«Es­te ca­mino es una vía ro­ma­na, una ru­ta his­tó­ri­ca»

La aso­cia­ción que li­de­ra Ce­les­tino Lo­res tie­ne co­mo mi­sión ve­lar por la pre­ser­va­ción y di­fu­sión de la ru­ta ja­co­bea que lle­ga a Ga­li­cia des­de Por­tu­gal

La Voz de Galicia (Pontevedra) - Especial1 - - Entrevista - M. GAGO

Ex­per­to en el ca­mino por­tu­gués y al­ma má­ter de su recuperación, Ce­les­tino Lo­res lo sa­be to­do so­bre es­ta ru­ta ja­co­bea.

—¿Des­de cuán­do exis­te el ca­mino por­tu­gués?

—Es una vía ro­ma­na, la 19, por lo tan­to es­ta­mos ha­blan­do de un ca­mino his­tó­ri­co de dos mil años. Fue vía mi­li­tar, lue­go co­mer­cial y, a par­tir del des­cu­bri­mien­to de la tum­ba del após­tol, de pe­re­gri­na­ción. Tan­to es así que en Bar­ce­los se crea tam­bién el mis­mo mi­la­gro que en San­to Do­min­go de la Cal­za­da, que can­tó la ga­lli­na. El ga­llo de Bar­ce­los tam­bién es ja­co­beo. Pon­te­ve­dra era una man­sión ro­ma­na y por aquí pa­sa­ba la vía 19. Uno que vie­ne, no co­mo pe­re­grino, sino pa­ra asal­tar la tum­ba del após­tol, es Al­man­zor que en 997 arra­sa Tui, Iria y Santiago. Más ade­lan­te, con el au­ge de la ru­ta, el pri­mer gran pe­re­grino egre­gio es el con­de En­ri­que de Por­tu­gal. Des­pués vie­ne la rei­na san­ta en el si­glo XIV, lue­go otro rey por­tu­gués, don Ma­nuel, en 1501; y tam­bién via­je­ros co­mo Cos­me de Mé­di­ci, que pa­sa en el si­glo XVII y otros mu­chos más. El 17 de ju­lio de 1750 hay cons­tan­cia es­cri­ta de que ha­bía mu­chos pe­re­gri­nos en la ca­te­dral, co­sa que tam­bién cuen­ta el pa­dre Sar­mien­to. A par­tir del si­glo XVIII ba­jan las pe­re­gri­na­cio­nes y se va per­dien­do has­ta que en el si­glo XIX y el XX no se re­co­rre. Es a fi­na­les del si­glo XX cuan­do se re­cu­pe­ra.

—¿Có­mo lle­gó a ha­cer­lo?

—Yo ya lo hi­ce en 1965, pe­ro por la ca­rre­te­ra, des­de Va­le­nça. Co­no­cía su exis­ten­cia, por lo que en 1991, cuan­do yo era can­di­da­to a con­ce­jal, en el pro­gra­ma elec­to­ral pu­se la recuperación del ca­mino por­tu­gués a Santiago. En 1993 con­se­gui­mos ha­cer la aso­cia­ción. Lle­va­mos aho­ra 25 años. Em­pe­za­mos allí y la eclo­sión es a par­tir de 1999, que se ha­cen los al­ber­gues. Pri­me­ro fue Pon­te­ve­dra, lue­go Pa­drón y Re­don­de­la. A par­tir de ahí em­pie­za a cre­cer el ca­mino has­ta es­te año que cal­cu­la­mos que pa­sen 80.000. De no te­ner nin­guno a fi­na­les del si­glo XX a te­ner aho­ra 80.000.

—¿Có­mo de­fi­ni­ría la ru­ta del ca­mino por­tu­gués fren­te a otras op­cio­nes ja­co­beas?

—Yo lo lla­mo un ca­mino fe­me­nino por­que tie­ne a la vir­gen Pe­re­gri­na, que es la pa­tro­na de to­dos los pe­re­gri­nos. Y tie­ne ade­más a la rei­na Isa­bel de Por­tu­gal, que es la rei­na san­ta y que hi­zo es­te ca­mino. Es un ca­mino que ha­cen aún hoy mu­chas mu­je­res por la se­gu­ri­dad que tie­ne, la co­mu­ni­ca­ción de la que dis­po­ne y lo cer­ca­na que hay en­tre po­bla­cio­nes im­por­tan­tes, co­mo Pon­te­ve­dra, Tui, Cal­das. En­ton­ces eso da una cier­ta se­gu­ri­dad. No hay que la­men­tar has­ta aho­ra nin­gu­na in­ci­den­cia re­le­van­te. El pai­sa­je des­de Opor­to es im­pre­sio­nan­te. Ha­bla­mos de 250 ki­ló­me­tros, diez días. Aho­ra ya se pue­de ha­cer des­de Fa­ro, pe­ro bien se­ña­li­za­do y con in­fra­es­truc­tu­ras des­de Opor­to. Tam­bién te­ne­mos las va­rian­tes co­mo de la Cos­ta y la Es­pi­ri­tual. Lo ca­rac­te­ri­za la se­gu­ri­dad y la co­mu­ni­ca­ción. Te­ne­mos el ae­ro­puer­to de Opor­to co­nec­ta­do con to­do el mun­do y eso per­mi­te que uno se ba­je del avión y ya pue­de co­ger su mo­chi­la y se echa a an­dar, sin que ha­ga fal­ta ir a nin­gún si­tio. Es muy di­fe­ren­te a ir a Ron­ces­va­lles o a O Ce­brei­ro. Esa es una de las gran­des ven­ta­jas, ade­más de la me­nor ma­si­fi­ca­ción.

—¿Có­mo se pue­de ac­tuar pa­ra que el ca­mino por­tu­gués se ma­si­fi­que y mue­ra de éxi­to?

—Ese es el gran re­to y no­so­tros por aho­ra lo es­ta­mos con­si­guien­do. Pri­me­ro, en la bue­na re­la­ción que hay en­tre la ofer­ta pú­bli­ca y los ho­te­les y la ofer­ta pri­va­da, que es­tá cre­cien­do en la me­di­da que lo ha­ce el ca­mino y hay una cier­ta com­pen­sa­ción. El he­cho de ha­cer va­rian­tes tam­bién da pa­ra que la gen­te se pue­da ir por un la­do o por otro.

FO­TO ÁN­GEL LÓ­PEZ

Lo­res es uno de los im­pul­so­res del ca­mino lu­so.

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