Yo no soy de las que obe­de­ce y ya”

La nie­ta de Lo­la Flo­res atra­vie­sa un gran mo­men­to. En lo pro­fe­sio­nal triun­fa con «Vis a vis», que aca­ba de es­tre­nar la cuar­ta tem­po­ra­da, y «La ca­sa de pa­pel»; y en lo per­so­nal ha si­do es­co­gi­da por su pri­ma Ele­na Fu­ria­se para ser la ma­dri­na de su hi­jo Noah

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - RESPONDE - TEX­TO: MA­RÍA VIDAL Al­ba Flo­res AC­TRIZ

Di­ce que tie­ne la con­tra­dic­ción en­ci­ma, que tan­to sa­ca su ve­na más enér­gi­ca co­mo su la­do más pa­cho­rro. Tie­ne a quién sa­lir. Al­ba González Vi­lla (Ma­drid, 1986) —eli­gió el ape­lli­do de su abue­la Lo­la para lan­zar­se al mundo ar­tís­ti­co— es­tá sa­bo­rean­do las mie­les del éxi­to. No le ha lle­ga­do por ca­sua­li­dad, lle­va tiem­po for­mán­do­se, so­bre to­do en el tea­tro, pe­ro su vi­da cam­bió el día que le ofre­cie­ron in­ter­pre­tar a Sa­ray, una pre­sa de Cruz del Sur (del Nor­te des­de la pa­sa­da tem­po­ra­da) «con una ca­li­dad hu­ma­na a la que yo no lle­go co­mo per­so­na». —Lle­ga la cuar­ta tem­po­ra­da de «Vis a Vis», ¿nos va­mos a se­guir sor­pren­dien­do? —Yo creo que bas­tan­te, se tie­nen guar­da­das unas cuan­tas pa­lo­mas ahí en la man­ga co­mo los ma­gos. —¿Es de to­das las tem­po­ra­das la más emo­cio­nal, la que nos va a lle­gar más aden­tro? —Sí, creo que va a ser un ma­za­zo emo­cio­nal, por lo me­nos para mí lo ha si­do, y no se­ría ra­ro que lo fue­ra para el es­pec­ta­dor. —¿Nos va­mos a en­con­trar a la mis­ma Sa­ray o hay una evo­lu­ción? —Sí, hay mu­cha más ma­du­rez y con­flic­tos muy com­ple­jos. Yo he ne­ce­si­ta­do en­san­char­me el co­ra­zón para po­der ha­cer to­do lo que me to­ca ha­cer.

—¿Qué le de­bes a Sa­ray? —De to­do, de to­do. No te pue­do de­cir lo que me gus­ta es­te per­so­na­je e in­ter­pre­tar­lo. Me ha da­do mu­chí­si­mas co­sas...

—¿Per­so­nal­men­te? —Sí, sí, so­bre to­do creo que lo que más me ha apor­ta­do es per­so­nal­men­te, y mi­ra que me ha da­do a ni­vel pro­fe­sio­nal, pe­ro per­so­nal­men­te me ha da­do tan­ta ban­da an­cha para ju­gar, para pa­sar con­flic­tos y po­der en­ten­der más a otras per­so­nas, no sé... Lo me­jor que he di­cho so­bre Sa­ray es que para mí el per­so­na­je tie­ne una ca­li­dad hu­ma­na a la que yo co­mo per­so­na no lle­go.

—Uff. —Pe­ro es ver­dad, pue­do ima­gi­nar lo que es ser así en es­ta vi­da, pe­ro yo no

ten­go tan­ta ca­li­dad hu­ma­na. Y po­der vi­vir­lo así un ra­ti­to es la hos­tia... —He leí­do que cuan­do se es­tán emi­tien­do los ca­pí­tu­los, te co­nec­tas a Twit­ter para ver lo que es­tán di­cien­do y apren­der.

—Sí, a mí me gus­ta mu­cho.

—¿Es un po­co pe­li­gro­so?

—¿Por qué?

—Te pue­des en­con­trar de to­do. —Bueno, sim­ple­men­te para po­der acep­tar la crí­ti­ca por­que al fi­nal yo tra­ba­jo para un pú­bli­co, y no para un pú­bli­co es­pe­cia­li­za­do, sino para to­do el pú­bli­co. A mí me ins­tru­ye mu­cho, tam­bién te di­go que no es­toy ex­pues­ta a ca­da co­sa que me di­gan, yo apues­to por de­ter­mi­na­das co­sas ac­tuan­do y quie­ro ver qué tal caen, si se en­tien­den, si no, si se ig­no­ran, si mo­les­tan al re­la­to im­por­tan­te, y es­to me da mu­chas pis­tas. Al fi­nal cuan­do ha­ces una obra de tea­tro, yo que ven­go del tea­tro que es don­de me he for­ma­do, le to­mas la tem­pe­ra­tu­ra un po­co al pú­bli­co de có­mo es­tá yen­do la co­sa, ves có­mo reac­cio­na y si no, pues al día si­guien­te prue­bas otra co­sa. Es­tás con­tan­do la mis­ma his­to­ria, pe­ro con la te­le­vi­sión o lo au­dio­vi­sual, si es una pe­lí­cu­la ya te aguan­tas, pe­ro mu­chas ve­ces con las se­ries co­mo sa­be­mos que va a ha­ber otra tem­po­ra­da, si hay co­sas que no han que­da­do cla­ras o que se pue­den re­for­zar o que fal­tan por con­tar, las in­ten­to me­ter. —Di­cen que no eres de las ac­tri­ces que obe­de­ce y ya. Es­to có­mo se in­ter­pre­ta, ¿siem­pre tie­nes al­go más que de­cir?

—¿Quién ha di­cho eso? [Ri­sas] —Otra ac­triz, pe­ro no tie­ne por qué ser ma­lo. —Yo soy muy to­ca­co­jo­nes, ade­más de ver­dad. Me cues­ta mu­chí­si­mo ca­llar­me.

—Tie­ne su pun­to. —Hay que apren­der a ges­tio­nar­lo. A ve­ces pue­do re­sul­tar muy in­va­si­va, pe­ro con los años voy apren­dien­do có­mo ha­cer eso de la ma­ne­ra más in­te­li­gen­te. —¿No pre­fie­res a la gen­te que te vie­ne de ca­ra a la que va por de­trás? —Bueno, creo que las dos co­sas tie­nen su la­do, y es­to tam­bién te pue­de me­ter en pro­ble­mas, pe­ro... voy apren­dien­do có­mo las pue­do de­cir, có­mo las pue­do su­ge­rir... Yo creo que no soy al­guien que obe­de­ce y pun­to, por­que a mí me gus­ta bus­car­le los tres pies al ga­to, y apor­tar mi crea­ti­vi­dad a las se­cuen­cias y al asun­to, a ve­ces lo con­si­go más y a ve­ces me­nos.

FOTO: VIR­GI­NIA M. CHI­CO

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