Mi­che­lle Jenner

Tras en­car­nar a una rei­na, re­gre­sa dan­do vi­da a dos per­so­na­jes fuer­tes en los tur­bu­len­tos años 20. Hablamos con la ac­triz de mu­je­res lu­cha­do­ras y de qué sig­ni­fi­ca pa­ra ella ser fe­mi­nis­ta.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - De Cerca - Por E. CASTELLÓ Fo­tos: A. TERRÓN

EN UNA MU­JER, LA FOR­TA­LE­ZA SIEM­PRE TIE­NE CON­NO­TA­CIO­NES NE­GA­TI­VAS

Te­nía so­lo dos años cuan­do se plan­tó por pri­me­ra vez an­te una cá­ma­ra pa­ra pro­ta­go­ni­zar un anun­cio de flo­ta­do­res. A los seis ya era ac­triz de do­bla­je y con ape­nas 14 con­se­guía su pri­mer pa­pel en la pan­ta­lla, en

la te­le­vi­sión bri­tá­ni­ca. Des­de en­ton­ces, ha en­can­de­na­do apa­ri­cio­nes y éxi­tos en la pe­que­ña pan­ta­lla y en el ci­ne, en una ca­rre­ra que ya su­ma 18 años, a pe­sar de que Mi­che­lle aca­ba de cum­plir los 32. Jenner, hi­ja de una ac­triz y bai­la­ri­na y de uno de nues­tros me­jo­res ac­to­res de do­bla­je, ha­bla con na­tu­ra­li­dad y un tono des­po­ja­do de va­ni­dad, qui­zá por­que asu­me el ofi­cio co­mo quien res­pi­ra. Lle­va a sus es­pal­das al­gu­nos de los per­so­na­jes fe­me­ni­nos de ma­yor re­so­nan­cia de nues­tro ci­ne y te­le­vi­sión y es­tá acos­tum­bra­da a la res­pon­sa­bi­li­dad. “Ser ac­triz em­pe­zó co­mo un jue­go. Me di­ver­tía es­tar con otros ni­ños. El tru­co es­tá en que me lo si­ga pa­re­cien­do; un jue­go se­rio, pe­ro un jue­go. Y me­ter­me en los pa­pe­les co­mo los ni­ños se me­ten en el jue­go: si jue­gan a ser un pi­ra­ta, lo son de ver­dad. Eso in­ten­to bus­car en ca­da per­so­na­je”.

La rei­na Isa­bel la Ca­tó­li­ca en la se­rie Isa­bel; Sara, en Los hom­bres de Pa­co; Sil­via en No ten­gas mie­do, de Mont­xo Ar­men­dá­riz; o Bea­triz en la Ju­lie­ta de Pe­dro Al­mo­dó­var son al­gu­nas de las mu­je­res fuer­tes que ha en­car­na­do en la pe­que­ña y gran pan­ta­lla. Y pa­re­ce de­ci­di­da a se­guir en esa lí­nea. Aho­ra la ac­triz se me­te de nue­vo en la piel de dos per­so­na­jes de ar­mas to­mar. La pri­me­ra es Sara, una jo­ven anar­quis­ta en la Bar­ce­lo­na de prin­ci­pios de los años 20. En esa épo­ca vio­len­ta y co­rrup­ta, a pun­to de ini­ciar­se la dic­ta­du­ra de Pri­mo de Ri­ve­ra, el di­rec­tor Da­ni de la To­rre (El des­co­no­ci­do) si­túa La som­bra de la ley (es­treno, 11 de oc­tu­bre), una historia de gáns­te­res pro­ta­go­ni­za­da por Luis Tosar, Er­nes­to Al­te­rio y Pa­co Tous. La se­gun­da mu­jer fuer­te a la que Jenner po­ne ca­ra des­de ha­ce muy po­co es Andrea, la hi­ja del due­ño de un lo­cal noc­turno, con­ver­ti­do en ta­pa­de­ra del trá­fi­co de mor­fi­na en el Ma­drid de la mis­ma dé­ca­da, en la se­rie de TVE El con­ti­nen­tal.

Mu­jer­hoy. Sus dos úl­ti­mos pa­pe­les coin­ci­den en la mis­ma dé­ca­da his­tó­ri­ca, los años 20, y an­tes ha in­ter­pre­ta­do mu­chas fic­cio­nes de épo­ca. ¿Cree que hay que te­ner una sen­si­bi­li­dad es­pe­cial pa­ra ello? Mi­che­lle Jenner. Creo que todo el que es ac­tor es una per­so­na sen­si­ble, tie­ne em­pa­tía y fa­ci­li­dad pa­ra ac­ce­der a los sen­ti­mien­tos de los de­más, que es con lo que tra­ba­ja­mos. No creo que ha­ya que cen­trar­se en la di­fe­ren­cia de épo­ca. Con Isa­bel, el di­rec­tor me de­cía que lo im­por­tan­te era sa­ber lo que es sen­tir mie­do, lo que es que­rer. Hay que cen­trar­se en qué sien­te el per­so­na­je en ese mo­men­to, aun­que por me­dio apa­rez­ca la In­qui­si­ción [Ri­sas].

¿Có­mo tra­ba­jó pa­ra in­ter­pre­tar a la lu­cha­do­ra Sara, la jo­ven anar­quis­ta de La som­bra de la ley, dis­pues­ta a todo pa­ra con­se­guir su ob­je­ti­vo?

Sen­tí una emo­ción muy pro­fun­da des­de el pri­mer mo­men­to. En cuan­to leí el guion, me di­je que que­ría in­ter­pre­tar­lo, y sa­bía que po­día ha­cer­lo.

Ha te­ni­do el pri­vi­le­gio de in­ter­pre­tar a mu­chas mu­je­res de ca­rác­ter. ¿Fal­tan per­so­na­jes po­de­ro­sos pa­ra las ac­tri­ces? Creo que si­guen fal­tan­do, pe­ro que, po­co a po­co, hay más. Des­de ha­ce unos años, es­tán apa­re­cien­do per­so­na­jes pro­ta­go­nis­tas de mu­cho pe­so, apa­sio­nan­tes. Lo que fal­tan son his­to­rias de mu­je­res ma­du­ras, por­que la pro­ta­go­nis­ta de una historia in­tere­san­te no tie­ne por qué ser siem­pre una jo­ven­ci­ta.

¿Una mu­jer fuer­te si­gue sien­do con­si­de­ra­da una mu­jer mal­va­da?

Sí, una man­do­na [Ri­sas]. Es al­go que es­tá muy arrai­ga­do, in­clu­so en el len­gua­je. Cuan­do un hom­bre es así, se di­ce de él que es un buen lí­der, pe­ro en el ca­so de las mu­je­res siem­pre tie­ne con­no­ta­cio­nes ne­ga­ti­vas.

¿De qué tra­ba­jo de los que ha he­cho se sien­te más or­gu­llo­sa?

De to­dos, gran­de o pe­que­ño, por­que to­dos van su­man­do. Es ver­dad que hay pa­pe­les a los que guar­das un ca­ri­ño es­pe­cial y que se te que­dan gra­ba­dos por­que has es­ta­do mu­cho tiem­po con­vi­vien­do con ellos, co­mo fue en el ca­so de Isa­bel. Con

AHO­RA IN­TEN­TO SA­BER CUÁN­TO CO­BRAN MIS COM­PA­ÑE­ROS PA­RA DE­FEN­DER LO QUE ES MÍO.

él es­tu­ve tres años y fue evo­lu­cio­nan­do en ca­da tem­po­ra­da. Ade­más, aca­bas crean­do ca­si una fa­mi­lia con el res­to del equi­po de la se­rie.

¿Es de esas ac­tri­ces que se lle­van el per­so­na­je a ca­sa?

No. El tra­ba­jo qui­zá sí, pe­ro el per­so­na­je no. Pue­do pen­sar en una se­cuen­cia, pe­ro di­cen “Cor­ten” y yo soy Mi­che­lle otra vez.

¿Cuál ha si­do su ma­yor acier­to a la ho­ra de es­co­ger un pa­pel?

La ver­dad es que nun­ca sa­bes… Re­cuer­do que, tras Los hom­bres de Pa­co, re­cha­cé tres pa­pe­les que me ofre­cie­ron, por­que eran muy pa­re­ci­dos a lo que ya ha­bía he­cho. Te­nía la ne­ce­si­dad de ha­cer al­go di­fe­ren­te y po­ten­te. Y lle­gó la pe­lí­cu­la de Ar­men­dá­riz, No ten­gas mie­do [con la que es­tu­vo no­mi­na­da a los Go­ya].

¿Con quién le gus­ta­ría ro­dar?

Me gus­ta que me sor­pren­da la vi­da. Hay mu­cha gen­te a la que ad­mi­ro. Por ejem­plo, ro­dé con Al­mo­dó­var; es al­go que crees que no va a ocu­rrir, pe­ro de re­pen­te lle­ga. Lo que me im­por­ta es que sean his­to­rias con per­so­na­jes que me to­quen la fi­bra.

Tie­ne 32 años, pe­ro la he­mos vis­to cre­cer en la pan­ta­lla. ¿Le preo­cu­pa có­mo pue­de afec­tar a su ca­rre­ra? Pues sí y no. Es otra gue­rra de con­tra­dic­cio­nes que tie­nes co­mo ac­triz. Por una par­te, in­ten­tas no es­tar pen­dien­te de los cá­no­nes de be­lle­za, pe­ro es al­go con lo que has cre­ci­do y te ven­den que hay que pa­re­cer siem­pre jo­ven. Lo cier­to es que te en­tra mie­do. Por­que lle­gas a los 40 y los pa­pe­les ya no son ni tan bue­nos ni tan nu­me­ro­sos co­mo cuan­do tie­nes 25 o 30 años. Pe­ro a mí me gus­ta cre­cer, ma­du­rar y tam­bién po­der cam­biar al­gu­nas co­sas, co­mo esa.

¿Qué es lo que más y me­nos le gus­ta de su pro­fe­sión?

Lo que me gus­ta es ro­dar, ha­cer un per­so­na­je; que di­gan “¡Ac­ción!” y “¡Cor­ten!”; tra­ba­jar con el equi­po... Y, en el es­treno, ver la pe­lí­cu­la con tus com­pa­ñe­ros. O ir a un fes­ti­val y com­pro­bar el ca­ri­ño con el que te re­ci­be la gen­te. Pe­ro no es­toy có­mo­da en la al­fom­bra ro­ja, voy con ner­vios por si tro­pie­zo [Ri­sas].

¿Le gus­ta con­tro­lar có­mo evo­lu­cio­na su ca­rre­ra?

Has­ta cier­to pun­to sí, pe­ro no lo pue­des con­tro­lar todo. Siem­pre he con­si­de­ra­do que es muy im­por­tan­te ele­gir bien, tan­to lo que ha­ces co­mo lo que no. Pe­ro tie­nes que te­ner la suer­te de po­der de­ci­dir y no to­dos la tie­nen. Yo, siem­pre que he po­di­do, he pro­cu­ra­do ir po­co a po­co y cui­dan­do bien ca­da pa­pel que ha­go, por­que me gus­ta­ría po­der se­guir vi­vien­do de la in­ter­pre­ta­ción to­da la vi­da.

A LOS 40, LOS PA­PE­LES NO SON TAN­TOS NI TAN BUE­NOS. A MÍ ME GUS­TA MA­DU­RAR Y PO­DER CAM­BIAR­LO.

Us­ted se de­fi­ne co­mo fe­mi­nis­ta, sin me­dias tin­tas...

Nun­ca he te­ni­do nin­gún pro­ble­ma en de­cir­lo.

Mu­chas per­so­nas pien­san que de­cir­lo en voz al­ta, tan­to en su pro­fe­sión co­mo en otras, pue­de traer pro­ble­mas. [Ri­sas] Eso ocu­rre por­que to­da­vía hay mu­chas per­so­nas que no en­tien­den cuál es el sig­ni­fi­ca­do de ser fe­mi­nis­ta. Des­gra­cia­da­men­te, hay gen­te que cree que es lo con­tra­rio a ser ma­chis­ta, no se dan cuen­ta de que hablamos de igual­dad. Y a las fe­mi­nis­tas se las tra­ta mu­chas ve­ces con des­pre­cio. Pe­ro, por su­pues­to que yo lo soy.

¿Ha no­ta­do al­gu­na vez dis­cri­mi­na­ción en su pro­fe­sión, a pe­sar de ser ya una es­tre­lla?

Bueno, pue­do echar la vis­ta unos años atrás, a unas se­sio­nes de fo­tos en las que, por ser chi­ca, yo po­sa­ba li­ge­ri­ta de ro­pa y mi com­pa­ñe­ro ac­tor lo ha­cía bien abri­ga­do [Ri­sas]. Pien­so que par­te de ser fe­mi­nis­ta tie­ne que ver con la li­ber­tad de po­sar co­mo me dé la gana. Pe­ro aho­ra me pre­gun­to: ¿se­gu­ro que en esas oca­sio­nes te­nía la li­ber­tad pa­ra ele­gir po­sar con po­ca ro­pa o, sim­ple­men­te, da­ba por sen­ta­do que te­nía que ha­cer­lo?

¿Y con res­pec­to al me­nor suel­do de las ac­tri­ces?

No he sa­bi­do en to­dos mis tra­ba­jos cuán­to co­bra­ban mis com­pa­ñe­ros. Aho­ra in­ten­to sa­ber­lo pa­ra de­fen­der mi po­si­ción, lo que es mío. Pe­ro no he vi­vi­do na­da muy exa­ge­ra­do

¿Ha su­fri­do al­gún ti­po de in­si­nua­cio­nes o aco­so?

Por suer­te, no me ha pa­sa­do. Siem­pre he es­ta­do bien cuidada por mi re­pre­sen­tan­te. Em­pe­cé muy jo­ven­ci­ta, pe­ro nun­ca me he en­fren­ta­do so­la a es­te tra­ba­jo. Mi ma­dre siem­pre es­ta­ba cui­dan­do de mí o te­nía a al­guien más ma­yor al la­do.

¿Cree que, po­co a po­co, es­tán cam­bian­do las co­sas en ese sen­ti­do?

Sí, es­te ti­po de cam­bios son muy len­tos, pe­ro el pri­mer pa­so pa­ra cual­quier cam­bio es to­mar con­cien­cia de que hay un pro­ble­ma. Y creo que eso, afor­tu­na­da­men­te, lo es­ta­mos en­ten­dien­do ya.

La ac­triz lle­va ame­ri­ca­na de Es­prit, cár­di­gan de La­bor Ga­ba­la, ca­mi­sa de Adol­fo Do­mín­guez y pan­ta­lón de Liu Jo.

Trench y ca­mi­sa de Max Ma­ra, fal­da de Es­prit y bol­so de Louis Vuit­ton.

To­tal look de Dior.

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