Soy una gue­rre­ra de la vi­da”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - RESPONDE - TEX­TO: NOE­LIA SIL­VO­SA

Bea­triz Luen­go CAN­TAN­TE No tie­ne na­da de «Ca­pri­cho­sa», el úl­ti­mo hit que oí­mos de su pro­pia voz. Es­te es el mo­men­to de Bea­triz Luen­go, que por fin sa­bo­rea el triun­fo de su mú­si­ca en Es­pa­ña. En el amor, ha­ce mu­cho que to­mó la de­ci­sión co­rrec­ta. «Cuan­do vi a Yo­tuel con 18 años di­je: ‘Es el amor de mi vi­da’», cuen­ta de una his­to­ria en la que, al prin­ci­pio, na­die con­fia­ba: «Po­día ha­ber sa­li­do su­per­mal, pe­ro ya pa­sa­ron quin­ce años»

Se lo ha ga­na­do a pul­so. Des­pués de mu­chos años y de unas cuan­tas mu­dan­zas, Bea­triz Luen­go triun­fa con su eter­na son­ri­sa en su país y con su pro­pia voz. Sus le­tras ya for­ma­ban par­te de las lis­tas de éxi­tos de to­do el mun­do. Te­mas co­mo

Fie­bre y La Mor­di­di­ta, de Ricky Mar­tin, son prue­ba de ello, y es­tre­llas co­mo Sha­ki­ra y Jen­ni­fer Ló­pez ya arra­sa­ron con sus can­cio­nes. Des­pués de su gi­ra en La­ti­noa­mé­ri­ca, ini­cia­rá en sep­tiem­bre otro tour por to­do el te­rri­to­rio na­cio­nal con su nue­vo dis­co, Cuer­po y Al­ma. Des­pués de mu­chos años y de mu­cho pe­lear, es­te es su mo­men­to: «No so­né en la ra­dio la ma­yor par­te de las ve­ces por­que siem­pre lu­ché por mi li­ber­tad».

—Bea­triz, es­tás he­cha una «Ca­pri­cho­sa».

—To­tal­men­te, ja, ja, ja. Aun­que Ca­pri­cho­sa es un men­sa­je un po­co sar­cás­ti­co, por­que di­ce que soy ca­pri­cho­sa por de­ci­dir lo que quie­ro y có­mo ha­cer las co­sas, que en reali­dad no de­be­ría ser un ca­pri­cho, ten­dría que ser al­go que se nos de­be­ría dar de ma­ne­ra na­tu­ral. Ha­go un do­ble sen­ti­do.

—Has­ta Lara Ál­va­rez col­gó un ví­deo en Ins­ta­gram bai­lán­do­la des­de «Su­per­vi­vien­tes». Ya que os hi­cis­teis vi­ra­les can­tan­do jun­tas en otra oca­sión, ¿ve­re­mos una co­la­bo­ra­ción con ella?

—Pues mi­ra, yo creo mu­cho en que las can­cio­nes tie­nen que re­fle­jar si­tua­cio­nes reales y ho­nes­tas. Y Lara es una de las per­so­nas que más quie­ro en mi vi­da. Es una ayu­da im­pre­sio­nan­te, una com­pa­ñe­ra ge­ne­ro­sa. Es una chi­ca que he co­no­ci­do a tra­vés de las re­des y lue­go en per­so­na, y tie­ne to­dos los va­lo­res más bo­ni­tos que pue­de te­ner al­guien co­mo ella, que es tan lí­der. No es com­pe­ti­ti­va, siem­pre es­tá dis­pues­ta a ayu­dar, tie­ne un gran sen­ti­mien­to de apo­yo a la mujer. Tie­ne ga­nas de ha­cer las co­sas bien, cui­da mu­cho có­mo prepararse, por­que es­tá ab­so­lu­ta­men­te pre­pa­ra­da, y ade­más es gua­pa, pe­ro tam­po­co se es­con­de. Es co­mo: ‘Va­le, soy gua­pa, pe­ro no por eso voy a de­jar de es­tar ab­so­lu­ta­men­te pre­pa­ra­da’. Es muy se­ria, muy cui­da­do­sa con to­do lo que re­pre­sen­ta y con su tra­ba­jo. Una co­la­bo­ra­ción con Lara se­ría de una ho­nes­ti­dad tre­men­da por mi par­te, es­cri­bir una can­ción pa­ra can­tar con ella, por­que sien­to que ten­go mu­chas co­sas que de­cir arri­ba de un pa­pel, con lo que se­ría una con­ver­sa­ción con ella lle­va­da a mú­si­ca.

—La tu­ya es una ca­pri­cho­sa fe­mi­nis­ta.

—Sí, a ver, yo soy una fe-

mi­nis­ta que dis­fru­ta del fe­mi­nis­mo, no que lu­cha con­tra él. Me pa­re­ce que el fe­mi­nis­mo te­ne­mos que plas­mar­lo de mu­chí­si­mas ma­ne­ras. La pren­sa se­ria ya lo ha­ce es­tu­pen­da­men­te, igual que los li­bros, la te­le­vi­sión o los po­lí­ti­cos ha­cien­do le­yes. Pe­ro tam­bién te­ne­mos que es­tar las per­so­nas con­tan­do el em­po­de­ra­mien­to de la mujer des­de di­fe­ren­tes pun­tos. To­da mi ex­pe­rien­cia co­mo com­po­si­to­ra den­tro del gé­ne­ro ur­bano me ha­cía dar­me cuen­ta de que fal­ta­ban men­sa­jes así den­tro de la mú­si­ca ur­ba­na, que es lo que es­tá con­su­mien­do la gen­te hoy en día en Spo­tify y en las dis­co­te­cas. Y pen­sé que te­nía que bus­car­le un men­sa­je co­que­to, di­ver­ti­do y es­cri­to con un po­qui­to de do­ble sen­ti­do y sin ex­cluir a los hom­bres, por­que al fi­nal los ne­ce­si­ta­mos pa­ra el cam­bio. No se tra­ta de ex­cluir­les, sino que los dos jun­tos va­mos a de­ci­dir lo que que­re­mos ha­cer.

—La mú­si­ca ur­ba­na, que es tu gé­ne­ro des­de ha­ce mu­chos años, aho­ra es­tá vi­vien­do una ex­plo­sión.

—Sí, yo ven­go ha­cien­do ur­bano den­tro de mi mú­si­ca des­de siem­pre, des­de que me fui a Fran­cia con Hit Le­re­le, con una ba­se rít­mi­ca de hip hop y un so­ni­do un po­co fla­men­co. Y siem­pre bus­co el ra­peo en mis can­cio­nes. Yo es­cu­cho rap, y mi dis­co an­te­rior era to­do reg­gae, su­per­ur­bano, lo hi­ci­mos en Ja­mai­ca con el hi­jo de Bob Mar­ley. El ur­bano for­ma par­te de mí.

—Has­ta aho­ra no te es­cu­cha­mos de­ma­sia­das

ve­ces en Es­pa­ña.

—Me acuer­do de que en Es­pa­ña me de­cían: ‘Pa­ra so­nar en la ra­dio tie­nes que qui­tar­le el rap’, y yo nun­ca lo qui­té, aun­que tam­po­co so­né en la ra­dio la ma­yor par­te de las ve­ces. Siem­pre lu­ché por mi li­ber­tad. Aho­ra, co­mo es el nue­vo pop y reúne al con­su­mo ma­yo­ri­ta­rio, pues di­ga­mos co­mo que el ur­bano es­tá más de mo­da y to­do el mun­do ha­bla de eso. Pe­ro yo siem­pre apos­té por ese es­ti­lo, in­clu­so co­mo com­po­si­to­ra, por­que he com­pues­to pa­ra Ozu­na, Daddy Yan­kee, Wi­sin, Yan­del, Sen­sa­to, que es un ra­pe­ro su­per­al­ter­na­ti­vo de Re­pú­bli­ca Do­mi­ni­ca­na...

—¿Có­mo ha­ces pa­ra que to­do lo que to­cas se con­vier­ta en hit?

—Pa­ra na­da, oja­lá, ¡oja­lá fue­se así! ja, ja. Ten­go mis mo­men­tos, mis can­cio­nes que me han fun­cio­na­do, mis can­cio­nes me­dias, mis can­cio­nes pe­que­ñas. Lo que soy es muy cu­rran­ta, lle­vo cin­co años de se­sión dia­ria de com­po­si­ción. De cin­cuen­ta te­mas que com­pon­go co­lo­co cin­co, y de esos cin­co fun­cio­na uno y otros cua­tro se que­dan co­mo par­te de ál­bu­mes o hits en al­gu­nos paí­ses, y en otros no. Eso es una lotería, lo que sí es cier­to es que mu­chas can­cio­nes que son éxi­tos pa­ra la gen­te, a lo me­jor hay otras pe­que­ñas que no son tan co­no­ci­das, pe­ro que me sien­to muy or­gu­llo­sa de ha­ber­las he­cho. El éxi­to es­tá ahí, en có­mo tú mis­ma ges­tio­nas el éxi­to real, que a ve­ces no es­tá en los re­sul­ta­dos de ven­ta, sino en lo que a uno le emo­cio­na.

—Tú eres una ar­tis­ta ge­ne­ro­sa, es­cri­bes bom­ba­zos pa­ra los de­más. Lo mis­mo com­po­nes «Fie­bre» y «La Mor­di­di­ta» pa­ra Ricky Mar­tin que com­po­nes pa­ra

Sha­ki­ra o Jen­ni­fer Ló­pez. —Sí, Ricky Mar­tin es­tá en el nú­me­ro uno en Es­ta­dos Uni­dos con Fie­bre. He en­con­tra­do en la com­po­si­ción un lu­gar don­de evo­lu­cio­nar y apren­der, por­que ima­gí­na­te, los ar­tis­tas te­ne­mos opor­tu­ni­dad de edi­tar un dis­co, nor­mal­men­te, en una me­dia de tres años. Yo ten­go la opor­tu­ni­dad de es­tar sa­can­do mú­si­ca to­do el tiem­po, no hay un mes que no sa­que dos sin­gles, no so­lo en es­te ca­so con Ricky, tam­bién en Mé­xi­co con Cris­tian Cas­tro, Tha­lía... Eso me man­tie­ne to­do el día en el es­tu­dio con mi libreta, y es una ma­ne­ra de in­ves­ti­gar a lo bes­tia.

—¿Qué te apor­ta el cuer­po y qué te apor­ta el al­ma? Di­vi­dis­te en esas dos par­tes tu dis­co.

—Bueno, so­mos cin­cuen­ta por cien­to de ca­da co­sa me pa­re­ce. A mí siem­pre me vie­ne al pen­sa­mien­to, so­bre to­do en es­tas épo­cas de pro­mo­ción, que te pre­gun­tan mu­cho so­bre có­mo cui­das tu piel y lo que co­mes, pe­ro nun­ca te pre­gun­tan có­mo cui­das tu al­ma, por­que el al­ma se cui­da tam­bién. A mí me gus­ta mu­cho leer, man­te­ner una bue­na con­ver­sa­ción, cam­biar de opi­nión, que me ha­gan cam­biar de opi­nión, pe­lear por las mías tam­bién. Me gus­ta se­gún van pa­san­do los años en­con­trar ca­mi­nos cor­tos pa­ra en­con­trar la tran­qui­li­dad, es­tar re­la­ja­da... Las con­ver­sa­cio­nes so­bre có­mo ayu­dar a ges­tio­nar me­jor las emo­cio­nes.

—Pe­ro en ti el cuer­po es fun­da­men­tal.

—Sí, por­que por otro la­do bai­lo, bai­lo mu­cho. El bai­le siem­pre ha for­ma­do par­te de mi ADN des­de ni­ña, tan­to a mo­do de es­tu­diar­lo co­mo ca­rre­ra co­mo des­pués, que lo he man­te­ni­do. En­ton­ces mi cuer­po es im­por­tan­te. Por ejem­plo, cuan­do ten­go un mal día y me le­van­to de ba­jón, me ac­ti­vo y me voy a mi es­cue­la de bai­le que ten­go en Ma­drid, me doy unas clases y me cam­bia to­do. Creo que es una unión de los dos. Yo no po­dría ser de esas per­so­nas que es­tán to­do el día en el gim­na­sio y des­pués tie­nen una con­ver­sa­ción con una ami­ga y so­lo ha­bla de pro­teí­nas, y tam­po­co po­dría es­tar to­do el día le­yen­do mien­tras co­mo bo­lle­ría in­dus­trial y pen­san­do que no es­toy cui­dan­do el cuer­po, que es muy im­por­tan­te pa­ra la sa­lud.

—Eres equi­li­bra­da, por lo que veo.

—Bueno, lo in­ten­to, ja, ja, ja.

—Y vuel­ves muy bien acom­pa­ña­da. Alejandro Sanz, la Ma­la Ro­drí­guez, Oris­has, Car­los Rivera... ¿Co­la­bo­rar con Alejandro ha si­do un sue­ño cum­pli­do?

—Bueno, es que ima­gí­na­te. Alejandro es un poeta, un dios y yo no sé cuán­tas ge­ne­ra­cio­nes van a pa­sar has­ta que al­guien con­si­ga ha­cer una ca­rre­ra co­mo la su­ya. Es im­pre­sio­nan­te y lo ad­mi­ro tan­to des­de que era una ni­ña, que pa­ra mí te­ner­le y que ha­ya can­ta­do una can­ción mía co­mo com­po­si­to­ra, es de lo que más or­gu­llo­sa me sien­to. Siem­pre so­ñé con can­tar con Alejandro, y cual­quier es­ce­na­rio hu­bie­se si­do per­fec­to. Pe­ro no es lo mis­mo que él me hu­bie­se in­vi­ta­do a can­tar una can­ción su­ya, que tam­bién hu­bie­se si­do ma­ra­vi­llo­so, que que él es­té can­tan­do mis pa­la­bras. No pue­do des­cri­bir lo que sen­tí el día que es­tá­ba­mos gra­ban­do en el es­tu­dio y le veía con el pa­pel que yo le ha­bía im­pre­so con pa­la­bras de mi pu­ño y le­tra y que él las es­ta­ba le­yen­do y pa­san­do por su voz. Era co­mo... No sé, no sé lo que es le­vi­tar, pe­ro lo más pa­re­ci­do a le­vi­tar lo sen­tía yo.

—Hay mu­cha mú­si­ca en tu vi­da, ¿pe­ro ya no te vol­ve­re­mos a ver co­mo ac­triz?

—Pues sí, mi­ra, me han ofre­ci­do al­gu­nas co­sas, pe­ro lo que me pa­sa es que la mú­si­ca es mi vo­ca­ción ab­so­lu­ta. La ac­tua­ción me gus­ta­ría, pe­ro cuan­do veo que pue­do te­ner un hue­co no es­tá el pro­yec­to, y cuan­do ten­go de to­do le doy prio­ri­dad a la mú­si­ca. Lo que me ocu­rre con la in­ter­pre­ta­ción es que, por mi per­so­na­li­dad, es una pro­fe­sión que me re­sul­ta di­fí­cil de lle­var por­que ha­cer una prue­ba y que­dar­te en tu ca­sa es­pe­ran­do pa­ra po­der desa­rro­llar­la, a ex­pen­sas de que al­guien te lla­me, de que una pro­duc­to­ra de un okey... que ha­ya que mon­tar un de­co­ra­do, unas cá­ma­ras, edi­tar­lo... Es una ca­de­na de mu­chas co­sas que tie­nen que pa­sar pa­ra tú po­der ex­pre­sar­te. Y sin em­bar­go, la mú­si­ca no es de­pen­dien­te, tú ha­ces un ví­deo, te lo subes... Y hay una co­mu­ni­ca­ción di­rec­ta con la gen­te sin te­ner que pa­sar por tan­tos fil­tros.

—Aho­ra que eres ma­dre, ¿tie­nes me­nos tiem­po?

—Es que aho­ra mis­mo es­toy co­mo una ni­ña pe­que­ña, ¿sa­bes? He lu­cha­do tan­to por lle­gar a es­te pun­to, que es el me­jor mo­men­to de mi ca­rre­ra, con dis­co nú­me­ro uno en ven­tas di­gi­ta­les, nú­me­ro uno en sin­gle, nú­me­ro cua­tro en ven­ta fí­si­ca, 33 mi­llo­nes de streams, seis mi­llo­nes del dan­ce vi­deo en me­nos de un

mes... Ver­da­de­ra­men­te no lo di­go co­mo nú­me­ros, pe­ro sí a ni­vel de su­pera­ción. No sé có­mo es­ta­ré ma­ña­na, pe­ro hoy me es­tá pa­san­do es­to y es­toy alu­ci­na­da por­que es­to nun­ca lo he te­ni­do. Es mi me­jor mo­men­to y quie­ro es­tar en to­das par­tes pa­ra po­der ce­le­brar­lo.

—O sea, que te no­tas que­ri­da.

—Sí, la gen­te po­ne los hash­tag #Yo­no­me­rin­do o #Gue­rre­ra­de­la­vi­da, por­que han vis­to mi emo­ji-gra­fía. Me he he­cho mi his­to­ria a tra­vés de emo­jis del te­lé­fono y la he subido a You­Tu­be. Ter­mi­na con el hash­tag #Gue­rre­ra­de­la­vi­da, y aho­ra la gen­te me lo po­ne y en las fir­mas me di­cen: «Bea­triz, te lo me­re­ces».

—¿Por qué crees que no siem­pre te ha ido así de bien aquí?

—Yo he lu­cha­do por mi li­ber­tad, por pro­po­ner lo que yo que­ría. Pe­ro he te­ni­do la suer­te, y la des­gra­cia tam­bién, aun­que quie­ro des­ta­car lo de suer­te por­que lue­go cuan­do se sin­te­ti­za, que­da muy mal... Yo es­toy su­per­agra­de­ci­da con Un pa­so ade­lan­te, mu­cho. Ha si­do la se­rie que hi­zo que la gen­te su­pie­ra quién era es­ta chi­ca de ba­rrio con muy po­cas po­si­bi­li­da­des de de­di­car­se a es­to, por­que na­die, ab­so­lu­ta­men­te na­die de mi fa­mi­lia, me po­día ayu­dar ni acor­tar­me el ca­mino. Lo que pa­sa que lue­go UPA Dan­ce co­mo fe­nó­meno mu­si­cal fue una eti­que­ta im­por­tan­te que me di­fi­cul­tó mu­cho dar des­pués el si­guien­te pa­so, que era yo co­mo can­tau­to­ra con mi pro­pues­ta.

—Y eras muy jo­ven.

—Sí, pe­ro tam­bién tu­vo una par­te muy bue­na pa­ra mí, que es lle­nar es­ta­dios y ven­der un mi­llón y me­dio de dis­cos con 18 años y dar­me cuen­ta de que la fe­li­ci­dad que yo sen­tía en ese mo­men­to no era la que de­bía sen­tir. Y des­pués me en­con­tré al año si­guien­te con mi dis­co y lle­nan­do con 300 per­so­nas, pe­ro me di cuen­ta de que así sí que era muy fe­liz, por­que es­ta­ba con­tán­do­le a la gen­te mu­si­cal­men­te lo que yo que­ría pro­po­ner, que era arries­ga­do. Por­que yo no sa­lí en mi pri­mer dis­co con el apo­yo de ra­dios ni de na­da, y eso me hi­zo dar­me cuen­ta de que mi fe­li­ci­dad a mo­do per­so­nal era lu­char por lo que yo creía. Y eso es lo que he in­ten­ta­do ha­cer du­ran­te to­dos es­tos años.

—¿Pue­de ser que aquí en Es­pa­ña Lo­la, tu per­so­na­je en «Un pa­so ade­lan­te», eclip­sa­se un po­qui­to a Bea­triz?

—Si tú te po­nes a pen­sar, aho­ra mis­mo di­go: ‘Hay gru­pos de mú­si­ca aquí que yo nun­ca he te­ni­do un dis­co y voy a un con­cier­to y re­sul­ta que me sé las dos ho­ras de con­cier­to, por­que las ra­dios me pu­sie­ron su mú­si­ca, la te­le­vi­sión me mos­tró su pro­pues­ta’. Yo ten­go cin­co dis­cos y du­do mu­cho que al­guien que no me ha­ya se­gui­do se se­pa una can­ción mía. Yo no he te­ni­do la opor­tu­ni­dad, esa es la ver­dad. Pa­sé de un mi­llón y me­dio de dis­cos con UPA Dan­ce, don­de es­ta­ba en te­le­vi­sión, en ra­dio y en to­das par­tes, a mis cua­tro dis­cos si­guien­tes, que en uno me fui a vi­vir a Fran­cia y aquí ni si­quie­ra se edi­tó. Mi dis­co úl­ti­mo se edi­tó en Es­ta­dos Uni­dos y La­ti­noa­mé­ri­ca, y aquí nun­ca sa­lió. Y con mis dos dis­cos en Es­pa­ña no tu­ve apo­yo na­da más que con Ca­rrou­sel y Pre­ten­do ha­blar­te.

—La Vuel­ta Ci­clis­ta lo cam­bió to­do.

—La Vuel­ta Ci­clis­ta fue una ben­di­ción, me apo­ya­ron las ra­dios y de una so­la can­ción con­se­gui­mos dis­co de oro y que me die­sen Pre­mio Ca­de­na Dial, Ca­de­na Cien, los40... Me pa­só to­do lo que le pue­de pa­sar a una per­so­na con un sin­gle na­da más. Mu­cha gen­te no sa­be lo que ha he­cho es­ta chi­ca has­ta es­te mo­men­to.

—Tie­nes un ca­rre­rón.

—Pe­ro sois vo­so­tros, los me­dios, los que me ayu­dáis a con­tar­lo. Yo no pongo en mis re­des so­cia­les que ten­go ocho no­mi­na­cio­nes a los Grammy, es que me da ver­güen­za. Yo me en­cuen­tro en el sú­per a una se­ño­ra y me di­ce: ‘Ay, te vi en una en­tre­vis­ta y yo no sa­bía que ha­cías es­to’. Y eso no lo pue­den sus­ti­tuir las re­des so­cia­les.

—Tu vi­da per­so­nal tam­bién es ple­na. Es in­creí­ble por­que acer­tas­te a la pri­me­ra con Yo­tuel, él fue tu pri­mer no­vio.

—Sí, pa­sa­ron quin­ce años ya. Y no con­fia­ba na­die en no­so­tros, la ver­dad,

—¿Y eso por qué?

—No sé, su­pon­go que por­que nos co­no­ci­mos den­tro del me­dio ar­tís­ti­co, o por­que te­nía­mos eda­des di­fe­ren­tes. Que aho­ra no es mu­cho, por­que nos lle­va­mos seis años, pe­ro en­ton­ces yo te­nía 18 y Yo­tuel 24, y de una vi­da muy vi­vi­da, co­sa que yo no. Yo era una chi­ca que iba de mi cla­se de bai­le al tea­tro, del tea­tro al ins­ti­tu­to... Yo nun­ca fui una chi­ca muy ade­lan­ta­da en es­tos te­mas ni na­da, así que real­men­te me pu­do ha­ber sa­li­do muy mal. Por­que me enamo­ré y di­je: ‘Uy, es el amor de mi vi­da’, des­de el mi­nu­to uno. Lo di to­do, y él tam­bién, por­que ade­más él es muy apa­sio­na­do y muy la­tino, muy ro­mán­ti­co. Po­día ha­ber sa­li­do su­per­mal, yo por inex­pe­rien­cia y él por ca­rác­ter. Y de re­pen­te nos ha sa­li­do muy bien, y es­toy muy con­ten­ta, so­bre to­do por­que he­mos cre­ci­do jun­tos y he­mos pa­sa­do mu­chas co­sas, co­mo cam­bios de vi­vir en di­fe­ren­tes paí­ses sin nues­tras fa­mi­lias, y eso une mu­cho. Lue­go nos de­di­ca­mos a lo mis­mo y él me res­pe­ta mu­cho en mis de­ci­sio­nes y yo a él en las su­yas. Yo co­la­bo­ro en el nue­vo dis­co de Oris­has que aca­ba de sa­lir y él co­la­bo­ra en el mío, pe­ro siem­pre nos res­pe­ta­mos mu­cho en los pro­yec­tos de ca­da uno.

—Al fi­nal es lo im­por­tan­te, ade­más de que­rer­se, res­pe­tar­se.

—Sí, hay gen­te que por que­rer­se y man­te­ner­se uni­dos, uno se do­ble­ga an­te el otro. En nues­tro ca­so, nin­guno ha te­ni­do que do­ble­gar ab­so­lu­ta­men­te na­da. Aga­rra­mos nues­tras agen­das y por ejem­plo, es­ta se­ma­na que yo es­toy via­jan­do, él es­tá en Ma­drid con nues­tro ni­ño, por­que de­ci­di­mos que siem­pre tie­ne que te­ner a uno de los dos. Es lo que nos he­mos pro­pues­to co­mo fa­mi­lia y te­ne­mos que ha­cer­lo así. Tra­ta­mos más o me­nos de or­ga­ni­zar­nos de esa for­ma.

—Con dos años, ¿se en­te­ra mu­cho?

—Sí, sí que se en­te­ra. Ayer por ejem­plo por la no­che, que no po­día dor­mir, me de­cía en el Fa­ceTi­me: ‘Ma­má, pe­lo’, por­que me to­ca el pe­lo pa­ra dor­mir. Él sí se en­te­ra, lo que pa­sa es que los dos le trans­mi­ti­mos que es­to es a lo que nos de­di­ca­mos, lo que sa­be­mos ha­cer, y to­do es por él, por nues­tra fa­mi­lia. En to­dos los sen­ti­dos, no so­la­men­te en el eco­nó­mi­co, tam­bién en el emo­cio­nal. Yo no sé lo que le voy a de­jar a mi hi­jo a ni­vel fi­nan­cie­ro, lo que sí sé es que le voy a de­jar la fi­gu­ra de una ma­dre que lu­chó con to­do por sus sue­ños y por lo que se plan­teó ha­cer en la vi­da, que me pa­re­ce su­per­im­por­tan­te. Y que el día de ma­ña­na le pue­da de­cir: ‘Mi­ra, no, tú tie­nes que lu­char por lo tu­yo, a mí me cos­tó, pe­ro al fi­nal nun­ca me ren­dí y lo con­se­guí’. Ese es el me­jor le­ga­do que le pue­do de­jar.

—Pues va a ser cier­to que eres una #Gue­rre­ra­de­la­vi­da...

—¡Sí, soy una gue­rre­ra de la vi­da ja, ja, ja!

Nun­ca pongo que ten­go ocho no­mi­na­cio­nes a los Grammy... Es que me da ver­güen­za”

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