Sil­gar y Mon­tal­vo in­no­va­ron con la vi­gi­lan­cia con dro­nes

NO­VE­DA­DES ME­JO­RA EN LA SE­GU­RI­DAD DEL BA­ÑO La ma­rea ro­ja ti­ñó la ría de to­nos acres y ver­do­sos y el ca­lor hi­zo pro­li­fe­rar las al­gas en la ori­lla

La Voz de Galicia (Pontevedra) - Pontevedra local - - PONTEVEDRA - M. GA­GO

Unos ojos aé­reos vi­gi­la­ron des­de el cie­lo las pla­yas de Sil­gar y Mon­tal­vo, en San­xen­xo bue­na par­te de agos­to. Fue una ex­pe­rien­cia pi­lo­to, im­pul­sa­da por la em­pre­sa Te­lo­crea Dro­nes y en co­la­bo­ra­ción con el Con­ce­llo de San­xen­xo. Se tra­ta­ba de com­pro­bar la efi­ca­cia y la uti­li­dad del em­pleo de es­tos apa­ra­tos en dis­po­si­ti­vos re­la­cio­na­dos con el res­ca­te de ba­ñis­tas en pro­ble­mas. La ex­pe­rien­cia, pio­ne­ra en Ga­li­cia, re­sul­tó po­si­ti­va. Es­te año fue gra­tui­ta y sir­vió co­mo de­mos­tra­ción al Con­ce­llo pa­ra que el pró­xi­mo ve­rano se re­pi­ta y ya de una ma­ne­ra más for­mal. No se tra­ta de sus­ti­tuir a los so­co­rris­tas, sino de au­xi­liar­les. Un dron pue­de acer­car en cues­tión de unos po­cos se­gun­dos un flo­ta­dor a un ba­ñis­tas que se es­té aho­gan­do en lo que a una per­so­na le lle­va­ría va­rios mi­nu­tos. En agos­to, es­ta ex­pe­rien­cia se em­pleó so­bre to­do en la lo­ca­li­za­ción de dos ni­ños, a pe­ti­ción de los so­co­rris­tas, y los dro­nes tam­bién se uti­li­za­ron en va­rios avi­sos a bar­cos que ha­bían en­tra­do en la zo­na de ba­ño.

En la reha­bi­li­ta­ción de des­tro­zos cau­sa­dos por los tem­po­ra­les, el Con­ce­llo de San­xen­xo se vio obli­ga­do a re­po­ner los mó­du­los de so­co­rris­tas y aseos pú­bli­cos en va­rias pla­yas, mien­tras que Ma­rín tu­vo que ha­cer fren­te a las gam­be­rra­das co­mo los atas­cos de tu­be­rías de los baños con pie­dras o a la des­apa­ri­ción du­ran­te dos se­ma­nas de una de las pie­zas de la cis­ter­na de los aseos de Loi­ra. La ac­tua­ción más cos­to­sa en es­te ca­pí­tu­lo, en el ca­so ma­ri­nen­se, fue la re­pa­ra­ción de to­do el va­lla­do de ma­de­ra, des­de Por­to­ce­lo a Mo­gor, que los ván­da­los se de­di­ca­ban a ti­rar por los sue­los un fin de se­ma­na sí y otro tam­bién.

En­tre las no­ve­da­des de es­te ve­rano se re­cor­da­rá las tem­pe­ra­tu­ras del agua ex­tra­or­di­na­ria­men­te cá­li­das. Es­ta cir­cuns­tan­cia hi­zo pro­li­fe­rar las al­gas, mul­ti­pli­can­do el tra­ba­jo de los trac­to­res de con­ce­llos co­mo Poio y San­xen­xo, pa­ra des­pe­jar la are­na.

Tam­bién sir­vió pa­ra te­ñir de co­lo­res ocres, ver­des y ro­ji­zos am­plias zo­nas de la ría por una ma­rea ro­ja ino­cua pa­ra el hom­bre, pe­ro que pro­vo­có la abun­dan­cia de mi­cro­al­gas que, em­pu­ja­das por las co­rrien­tes, for­ma­ban bol­sas enor­mes de agua te­ñi­da de co­lo­res. Na­da se pu­do ha­cer más que es­pe­rar a que el vien­to las arras­tra­se fue­ra de la ría.

EMI­LIO MOL­DES E. MOL­DES

Un dron so­bre­vue­la Sil­gar en un si­mu­la­cro en San­xen­xo. La abun­dan­cia de al­gas fue una cons­tan­te en ju­lio y agos­to.

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