Un es­ce­na­rio per­fec­to pa­ra el dis­fru­te

O Pa­zo da Cre­ga se ha con­ver­ti­do en uno de los pun­tos con más ac­ti­vi­da­des del mu­ni­ci­pio y es ya un re­co­no­ci­do lu­gar de en­cuen­tro pa­ra cual­quier ti­po de ci­ta lú­di­ca o cul­tu­ral

La Voz de Galicia (Pontevedra) - Especial1 - - Reportaje - C. P.

La pie­dra que lo con­for­ta da una sen­sa­ción de ca­li­dez fa­mi­liar, mien­tras que su ai­re se­ño­rial trans­mi­te una ca­li­dez lle­ga­da de otro tiem­po. Qui­zás por eso O Pa­zo da Cre­ga sea hoy un lu­gar en el que se com­bi­ne a la per­fec­ción ocio y cul­tu­ra. Lo for­mal con lo in­for­mal. El sol con la som­bra. La Fes­ta do Vi­ño con el Pa­zo.

Des­de su lle­ga­da al Con­ce­llo, el go­bierno lo­cal ha tra­ta­do de lle­nar de vi­da un es­pa­cio que an­te­rior­men­te es­ta­ba des­ti- na­do a vi­si­tar­se ca­si ex­clu­si­va­men­te durante es­ta ce­le­bra­ción. El em­pu­jón a la agen­da cul­tu­ral ba­rren­se ha de­ri­va­do en un ir y ve­nir ha­bi­tual de los ve­ci­nos a es­te em­ble­má­ti­co es­pa­cio, que ha­ce más de una dé­ca­da ca­yó en ma­nos del Con­ce­llo.

Ya sea en Sa­maín, en Na­vi­dad, o en ve­rano; el Pa­zo da Cre­ga es hoy uno de los pun­tos neu­rál­gi­cos del mu­ni­ci­pio. Su com­bi­na­ción per­fec­ta en­tre ex­te­rior e in­te­rior lo con­vier­te en su si­tio ideal a la ho­ra de aco­ger cual­quier ti­po de ci­ta.

Tea­tro, bai­le, mú­si­ca... To­do en­cuen­tra su si­tio en los ha­bi­tácu­los de es­te lu­gar de pie­dra, que se ha eri­gi­do co­mo un em- ble­ma cul­tu­ral pa­ra to­dos los ve­ci­nos que, a ca­da po­co, acu­den has­ta él pa­ra ver un con­cier­to, co­no­cer al Apal­pa­dor o vi­si­tar un oa­sis si es po­si­ble.

Pa­ra la Fes­ta do Vi­ño el Pa­zo da Cre­ga re­sul­ta un pun­to de en­cuen­tro per­fec­to por el ge­nial uso de sus es­pa­cios. Ya sea a cu­bier­to o dis­fru­tan­do del sol, to­do aquel que acu­da po­drá go­zar de su co­mo­di­dad en­tre fa­mi­lia­res, ami­gos y ve­ci­nos.

Tam­bién co­no­ci­do co­mo Pa­zo de San An­to­ni­ño, des­ta­ca por su chi­me­nea al­me­na­da y el gran as­pec­to —lim­pio y re­for­ma­do— que lu­ce en la ac­tua­li­dad tras la pues­ta en va­lor que ha ido re­ci­bien­do los úl­ti­mos años.

Ha si­do tes­ti­go del na­ci­mien­to de vi­nos, de su aper­tu­ra y de su de­gus­ta­ción. Si sus pie­dras ha­bla­ran con­ta­rían se­gu­ro anéc­do­tas de to­do ti­po. Sus mu­ros ob­ser­van a los vi­si­tan­tes y sus ha­bi­ta­cio­nes in­te­rio­res los aco­gen. Una vi­si­ta obli­ga­da, y no so­lo en la Fes­ta do Vi­ño.

Ya sea en su in­te­rior o en sus zo­nas ex­te­rio­res, el Pa­zo lu­ce be­llo y lu­mi­no­so

La po­ten­cia­ción de la agen­da cul­tu­ral lo­cal ha per­mi­ti­do su cre­ci­mien­to

FO­TO CAPOTILLO

El am­bien­te durante la Fes­ta do Vi­ño en el Pa­zo da Cre­ga es agra­da­ble, con­for­ta­ble y sin ago­bios de nin­gún ti­po.

Se tra­ta de un es­pa­cio có­mo­do y fa­mi­liar.

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