­gués ca­si de ma­ne­ra na­tu­ral, y aho­ra en­tien­de que so­mos es­pa­ño­les. Ha cos­ta­do un po­co, pe­ro ya lo tie­ne to­do co­lo­ca­do...

¿Có­mo se ve Es­pa­ña des­de Por­tu­gal?

Nos gus­ta es­tar in­for­ma­dos, pe­ro lo veo to­do ra­ro, ca­da vez peor. Al­go que me gus­ta de la cultura por­tu­gue­sa es que ellos ado­ran su país, de­fien­den su cultura y son muy pa­trio­tas. No­so­tros pa­re­ce que es­ta­mos siem­pre di­vi­di­dos.

Cha­que­ta de Coach y jer­sey de Cor­te­fiel.

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