«Pe­dí 12.000 eu­ros y ya he de­vuel­to más de 30.000»

El ca­so de un gallego que de­nun­ció es­tas tar­je­tas: «Pe­dí 12.000 eu­ros, pa­gué 30.000 y aún adeu­do 4.900»

La Voz de Galicia (Ourense) - - Portada - GLADYS VÁZ­QUEZ

El Ban­co de Es­pa­ña ad­vier­te en su si­mu­la­dor que las deu­das de las «re­vol­ving» pue­den no de­jar de cre­cer

Un ve­cino de Vigo, de 39 años, ja­más pen­só que en el 2006 le cam­bia­ría la vi­da. No te­nía li­qui­dez y bus­có di­ne­ro rá­pi­do. Pri­mer error. «Es­ta­ba en quie­bra, así que, por ig­no­ran­cia, pe­dí di­ne­ro a dos de es­tas en­ti­da­des». Ha­bla de fi­nan­cie­ras de di­ne­ro ágil y sin con­sul­tar ries­go. A ca­da una de ellas le so­li­ci­tó 2.000 eu­ros. «Las co­sas no me­jo­ra­ron y tu­ve que au­men­tar ca­da cré­di­to has­ta los 6.000. Do­ce años des­pués, les si­go de­bien­do di­ne­ro, y eso que nun­ca les he de­ja­do de pa­gar», se la­men­ta. Él (que, co­mo otros, pi­de el ano­ni­ma­to) es uno de los afec­ta­dos por las tar­je­tas re­vol­ving, una prác­ti­ca ex­ten­di­da para pres­tar di­ne­ro ex­prés para el con­su­mo que es­tá em­pe­zan­do a lle­gar con re­gu­la­ri­dad a des­pa­chos de abo­ga­dos ga­lle­gos, y so­bre la que el Ban­co de Es­pa­ña ha aler­ta­do re­cien­te­men­te por­que los in­tere­ses son ele­va­dos, y no se lle­ga si­quie­ra a amor­ti­zar, sino que in­clu­so se in­cre­men­ta el pa­si­vo. No cons­ta que ha­ya in­ter­ve­ni­do para pa­rar es­ta ope­ra­ti­va.

Des­pués de ha­ber pe­di­do en to­tal 12.000 eu­ros a las dos en­ti­da­des, es­te afec­ta­do echa cuen­tas: a día de hoy ha abo­na­do 30.000 eu­ros, y se­gui­ría de­bien­do 4.900. «He lle­ga­do al juz­ga­do. Una de las sen­ten­cias ha si­do a mi fa­vor. Me tie­nen que de­vol­ver 8.000 eu­ros. En el se­gun­do ca­so, 800. Voy a re­cu­rrir». Op­ti­mis­ta, re­co­no­ce ha­ber es­ta­do «muy mal». «Ca­da vez que veo los anun­cios de di­ne­ro fá­cil no te di­go lo que ha­ría». Y es que es más cons­cien­te de los in­tere­ses pa­ga­dos por­que tie­ne una com­pa­ra­ti­va cla­ra en su mano. Al tiem­po que so­li­ci­tó esos 12.000 eu­ros en re­vol­ving, pi­dió otros 30.000 a en­ti­da­des con­ven­cio­na­les. «Esos los he li­qui­da­do sin pro­ble­ma. Con los otros prés­ta­mos me lla­ma­ban para de­cir­me que po­día vol­ver a echar mano de lo amor­ti­za­do. No sa­bía que me cam­bia­ban las con­di­cio­nes. Es­ta­ba pa­gan­do más de un 24 % de in­tere­ses».

Más ca­sos. A un ve­cino de A Co­ru­ña, de 48 años, la opor­tu­ni­dad le lle­gó a la puer­ta. Un co­mer­cial le ofre­ció un re­vol­ving en su ne­go­cio. «Al prin­ci­pio no usé la tar­je­ta, pe­ro des­pués tu­ve un mal mo­men­to. Pa­gué los dos pri­me­ros años sin pen­sar­lo, pe­ro me di cuen­ta de que no amor­ti­za­ba y de­bía ca­da vez más. Y eso que mi cuo­ta pa­sa­ba de los 400 eu­ros. Pe­dí 6.000 eu­ros, pa­gué 10.000 y aún me re­cla­ma­ban 8.000. Me me­tie­ron en la lis­ta de mo­ro­sos. No me de­ja­ban en paz. Lo he lle­va­do a los tri­bu­na­les y aho­ra me tie­nen que de­vol­ver 3.000 eu­ros», cuen­ta. «Mal­di­to sea el mo­men­to en el que me lo ofre­cie­ron. Es­ta­ba pa­gan­do un 30 % de in­tere­ses. To­do lo que ga­na­ba en mi ne­go­cio iba para pa­gar ese prés­ta­mo», com­ple­ta.

Otros ca­sos no lle­gan an­te el juez. Fue el de otro vi­gués que va a re­cu­pe­rar 11.000 eu­ros. «¿Sa­bes cuán­to he pa­ga­do ya? 40.000». Con­tra­tó una co­no­ci­da tar­je­ta a tra­vés de un co­mer­cial que fue a su ofi­ci­na. «No le di im­por­tan­cia. Fue en el 2009 y no la usé en mu­cho tiem­po. Des­pués ne­ce­si­tas di­ne­ro rá­pi­do y se va for­man­do esa bo­la de nie­ve». Gas­tos pun­tua­les que no sa­be ci­frar con pre­ci­sión. «No soy cons­cien­te de cuán­to fui gas­tan­do. Sa­bía que era una fi­nan­cia­ción ca­ra y yo, por suer-

te, po­dría ha­ber­la pa­ga­do. En una con­ver­sa­ción in­for­mal en­ten­dí en dón­de me ha­bía me­ti­do». An­tes de bus­car un abo­ga­do, lle­gó a ha­cer un plan de pa­go. «Te di­cen que te han subido el lí­mi­te de cré­di­to. Es una tram­pa y te ge­ne­ra ne­ce­si­dad. “¿Sa­bes que pue­des te­ner dis­po­ni­bles 3.000 eu­ros?”, te di­cen. Y uno es tan bu­rro que lo asu­me».

Es­tos ca­sos se han quin­tu­pli­ca­do en los úl­ti­mos tiem­pos en

Ase­so­rity Abo­ga­dos, de Da­vid Al­fa­ya. «Te­ne­mos clien­tes con diez tar­je­tas. Al te­ner el pro­ble­ma, la gen­te in­ten­ta sa­lir con­tra­tan­do otras. Aca­ban con el agua al cue­llo. Hay per­so­nas que vie­nen con sus pa­dres por­que es­tos han con­tra­ta­do el prés­ta­mo sin sa­ber­lo. Otros han he­re­da­do las deu­das. Y eso que, en al­gu­nos ca­sos, ha­ce años que no se usan las tar­je­tas. No hay trans­pa­ren­cia ni in­for­ma­ción al con­tra­tar».

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