¿QUÉ PA­SA CON JA­PÓN?

ES­TAS SON LAS RA­ZO­NES DE POR QUÉ ES­TÁ DE MO­DA

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: MI­LA MÉN­DEZ

Es un país de otro pla­ne­ta. El tó­pi­co se ha­ce real cuan­do se pi­sa sue­lo ni­pón. Ca­lles lim­pias, y sin pa­pe­le­ras, ni­ños que via­jan so­los en el me­tro y si­len­cio. Si­len­cio en To­kio, en la ciu­dad más po­bla­da del mun­do. El bo­ca a bo­ca, y las re­des so­cia­les, son im­pa­ra­bles. Tam­bién, la po­lí­ti­ca del go­bierno ja­po­nés, que ha vis­to en el tu­ris­mo un fi­lón pa­ra su eco­no­mía. El Mun­dial de Ru­sia les ha echa­do otro ca­ble. Las imá­ge­nes de los afi­cio­na­dos ja­po­ne­ses re­co­gien­do la basura del es­ta­dio die­ron la vuel­ta al glo­bo. Si no­ta que ca­da vez más co­no­ci­dos van de va­ca­cio­nes al país del sol na­cien­te no es una ca­sua­li­dad. Ja­pón es ten­den­cia. ¿Una prue­ba? La ofi­ci­na na­cio­nal de tu­ris­mo ja­po­ne­sa ha abier­to otra en Ma­drid. Has­ta aho­ra, la co­mu­ni­ca­ción en cas­te­llano se ges­tio­na­ba des­de Pa­rís.

«Es el des­tino es­tre­lla. Pa­ra lu­nas de miel y pa­ra to­do», di­ce con­ven­ci­da Mar San­tos, ex­per­ta tu­ro­pe­ra­do­ra de A Coruña. «Es­te ve­rano es el lu­gar que más ven­de­mos en la agen­cia», aña­de San­tos, de Via­jes Án­co­ra. Mis­ma sen­sa­ción y ba­lan­ce ofre­ce Adol­fo Díaz, res­pon­sa­ble de Atlan­tis Tra­vel: «Asia ha ve­ni­do pa­ra que­dar­se».

Des­de la is­la que ba­ña el Pa­cí­fi­co, la es­pa­ño­la Lau­ra To­más Ave­lla­na es la coau­to­ra de uno de los blogs más leí­dos en len­gua his­pa­na so­bre el país, Ja­po­nis­mo. El ti­rón de Ja­pón tie­ne ci­fras exac­tas. «En el 2017 Es­pa­ña es­ta­ba a la ca­be­za de Eu­ro­pa en nú­me­ro de tu­ris­tas en­via­dos a Ja­pón, re­gis­tran­do ade­más un au­men­to de ca­si el 10 % en­tre enero y agos­to del 2017 con res­pec­to al año an­te­rior», in­sis­te To­más. Los nú­me­ros del 2018 apun­tan en la mis­ma di­rec­ción.

RA­ZO­NES PA­RA IR

Si ha­ce unos años in­tere­sa­ba so­bre to­do a los afi­cio­na­dos al man­ga y al ani­me, aho­ra atrae a to­do ti­po de via­je­ros «Cla­ra­men­te, lo más im­por­tan­te es el pre­cio», ex­po­ne Mar San­tos. «Mo­ver­se es fá­cil y muy se­gu­ro —con­ti­núa la agen­te de via­jes—. Des­de aquí, por In­ter­net, pue­des con­cre­tar la ho­ra de la ce­na en un ryo­kan. Nun­ca hay cam­bios. Cum­ple las pre­mi­sas del que via­ja y, te­nien­do en cuen­ta las dis­tan­cias, es un des­tino ase­qui­ble en­tre co­mi­llas». Adol­fo Díaz, de Atlan­tis Tra­vel, apor­ta pre­su­pues­tos: «Ha­ce tres años es­te via­je no ba­ja­ba de los 3.000 eu­ros por per­so­na. Aho­ra, lo pue­des te­ner por 1.400. Hay vue­lo di­rec­to con Ibe­ria des­de Ma­drid. 13 ho­ras sin es­ca­las. Si un Ri­vie­ra Maya te sa­le por 1.200, la di­fe­ren­cia com­pen­sa». Mar san­tos coin­ci­de en las cau­sas: «Pa­ci­fic, Qa­tar Air­ways, Emi­ra­tes, Air Fran­ce... to­das las aerolíneas es­tán in­tere­sa­das en el des­tino, hay mu­cha ofer­ta y eso ayu­da».

Tam­bién hay quien apun­ta a la ac­ción del go­bierno en es­te aba­ra­ta­mien­to de los vue­los. Don­de sí que no se pue­de ne­gar su in­ter­ven­ción es en las es­ta­cio­nes de las ciu­da­des más im­por­tan­tes: To­kio, Kio­to, Na­ra u Osa­ka. En­con­trar car­te­les de in­for­ma­ción en in­glés era mi­sión im­po­si­ble a co­mien­zos del 2010. Aho­ra, in­clu­so los tra­ba­ja­do­res del me­tro y del ser­vi­cio de tre­nes tie­nen unas no­cio­nes mí­ni­mas de la len­gua an­glo­sa­jo­na. «Ca­da vez es una op­ción más realista, y eso no es ca­sual. Los go­ber­nan­tes ja­po­ne­ses se han que­ri­do su­bir al ca­rro del tu­ris­mo cons­cien­tes de los be­ne­fi­cios que re­por­ta», ex­pli­ca Lau­ra To­más, que es­tu­dió en la Uni­ver­si­dad de Es­tu­dios Ex­tran­je­ros de Kio­to.

Pe­ro, si lo que ve no con­ven­ce, cual­quier es­tra­te­gia re­sul­ta inú­til. «Vie­nen en­can­ta­dos. El idio­ma no es un pro­ble­ma. Los ja­po­ne­ses no ha­blan in­glés, ma­yo­ri­ta­ria­men­te, pe­ro tie­nen vo­lun­tad de co­mu­ni­car­se y de ayu­dar­te», cuen­ta Mar. En pri­ma­ve­ra y en oto­ño, por sus co­lo­res, o en ve­rano por pla­yas co­mo las de Oki­na­wa. «El tu­ris­ta —de­ta­lla Lau­ra— tie­ne los neo­nes de To­kio, gran­des es­pa­cios abier­tos co­mo en Hok­kai­do, tem­plos mi­le­na­rios en Kio­to, his­to­ria re­cien­te en Hi­ros­hi­ma o cas­ti­llos ma­ra­vi­llo­sa­men­te con­ser­va­dos en Hi­me­ji».

Con los Jue­gos Olím­pi­cos de To­kio 2020 a la vuel­ta de la es­qui­na, el gan­cho pa­re­ce to­da­vía más fuer­te. «En las pa­re­jas ha ca­la­do un man­tra: Ha­gá­mos­lo aho­ra por si ma­ña­na no po­de­mos», re­ve­la Adol­fo Díaz. «Tai­lan­dia se ve co­mo al­go tí­pi­co. La gen­te quie­re ir a si­tios a los que no fue su ve­cino. Es el sín­dro­me de Ins­ta­gram», lan­za Agus­tín Váz­quez, de la agen­cia Via­jes Rai. «Ja­pón siem­pre ha te­ni­do su pú­bli­co. Se ven­de siem­pre», con­tra­po­ne Nu­ria Do­mín­guez, de la agen­cia vi­gue­sa Tu­ratlán­ti­ca. No cree que sea flor de un día. «Te ha­ce pen­sar. Es dis­tin­to al res­to», con­clu­ye Mar San­tos. Nun­ca el ho­gar de Mis­hi­ma ha­bía es­ta­do tan cer­ca.

FO­TO: KIMIMA ASA MAYAMA / EFE

CHO­QUE CUL­TU­RALEs­tá ase­gu­ra­do: Un des­tino asiá­ti­co con pun­tua­li­dad sui­za y for­ma­li­dad ale­ma­na.

NA­TU­RA­LE­ZAEl neón no es el úni­co que ha­bi­ta en To­kio. Los bos­ques son sa­gra­dos.

DE­LI­CA­DE­ZALa be­lle­za de los tem­plos pue­de lle­gar a ser abru­ma­do­ra.

CUL­TU­RALa dis­po­si­ción es lo me­jor del país.

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