EN­TRE­VIS­TA A LA REBE

HA­BLA­MOS CON LA ES­TRE­LLA DEL REALITY «LOS GIPSY KINGS»

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: NOE­LIA SIL­VO­SA

Miss Gi­ta­na y he­re­de­ra al trono de los re­yes del mer­ca­di­llo de Pla­sen­cia, Re­be­ca Ji­mé­nez no ha per­di­do ni piz­ca de fres­cu­ra ni de des­par­pa­jo. Aho­ra que por fin ha si­do ma­dre, después de un spin off de­di­ca­do úni­ca­men­te a su em­ba­ra­zo con el que dis­pa­ró las au­dien­cias de Cua­tro, nos cuen­ta al­gu­nas de las es­ce­nas más dis­pa­ra­ta­das de aque­llos epi­so­dios. «Yo te­nía mie­do de que me die­ra un an­to­jo y le sa­lie­ra una man­cha al ni­ño con la for- ma del an­to­jo», di­ce pa­ra ex­pli­car las ca­rre­ras que le exi­gía a su san­to pa­dre pa­ra cum­plir sus ca­pri­chos de em­ba­ra­za­da. Pe­ro aún que­da Rebe pa­ra ra­to.

—An­tes de na­da, en­ho­ra­bue­na Rebe. ¿Qué tal en es­ta nue­va eta­pa? —Mu­chas gra­cias. La vi­da con el ni­ño me va muy bien. Es lo me­jor que ten­go a día de hoy. Me ha cam­bia­do la vi­da pa­ra me­jor. Pa­ra to­da la fa­mi­lia el ni­ño es pu­ra fe­li­ci­dad.

—Tu em­ba­ra­zo fue un bom­ba­zo en la te­le. ¿Có­mo lle­vas­te gra­bar mo­men­tos tan ín­ti­mos? —Al prin­ci­pio del em­ba­ra­zo tu­ve mo­men­tos muy ma­los y gra­bar se ha­cía di­fí­cil, por­que me en­con­tra­ba mal. Pe­ro cuan­do es­ta eta­pa pa­só to­do fue mu­cho más có­mo­do, por­que el equi­po es ya par­te de mi en­torno y es­tan­do con ellos no me cor­to pa­ra na­da.

—¿To­do lo que vi­mos fue real? ¿Có­mo es que no os cor­táis con la cá­ma­ra de­lan­te? —To­do lo que veis es real, así so­mos en nues­tro día a día. Con el equi­po me en­cuen­tro muy có­mo­da, son prác­ti­ca­men­te par­te de mi fa­mi­lia y pue­do ser na­tu­ral de­lan­te de ellos.

—¿De­jas­te atrás los mie­dos que te­nías an­tes de ser ma­dre? Pen­sa­bas que igual no ibas a sa­ber cui­dar a tu be­bé. —Esos mie­dos los tu­ve al prin­ci­pio por­que sen­tía que no iba a sa­ber aten­der a mi hi­jo, cui­dar­le y dar­le to­do lo me­jor. Pe­ro aho­ra es­toy muy tran­qui­la por­que veo que soy ca­paz, que es­toy he­cha pa­ra es­to y que lo ha­go ca­da vez me­jor. El ins­tin­to ma­ter­nal me sa­le so­lo, y po­co a po­co voy apren­dien­do más co­sas de có­mo ser ma­dre.

—Mu­chos pien­san que en un em­ba­ra­zo to­do es ale­gría, pe­ro tú en­se­ñas­te que no to­do es fe­li­ci­dad. Nos hi­cis­te tes­ti­gos de la cri­sis con tu pa­re­ja y de las in­se­gu­ri­da­des y el vér­ti­go que da ser mamá pri­me­ri­za. ¿Fue di­fí­cil? —Ser ma­dre pri­me­ri­za es du­ro, y cam­bia mu­cho tu vi­da. Otros ho­ra­rios, otro rit­mo y otras ne­ce­si­da­des. Pe­ro la adap­ta­ción es fá­cil por­que te sa­le de den­tro ac­tuar así, sa­bes que el ni­ño de­pen­de de ti y to­do lo que te im­por­ta es pro­te­ger­lo.

—Te has con­ver­ti­do en to­da una «it gipsy». Ya ro­zas los 400.000 se­gui­do­res en Ins­ta­gram y das con­se­jos de be­lle­za. ¿Era es­to lo que so­ña­bas? —Nun­ca ha­bía so­ña­do na­da co­mo es­to, y ni si­quie­ra me lo es­pe­ra­ba cuan­do em­pe­zó. Fue una sor­pre­sa ver có­mo iban su­bien­do los se­gui­do­res en las re­des so­cia­les, y fue ca­si sin dar­me cuen­ta. Pe­ro, aun­que no fue­ra al­go con lo que so­ña­ba, a día de hoy sí que me da mu­cha ale­gría y es­pe­ro po­der se­guir con ello.

—Has de­ja­do mu­chas frases pa­ra el re­cuer­do. «He na­ci­do pa­ra ser ri­ca, ma­ma», di­jis­te al­gu­na vez. ¿Lo si­gues pen­san­do? ¡Mi­ra que el be­bé da mu­chos gas­tos! —Son co­sas que se di­cen con otra edad, pe­ro aho­ra con el be­bé he ma­du­ra­do mu­cho y to­do lo que ten­go lo quie­ro em­plear en el ni­ño. Si voy a una tien­da, en vez de mi­rar ro­pa pa­ra mí, to­do es pa­ra el ni­ño. Des­de que soy ma­dre, pri­me­ro es el ni­ño y lue­go yo.

—Eres in­do­ma­ble. Te es­ca­pas­te pa­ra es­tar con tu pa­re­ja a pe­sar de que tus pa­dres no que­rían, te ca­sas­te en se­cre­to y te plan­tas­te en ca­sa con un em­ba­ra­zo sor­pre­sa. ¿Ha cam­bia­do tu ca­rác­ter? —Aho­ra que soy ma­dre ha cam­bia­do mu­cho mi ma­ne­ra de pen­sar. Creo que hay que te­ner en cuen­ta los con­se­jos que te dan los pa­dres y ha­cer­les ca­so en to­do, pe­ro an­tes no era cons­cien­te de ello. Di­cen que na­die apren­de por ca­be­za aje­na, y eso me ha pa­sa­do a mí en mu­chos ca­sos. Es­pe­ro que mi pe­que­ño sea más obe­dien­te de lo que yo lo he si­do.

—¿Y si tu be­bé sa­le tan re­bel­de co­mo tú? —Es mi hi­jo y lo quie­ro por en­ci­ma de to­do, y los do­lo­res de ca­be­za que me dé los ten­dré que so­por­tar. Pe­ro, si cuan­do sea más ma­yor veo que va por un ca­mino que no me gus­ta, ten­dré que po­ner to­dos los me­dios pa­ra co­rre­gir­lo.

—Tus an­to­jos ocu­pa­ron bue­na par­te del pro­gra­ma. Aho­ra to­dos los ca­pri­chos irán pa­ra el be­bé, ¿no? ¿O te si­guen mi­man­do igual que an­tes? —Siem­pre he si­do ca­pri­cho­sa y mi pa­dre me lo ha con­sen­ti­do to­do, y el ni­ño no ha cam­bia­do eso. Mis pa­dres me si­guen mi­man­do co­mo siem­pre. La di­fe­ren­cia es que aho­ra tie­nen do­ble trabajo por­que me mi­man a mí y al ni­ño, a los dos por igual.

—Mu­chos de los mo­men­ta­zos del pro­gra­ma eran con tu pa­dre, que iba co­rrien­do de aquí pa­ra allá en bus­ca de un pas­tel, de un oso de pe­lu­che... ¿No te da­ba pe­na te­ner­lo así? —Yo te­nía mie­do de que me die­ra un an­to­jo y le sa­lie­ra una man­cha al ni­ño con la for­ma del an­to­jo. Así que iba a ha­cer lo que hi­cie­ra fal­ta por evi­tar­lo. Mi pa­dre es muy bueno y to­do lo que ha­ce por mí y por el ni­ño lo ha­ce con tan­to ca­ri­ño que, aun­que se que­je, en el fon­do lo ha­ce con gus­to.

—Aho­ra te ve­mos en el ca­nal «Gipsy Baby», en Mt­mad. ¿Có­mo es po­si­ble que lle­ves ma­le­tín de ma­qui­lla­je pro­fe­sio­nal, se­ca­dor, pei­ne y ta­co­nes den­tro del ca­rri­to? ¿Hay tiem­po pa­ra to­do? —Es com­pli­ca­do sa­car tiem­po pa­ra una mis­ma con to­do el trabajo que da un be­bé, la ca­sa... Pe­ro des­de un prin­ci­pio he in­ten­ta­do com­pa­gi­nar­lo pa­ra no cam­biar tan­to. Quie­ro se­guir sien­do la mis­ma Rebe que era, y que el ni­ño es­té or­gu­llo­so de te­ner una ma­dre que se cui­da. —¿Qué tiem­po tie­ne aho­ra el ni­ño? ¿Ya ca­mi­na? —Tie­ne sie­te me­ses. To­da­vía no an­da. Pe­ro sí va di­cien­do ya sus pri­me­ras pa­la­bras. Cuan­do me di­ce mamá se me cae la ba­ba.

—¿Qué tal el ma­tri­mo­nio con el pe­que­ño Jo­se en vues­tras vi­das? —Un be­bé siem­pre cam­bia la vi­da pa­ra me­jor. Él es nues­tra fe­li­ci­dad y es to­do lo que nos im­por­ta.

—¿Ve­re­mos por la te­le el se­gun­do em­ba­ra­zo de la Rebe? —Me en­can­ta­ría te­ner una ni­ña, una pe­que­ña Rebe, y dar­le una her­ma­ni­ta a mi ni­ño... pe­ro tiem­po al tiem­po. Es al­go que aho­ra no ten­go en la ca­be­za.

—¿Te han ofre­ci­do al­gún pro­gra­ma más? ¿Te­ne­mos Rebe pa­ra ra­to? —Por aho­ra hay Rebe pa­ra ra­to, pe­ro en los Gipsy Kings. Es el pro­gra­ma en el que es­toy a gus­to, en el que he vi­vi­do muy bue­nos mo­men­tos y en el que la gen­te me pue­de co­no­cer tal y co­mo soy. A día de hoy, no me plan­teo es­tar en otro si­tio.

—Siem­pre te mues­tras or­gu­llo­sa de tus raí­ces y de tu et­nia, pe­ro no to­dos los gi­ta­nos es­tán a fa­vor de los «Gipsy Kings». ¿Qué les di­rías? —Res­pe­to a las per­so­nas a las que no les gus­te el pro­gra­ma. Pe­ro quie­ro acla­rar que yo no re­pre­sen­to a to­da la et­nia gi­ta­na ni mu­cho me­nos, so­lo re­pre­sen­to a mi fa­mi­lia, a los Ji­mé­nez. Me sien­to muy or­gu­llo­sa de ser gi­ta­na y eso es par­te de mí, y se ve re­fle­ja­do en el pro­gra­ma, pe­ro no quiere de­cir que to­dos los gi­ta­nos sean igua­les.

—¿Qué sig­ni­fi­có pa­ra ti el «spin off» que te hi­cie­ron? —Fue al­go pre­cio­so, una ex­pe­rien­cia muy bo­ni­ta. Es­toy muy con­ten­ta por­que sé que en unos años, cuan­do mi ni­ño crez­ca, va a po­der ver con cuán­ta ilu­sión es­pe­rá­ba­mos su na­ci­mien­to.

—¿Por qué crees que te eli­gie­ron a ti pa­ra el pro­gra­ma? —No sé qué vie­ron en mí, eso ha­bría que pre­gun­tár­se­lo a Ja­co­bo Ei­reos, que fue quien nos pro­pu­so ha­cer el pro­gra­ma. Es­pe­ro que lo que le gus­ta­ra de mí fue­ra mi per­so­na­li­dad, mi ma­ne­ra de ser y mi na­tu­ra­li­dad. Y no so­lo la mía, sino la de to­da mi fa­mi­lia.

—En el pro­gra­ma di­jis­te mu­chas ve­ces que tu ma­yor ilu­sión era ca­sar­te con Jo­se y te­ner un hi­jo con él, y lo has con­se­gui­do. ¿Cuál es aho­ra el sue­ño que tie­nes por cum­plir? —Aho­ra mis­mo mi sue­ño es ver cre­cer a mi ni­ño sano y fe­liz. Ser la me­jor ma­dre del mun­do y po­der dar­le a mi hi­jo to­dos los ca­pri­chos, igual que mi pa­dre me los ha da­do a mí. Apar­te de eso, no ten­go gran­des sue­ños, soy más de ir vi­vien­do el mo­men­to.

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