Soy ‘vie­jo­ven’, me gus­tan el pue­blo, la tie­rra, la mú­si­ca an­ti­gua

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - EN PORTADA . ENTREVISTA -

Los Cha­nan­tes. Sí que ten­go co­sas que no son nor­ma­les en la gen­te jo­ven. Me gus­ta la mú­si­ca an­ti­gua, vi­vir en un pue­blo, el tra­ba­jo en la tie­rra… Co­sas que an­tes se ha­cían y ya no se ha­cen, por eso di­go que soy un po­co vie­ju­na en eso.

—¿Có­mo fue­ron los co­mien­zos en la mú­si­ca?

—Yo can­to des­de que ha­blo, la ver­dad. Mi pri­mer ins­tru­men­to fue la ban­du­rria con so­lo 7 años, y a par­tir de en­ton­ces em­pe­cé a es­tu­diar mú­si­ca y a to­car ins­tru­men­tos. Lue­go vino la gui­ta­rra y a los 14 com­pu­se mi pri­me­ra can­ción.

—¿Có­mo era aquel te­ma?

—La pri­me­ra can­ción que com­pu­se se lla­ma­ba Do­ra­da per­fec­ción y ha­bla­ba de un via­je en pa­te­ra. La es­cri­bí al ver una de las pri­me­ras olas de afri­ca­nos que ve­nían a nues­tras cos­tas, hu­bo una des­gra­cia y me im­pac­tó mu­cho cuan­do la vi en las no­ti­cias. Mi pri­me­ra can­ción ha­bla­ba de eso.

—Al­gu­na vez di­jis­te que tu es­ti­lo de mú­si­ca era el «folk man­che­go», ¿có­mo lo de­fi­ni­rías?

—Bueno, eso de folk man­che­go es por­que se me ve un po­co el plu­me­ro de dón­de ven­go, pe­ro yo creo que no­so­tros ha­ce­mos una mú­si­ca sin eti­que­tas, sin pre­jui­cios y si al­guno ten­go es el de can­tau­to­ra o can­ción de au­tor. Com­pon­go mis can­cio­nes, pe­ro lue­go ca­da can­ción tie­ne un am­bien­te di­fe­ren­te y hay te­mas que son más or­gá­ni­cos, otros que son más ur­ba­nos, po­pe­ros, roc­ke­ros… Hay de to­do. Hay un po­pu­rrí de mu­chas in­fluen­cias.

—Mu­chos de tus con­cier­tos son en pe­que­ños pue­blos y no en gran­des ciu­da­des, ¿por qué?

—Me en­can­tan los pue­blos pe­que­ños y creo que no está re­ñi­do con lo que tam­bién ha­go aho­ra, que por suer­te es­ta­mos can­tan­do fren­te a mu­chos mi­les de per­so­nas. Y se­guir ha­cien­do con­cier­tos en la sa­la don­de yo he to­ca­do siem­pre, can­tar para 80, para 100 per­so­nas, can­tar en pue­ble­ci­tos pe­que­ños, a mí eso me da la vi­da. Así que si lo pue­do com­bi­nar, eso es per­fec­to.

—¿Aún te po­nes ner­vio­sa an­tes de ca­da ac­tua­ción? ¿Ha­ces al­go para re­la­jar­te?

—Me si­go po­nien­do ner­vio­sí­si­ma en ca­da uno de los con­cier­tos y da igual dón­de sea y cuán­ta gen­te ha­ya de­lan­te, siem­pre me pon­go un po­co ner­vio­sa, me da así co­mo do­lor de es­tó­ma­go. Pe­ro in­ten­to res­pi­rar, es­ta­mos siem­pre to­do el equi­po jun­to y a mí eso me re­la­ja mu­cho. Y lue­go sal­go y al po­qui­to se me qui­tan los ner­vios.

—Siem­pre te acom­pa­ña Bea en to­dos tus con­cier­tos tra­du­cien­do tus le­tras a la len­gua de sig­nos, ¿por qué? ¿Hu­bo al­go que te lle­va­ra a te­ner­la?

—Bea­triz siem­pre me acom­pa­ña por­que creo que es una ma­ne­ra im­por­tan­te de qui­tar una ba­rre­ra ha­cien­do tu mú­si­ca ac­ce­si­ble. Fue una ca­sua­li­dad ma­ra­vi­llo­sa la que nos unió y una vez que ya está in­cor­po­ra­da, apor­ta a to­dos los ni­ve­les, por su­pues­to el ar­tís­ti­co —ha­ce po­si­ble que to­do el mun­do pue­da ve­nir a es­cu­char­nos—, así que lo ra­ro hu­bie­ra si­do no po­ner­la a mi la­do. Por tan­to ahí se­gui­re­mos jun­tas.

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