Si­guien­do los pa­sos de Ma­nuel Gon­zá­lez y su tío Pe­pe

La Voz de Galicia (A Coruña) - Gastronomia y Vinos - - Enoturismo - TEX­TO J. M. ORRIOLS

En 1835 Ma­nuel Ma­ría Gon­zá­lez de­ci­dió de­di­car­se al mun­do del vino y fun­dó en Je­rez de la Fron­te­ra la ac­tual bo­de­ga de Gon­zá­lez Byass, nom­bre que to­mó al aso­ciar­se, 20 años más tar­de, con su dis­tri­bui­dor en Gran Bre­ta­ña Ro­bert Byass. Su cre­ci­mien­to fue es­pec­ta­cu­lar, has­ta si­tuar­se hoy co­mo una de las ma­yo­res del mun­do y la pri­me­ra en vi­si­tas de Eu­ro­pa. Allí es­tu­vi­mos

Por eso y por­que que­ría­mos co­no­cer, no so­la­men­te sus ins­ta­la­cio­nes, sino tam­bién la his­to­ria de Jo­sé Án­gel de la Pe­ña, su tío Pe­pe, nos fui­mos has­ta la ciu­dad an­da­lu­za a pi­sar aquel al­be­ro ( tie­rra de co­lor ocre, que se uti­li­za en las pla­zas de to­ros) y que cu­bre los sue­los de la bo­de­ga.

Co­men­za­mos la vi­si­ta en la sa­la de La Con­cha, cons­trui­da por el ar­qui­tec­to Jo­seph Coo­gan si­guien­do un pro­yec­to de Ale­xan­dre Gus­ta­ve Eif­fel. «Se inau­gu­ró en 1.862 —ex­pli­ca Víc­tor Ál­va­rez, del de­par­ta­men­to de vi­si­tas de Gon­zá­lez Byass— con mo­ti­vo de la pri­me­ra vi­si­ta real a la bo­de­ga de la rei­na Isa­bel II. Aquí es­tán, per­fec­ta­men­te or­de­na­das 206 bo­tas ( 600 li­tros ca­da una) de las que 115 tie­nen las en­se­ñas de los paí­ses a los que ex­por­ta­mos». Es un es­pa­cio es­pec­ta­cu­lar con una cú­pu­la de hie­rro, si­guien­do las di­rec­tri­ces de la torre Eif­fel de Pa­rís.

CUAR­TO DE MUES­TRAS Y BO­DE­GA EX­CLU­SI­VA DEL TÍO PE­PE

En un co­che eléc­tri­co Víc­tor nos lle­va a los jar­di­nes de do­ña Vic­to­ria, don­de es­tá la ca­sa de ve­rano de la fa­mi­lia y don­de aún se con­ser­va el cam­po que fue la pri­me­ra pis­ta de tenis de hier­ba de Es­pa­ña, ade­más de una gran mues­tra de ár­bo­les de to­do el mun­do.

Ya en el in­te­rior de una de las na­ves (to­das es­tán en su­per­fi­cie, por­que los edi­fi­cios es­tán acon­di­cio­na­dos pa­ra man­te­ner la tem­pe­ra­tu­ra, con ven­ta­nas mi­ran­do al mar y cu­bier­tas con cor­ti­nas de es­par­to, que trans­for­man el ai­re cá­li­do en fres­co) po­de­mos ver el cuar­to de mues­tras, don­de tra­ba­ja­ba el fun­da­dor y que se con­ser­va tal y co­mo Ma­nuel Ma­ría Gon­zá­lez lo de­jó ha­ce 130 años, ya que la fa­mi­lia, que es la quin­ta ge­ne­ra­ción, co­mo tri­bu­to a su me­mo­ria, de­ci­dió no to­car ab­so­lu-

ta­men­te na­da, con va­si­jas, pro­be­tas y gran can­ti­dad de bo­te­llas de aque­lla épo­ca. Tam­bién pu­di­mos ver la bo­de­ga del tío Pe­pe, per­so­na­je muy im­por­tan­te pa­ra la fa­mi­lia, por­que fue el que ayu­dó a Ma­nuel en sus ini­cios y a lo lar­go de su vi­da. De he­cho en una de las bo­tas, el pro­pio fun­da­dor es­cri­bió «So­le­ra del tío Pe­pe», mar­ca con la que hi­zo po­pu­lar en to­do el mun­do.

LA SA­LA DE LOS APÓSTOLES

Cuan­do la rei­na vi­si­tó la bo­de­ga le di­jo al fun­da­dor que le gus­ta­ría ver co­mo se pi­sa­ba la uva y Ma­nuel Ma­ría or­de­nó ha­cer una de­mos­tra­ción. De aque­lla pisa sa­lie­ron 33 bo­tas en las que ha­bía 16.300 li­tros de fino. Cuan­do mar­chó la vi­si­ta real y pa­ra re­cor­dar la efemérides, se pi­dió a Ale­ma­nia una gi­gan­tes­ca bo­ta ne­gra que se lla­ma el Cris­to, por­que lle­va en su in­te­rior el vino de las 33 bo­tas, ci­fra que coin­ci­de con los años de Je­su­cris­to. Y pa­ra que no es­tu­vie­se so­la se aña­die­ron 12 más pe­que­ñas que se si­tua­ron a am­bos cos­ta­dos con los nom­bres de los apóstoles. Por cier­to, y co­mo cu­rio­si­dad, muy pron­to sus­ti­tu­ye­ron la co­rres­pon­dien­te a Ju­das, por­que de­cían que de allí «no po­día sa­lir buen vino» y se pu­so la de Mateo.

UN ARO­MA ES­PE­CIAL

Es el que no­ta­mos na­da más en­trar en La Cua­dra­da, un edi­fi­cio en el que des­can­san 4.000 bo­tas y en la que los aro­mas se en­tre­mez­clan. Las bo­tas o ba­rri­cas, es­tán per­fec­ta­men­te or­de­na­das con las lla­ma­das so­le­ras en la par­te ba­ja y las cria­de­ras en la par­te más al­ta.

« Y es­to lo ha­ce­mos —nos di­ce Víc­tor— por­que aquí te­ne­mos un mé­to­do úni­co pa­ra nues­tros vi­nos. Ca­da año sa­ca­mos de la par­te ba­ja, de las so­le­ras, un ter­cio de vino. Ese va­cío lo re­lle­na­mos con el vino de las cria­de­ras, que com­ple­ta­mos des­pués con vino nue­vo.

La vi­si­ta se alar­ga más de ho­ras y aún po­de­mos ver la ca­lle Cie­gos, de­cla­ra­da co­mo la mas bo­ni­ta del mun­do.

PER­SO­NA­JES EL MÁSIM­POR­TAN­TE es, sin du­da, el tío Pe­pe, que nos re­ci­be des­de su pe­des­tal mos­tran­do una ba­rri­ca, pe­ro por es­ta bo­de­ga pa­san ca­da año más de 200.000 per­so­nas de to­dos los paí­ses. Fi­gu­ras re­le­van­tes en to­dos los ám­bi­tos. En la ima­gen los co­ci­ne­ros y pre­sen­ta­do­res del programa Master Chef de TVE.

MI­LES Y MI­LES DEBO­TAS re­po­san so­bre el al­be­ro de es­tas bo­de­gas y allí en­con­tra­mos des­de fir­mas de re­yes,has­ta ba­rri­cas fir­ma­das por per­so­na­jes ilus­tres de to­dos los ám­bi­tos.En la fo­to­gra­fía in­fe­rior ve­mos la sa­la de La Con­cha, en la que es­tán las bo­tas con los es­cu­dos de los115 paí­ses a los que ex­por­ta Gon­zá­lez Byass, en un es­pa­cio diá­fano en el que se ce­le­bra­ron ya im­por­tan­tes reunio­nes de cien­tí­fi­cos de to­do el mun­do. La cú­pu­la ha­ce honor al es­ti­lo del ar­qui­tec­to fran­cés.

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