ES­TA ES LA FAN­TA­SÍA

DE ME­DIA ES­PA­ÑA. ¿LA CO­NO­CES?

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: SIL­VIA RA­MOS

Uno pue­de con­tro­lar el ob­je­to del otro por muy le­jos que es­té”

Y más aho­ra, que el pla­cer se ma­ne­ja a con­trol re­mo­to. Os pre­sen­to el te­le­dil­do­nic, que en­ca­be­za el rán­king de las fan­ta­sías más re­cu­rren­tes. Dos pis­tas: vibra y pue­des ma­ne­jar a dis­tan­cia el de otra per­so­na. ¿Quién di­jo le­jos?

Pa­ra­qué en­ga­ñar­nos, el se­xo a dis­tan­cia es di­fí­cil de lle­var. Del te­lé­fono —y una gran piz­ca de ima­gi­na­ción— pa­sa­mos des­pués a la web­cam y al Sky­pe. To­do muy au­di­ti­vo y vi­sual, pe­ro muy po­co tác­til. Y por mu­cho que se es­me­re nues­tro in­ter­lo­cu­tor, tam­po­co en­con­tra­re­mos de­ma­sia­da sor­pre­sa en lo que uno se ha­ce a sí mis­mo. Es aquí don­de en­tra en es­ce­na lo úl­ti­mo en ju­gue­tes se­xua­les, que a una ser­vi­do­ra le pi­lló por sor­pre­sa, pe­ro pa­re­ce que mu­chos ya se han da­do el ho­me­na­je.

Os trai­go el te­le­dil­do­nic, la se­gun­da fan­ta­sía se­xual de los es­pa­ño­les, se­gún los da­tos re­co­gi­dos por el Ba­ró­me­tro Con­trol de es­te año. Ya avan­za­mos que el pri­me­ro de los de­seos se­xua­les es el trío, in­dis­cu­ti­ble­men­te. Tam­po­co era muy di­fí­cil de ima­gi­nar. Pe­ro el te­le­dil­do­nic le pi­sa los ta­lo­nes en se­gun­do lu­gar, así que to­ca ex­pli­car qué es pa­ra to­dos los pro­fa­nos a los que el tér­mino les sue­ne a na­ve es­pa­cial. Es­te apa­ra­ti­to es la en­car­na­ción de lo úl­ti­mo en tec­no­lo­gía se­xual, un ju­gue­te en el que vie­nen dos vi­bra­do­res: un dil­do con­ven­cio­nal pa­ra ella y otro con un ori­fi­cio pa­ra él. ¿La gra­cia? Que uno pue­de con­tro­lar el ju­gue­te del otro es­té don­de es­té, aun­que sea en la otra pun­ta del mun­do, con una sim­ple co­ne­xión a In­ter­net.

Ben­di­to avan­ce pa­ra las pa­re­jas a dis­tan­cia, pen­sa­réis. Pues sí, pe­ro no. Por­que aho­ra es cuan­do lle­ga la se­xó­lo­ga Arán­za­zu Gar­cía y nos cuen­ta que lo que si­gue triun­fan­do es el te­lé­fono de to­da la vi­da. «La ma­yo­ría de las pa­re­jas a dis­tan­cia creo que es­pe­ran a es­tar jun­tas o lo man­tie­nen por vía te­le­fó­ni­ca», ase­gu­ra. Y es que es­to del te­le­dil­do­nic hay que ver­lo co­mo lo que es, una fan­ta­sía. Si com­pa­ra­mos la grá­fi­ca del ba­ró­me­tro, los que real­men­te lo uti­li­za­ron son ca­si tan po­cos co­mo los que di­je­ron ha­ber lle­va­do el trío a la prác­ti­ca. Lo que sus­ci­ta es el de­seo, que no es po­co. «An­tes ha­bía ju­gue­tes se­xua­les con ca­ble en los que la pa­re­ja gra­dua­ba la vi­bra­ción y la intensidad. Con es­ta no­ve­dad, el al­can­ce es mu­cho ma­yor y apor­ta al­go nue­vo que rom­pe la ru­ti­na, am­plía las po­si­bi­li­da­des», apun­ta la se­xó­lo­ga, que aña­de que «es­to aún no es­tá ocu­rrien­do, no es­tá tan ex­ten­di­do, aun­que creo que no tar­da­rá mu­cho». Des­de lue­go, mu­chos sí que lo co­no­cen y es­tán desean­do pro­bar­lo, aun­que po­dría no ser tan pro­pio de las pa­re­jas con­ven­cio­na­les.

¿PA­RA AVEN­TU­RAS O EN PA­RE­JA?

«Es­to so­lo se pue­de ver en el con­tex­to de un jue­go, y lo veo más pa­ra aven­tu­ras que pa­ra re­la­cio­nes de ver­dad», in­di­ca la experta, que va to­da­vía más allá: «El pro­pio con­cep­to de se­xo a dis­tan­cia, en mi opi­nión, es un oxí­mo­ron que mues­tra dos reali­da­des con­tra­pues­tas, por­que el se­xo tie­ne que ver con el con­tac­to. Es cier­to que nos gus­ta in­no­var, ex­pe­ri­men­tar... pe­ro va­ya, que tú te acues­tas con la per­so­na que quie­res te­ner al la­do».

Es­tés al la­do o no, el te­le­dil­do­nic es una op­ción más y, sin du­da, nos acer­ca. «Va­lo­ro mu­cho las op­cio­nes de aper­tu­ra, por­que el me­ro he­cho de te­ner es­te ob­je­to obli­ga a ha­cer al­go nue­vo, y eso ya es bue­ní­si­mo», in­di­ca Arán­za­zu, que no obs­tan­te le pide más avan­ces a los ju­gue­tes: «El dil­do fe­me­nino so­lo es­ti­mu­la a tra­vés de la pe­ne­tra­ción, que no les gus­ta a to­das las mu­je­res, pe­ro no lo ha­ce de for­ma cli­to­ria­na, que sí que nos sa­tis­fa­ce a to­das. No hay mu­jer a la que no le gus­te». A los vi­bra­do­res mas­cu­li­nos tam­bién les ve mu­cho mar­gen de me­jo­ra: «Hay que lu­bri­car­los y la lim­pie­za sue­le ser peor», ase­gu­ra. En cual­quier ca­so, sea re­mo­to o no, aquí se tra­ta de per­der el con­trol.

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