VALEN MÁS QUE CHI­CO­TE

ES­TAS GA­LLE­GAS SON UNAS CRACS ANA­LI­ZAN­DO RES­TAU­RAN­TES

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: ALE­XAN­DRA MA­ZA / S. F.

«Ca­ma­re­ro, ¿las cro­que­tas de qué son?», «¡con­ge­la­das!». Por suer­te es­te diá­lo­go no sue­le re­pro­du­cir­se en los res­tau­ran­tes ga­lle­gos ac­tual­men­te, pe­ro aún hay mu­cho que ha­cer, so­bre to­do en la aten­ción a los clien­tes. «Aca­bar con el man­tra de que en Ga­li­cia hay un mal ser­vi­cio» es el ob­je­ti­vo de Cris­ti­na y Pa­tri­cia, las pro­ta­go­nis­tas de es­te re­por­ta­je, que no du­da­rían en ba­tir­se con el mis­mí­si­mo Chi­co­te si hi­cie­ra fal­ta, por­que su tra­ba­jo con­sis­te en re­vi­ta­li­zar el ne­go­cio de los hos­te­le­ros pa­ra me­jo­rar la ima­gen de los res­tau­ran­tes. «Lo de Chi­co­te es un show, lo nues­tro sí es de ver­dad», apun­ta Cris­ti­na, que lle­va 20 años de­di­cán­do­se a la res­tau­ra­ción y aho­ra es la res­pon­sa­ble de 5th Ave­nue, una ase­so­ría gas­tro­nó­mi­ca es­pe­cia­li­za­da en aten­der a los lo­ca­les. Su com­pa­ñe­ra es Pa­tri­cia, una ar­qui­tec­ta que ac­tual­men­te tie­ne una em­pre­sa de ges­tión de even­tos —Even­tua­li— que for­mó a raíz de su bo­da, cuan­do se dio cuen­ta de que su pa­sión era or­ga­ni­zar. «Pa­ra mí cual­quier cam­bio en res­tau­ra­ción es co­mo una obra efí­me­ra», ase­gu­ra. La cul­tu­ra de trans­for­mar las co­sas en la hos­te­le­ría hi­zo que Pa­tri­cia y Cris­ti­na unie­ran fuerzas pa­ra rea­li­zar no­ve­do­sos even­tos y me­jo­rar la calidad de los res­tau­ran­tes en Ga­li­cia.

Se ne­ce­si­ta­ban la una a la otra pa­ra po­der lle­var a ca­bo su pro­yec­to y aho­ra ya no ha­ce fal­ta ni mu­cho me­nos que ven­ga Chi­co­te, por­que ellas se encargan de ha­cer mu­cho me­jor su tra­ba­jo. Las dos ven to­dos esos de­ta­lles que a ve­ces a los hos­te­le­ros se les es­ca­pan: que si una cu­cha­ri­lla del ca­fé es­tá su­cia, que si un tro­zo de cás­ca­ra de hue­vo se ha co­la­do en tu tor­ti­lla, que si no le han pues­to hie­lo a tu be­bi­da, que si las al­me­jas tie­nen are­na, que si te han traí­do un pla­to que no es el tu­yo, que si tar­dan me­dia ho­ra en aten­der­te en la te­rra­za...

To­do es­to su­ce­de más a me­nu­do de lo que cree­mos, pa­ra pe­sar de mu­cha gen­te que cuan­do se sien­ta en una ca­fe­te­ría o en un res­tau­ran­te su­fre al­guno de to­dos es­tos in­con­ve­nien­tes. «No so­lo va­le re­cu­rrir a que en Ga­li­cia nos sal­va el buen pro­duc­to», de­fien­den Pa­tri­cia y Cris­ti­na. Pa­ra ellas, apar­te de la pre­pa­ra­ción y el cui­da­do, al la­do de un ri­quí­si­mo pla­to tie­ne que ha­ber tam­bién un buen en­torno. Las dos con­si­de­ran que to­dos los res­tau­ran­tes de­ben ofre­cer­le un 10 al clien­te en ex­pe­rien­cia gas­tro­nó­mi­ca. La mú­si­ca, la cu­ber­te­ría, el man­tel de la me­sa, la si­lla, la ilu­mi­na­ción y has­ta el cuar­to

de ba­ño tie­nen que es­tar en sin­to­nía. «El cuar­to de ba­ño es lo pri­me­ro que vi­si­to al en­trar a un res­tau­ran­te, si no es hi­gié­ni­co ya no me fío del local», di­ce Cris­ti­na.

OR­GU­LLO DE CA­MA­RE­ROS

¿Por dón­de se em­pie­za a ana­li­zar un res­tau­ran­te? En pri­mer lu­gar, va­lo­ran por qué creen que la em­pre­sa va mal. «Aten­de­mos tan­to la opi­nión del due­ño co­mo la del res­to de la gen­te que tra­ba­ja en el local pa­ra po­der par­tir des­de ce­ro. Des­pués, ob­ser­va­mos el ser­vi­cio, uno de los factores más im­por­tan­tes y tam­bién el que más fa­lla», in­di­can. «Hay que dar­se cuen­ta de que el clien­te lo pri­me­ro que ve es a quién le atien­de, por eso el ser­vi­cio es lo que más de­be cui­dar­se», ase­gu­ran Pa­tri­cia y Cris­ti­na.

Pa­ra ellas, otra de las gran­des di­fi­cul­ta­des es la po­ca im­pli­ca­ción que los due­ños de los lo­ca­les tie­nen con sus em­plea­dos y el abu­so que en oca­sio­nes su­fren es­tos úl­ti­mos: «Mu­chas ve­ces no bas­ta con una subida de suel­do a un ca­ma­re­ro o un co­ci­ne­ro, es ne­ce­sa­rio que se les re­co­noz­can las ho­ras que ha­cen, que ten­gan días li­bres y lo más importante es que se sien­tan par­te de ese ne­go­cio, que lo sien­tan co­mo su­yo pro­pio». «Tie­nen que sen­tir­se or­gu­llo­sos de ser ca­ma­re­ros», afir­man las dos. Pa­ra am­bas la ex­pe­rien­cia de vi­si­tar un res­tau­ran­te «hay que vi­vir­la con los cin­co sen­ti­dos». Ade­más de la me­jo­ra de la gastronomía, tam­bién ase­so­ran y crean even­tos pa­ra po­ten­ciar aún más los res­tau­ran­tes. «Es tan importante la son­ri­sa del ca­ma­re­ro co­mo el pri­mer sor­bo del vino», di­cen las dos. El buen ro­llo y la em­pa­tía tie­nen que es­tar pre­sen­tes des­de el prin­ci­pio en un sec­tor en el que se tra­ba­ja muy du­ro y mu­chas ho­ras. «Hay oca­sio­nes en que los ca­ma­re­ros no sa­ben lo que sir­ven y te atien­den mal, eso no de­be­ría ocu­rrir nun­ca, es muy importante la for­ma­ción y la ac­ti­tud, so­bre to­do», co­men­tan. Por eso Cris­ti­na y Pa­tri­cia re­cal­can que ellas no son co­mo Chi­co­te, ellas no es­tán en un show de la te­le­vi­sión, sino que vi­ven la trans­for­ma­ción real y ver­da­de­ra de los res­tau­ran­tes día a día. «Un res­tau­ran­te no se arre­gla en una se­ma­na ni re­de­co­rán­do­lo; hay que es­tu­diar­lo, ver qué quie­re trans­mi­tir su due­ño y ha­cer que to­dos los tra­ba­ja­do­res se sien­tan un equi­po».

Ellas es­tán con­ven­ci­das de que pue­de ha­ber un pa­rón por tan­ta crea­ti­vi­dad mal he­cha, y apun­tan que la co­ci­na tra­di­cio­nal bien ela­bo­ra­da con un to­que de ori­gi­na­li­dad es el fu­tu­ro. «Aquí que­re­mos to­mar una cen­to­lla de ver­dad, no una mous­se de cen­to­lla, te­ne­mos la ma­te­ria pri­ma y so­lo nos ha­ce fal­ta acom­pa­ñar­la con un buen ser­vi­cio», con­clu­yen.

FO­TO: MARCOS MÍGUEZ

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.