Has­ta los sa­la­rios más mí­se­ros se­rán en ne­gro. ¡Lis­ti­llos!

La Voz de Galicia (Santiago) - - Economía -

Pe­dro Sán­chez y Pa­blo Igle­sias, pre­si­den­te y co­pre­si­den­te de fac­to (¿o no?) del Go­bierno de Es­pa­ña, fir­ma­ron el jue­ves las grandes lí­neas de los Pre­su­pues­tos Ge­ne­ra­les pa­ra el 2019. El tér­mino de po­pu­lis­tas les que­da cor­to, y al­gu­nos eco­no­mis­tas los han lle­ga­do a ca­li­fi­car co­mo des­truc­to­res. Mi­guel La­ca­lle, en Ex­pan­sión, di­ce por ejem­plo: «An­te una des­ace­le­ra­ción eco­nó­mi­ca mo­de­ra­da y un en­torno glo­bal com­ple­jo, lan­zar un pre­su­pues­to pla­ga­do de pro­me­sas de gas­to y au­men­to de impuestos que ata­can al cre­ci­mien­to, el em­pleo y el aho­rro es mu­cho más que pe­li­gro­so, es sui­ci­da». La pro­pues­ta pa­sa por su­bir dos pun­tos el ti­po má­xi­mo de IRPF pa­ra las ren­tas su­pe­rio­res a 130.000 eu­ros, la fis­ca­li­dad del aho­rro au­men­ta­rá un 21 % a par­tir de 140.000 eu­ros, se crea­rá un ti­po mí­ni­mo en el im­pues­to de so­cie­da­des del 15 %, que se ele­va­rá al 18 % pa­ra la ban­ca y pe­tro­le­ras, au­men­ta el per­mi­so de pa­ter­ni­dad (ya ve­re­mos si so­lo pa­ra los fun­cio­na­rios o en to­das las em­pre­sas), se in­cre­men­ta­rán un 3 % las pen­sio­nes mí­ni­mas y se su­birá el res­to de acuer­do con el IPC, y, la me­di­da es­tre­lla, el sa­la­rio mí­ni­mo in­ter­pro­fe­sio­nal se­rá de 900 eu­ros. En re­su­men, los cálcu­los ofi­cia­les es que se in­cre­men­ta­rán en 5.700 mi­llo­nes los in­gre­sos a tra­vés de la fis­ca­li­dad, y el gas­to pú­bli­co cre­ce­rá en 5.000.

Es­tos da­tos tam­bién es­tán cues­tio­na­dos (por ejem­plo, la ba­ja­da de so­cie­da­des al 23 % de las mi­cropy­mes ape­nas su­pon­drá un aho­rro de 36 mi­llo­nes de eu­ros, ya que so­lo afec­ta­ría a 7.200 em­pre­sas), pe­ro pen­se­mos de bue­na fe que son co­rrec­tos y vol­va­mos a re­cor­dar que lo que pre­ten­den ha­cer Sán­chez e Igle­sias es su­bir impuestos pa­ra pa­gar ma­yo­res pres­ta­cio­nes so­cia­les. Per­fec­to, por­que los dos po­lí­ti­cos tie­nen un co­ra­zón bien gran­de, y to­das es­tas me­di­das no lle­van el ape­lli­do de elec­to­ra­lis­tas. En­ton­ces pa­se­mos a la si­guien­te pre­gun­ta: si ese es el ob­je­ti­vo (más impuestos, más pres­ta­cio­nes), ¿el di­se­ña­do es el úni­co ca­mino pa­ra ha­cer­lo te­nien­do en cuen­ta que la bol­sa de eco­no­mía su­mer­gi­da que hay en Es­pa­ña re­pre­sen­ta el 25 % del PIB, es de­cir más de 250.000 mi­llo­nes de eu­ros? Es­tá cla­ro que no.

Ana­li­ce­mos los da­tos so­bre el di­ne­ro ne­gro (no de­cla­ra­do) que, se­gún los téc­ni­cos de Ha­cien­da, se mue­ve: 1.- De la eva­sión to­tal, el 19 % se re­cu­pe­ra y el 81 % se que­da im­pu­ne (se ci­fra en 79.000 mi­llo­nes de eu­ros in­clui­do el frau­de a la Se­gu­ri­dad So­cial). 2.- El 80 % de la plan­ti­lla de la Agen­cia Tri­bu­ta­ria es­tá des­ti­na­da a la ins­pec­ción de las pe­que­ñas em­pre­sas, au­tó­no­mos y de­más, y el 20 % de las grandes com­pa­ñías. 3.- La eco­no­mía su­mer­gi­da, se­gún la Fun­da­ción Fun­cas, cre­ce en mo­men­tos de cri­sis, y ya hay aler­tas de que es­ta­mos a pun­to de en­trar en una des­ace­le­ra­ción.

Los téc­ni­cos de Ha­cien­da cal­cu­lan que, sin «in­ven­tar na­da» y co­pian­do lo que han he­cho países co­mo Fran­cia, se po­dría re­cau­dar a me­dio pla­zo 38.000 mi­llo­nes, fren­te a los 1.500 del cor­to pla­zo del Go­bierno. No se en­tien­de na­da, o más bien po­co. Con la me­di­da del in­cre­men­to del sa­la­rio mí­ni­mo a 900 eu­ros lo que ocu­rri­rá es que las em­pre­sas pe­que­ñas y los au­tó­no­mos, ade­más de no con­tra­tar per­so­nal, echa­rán al que tie­nen, y, muy pro­ba­ble­men­te, lo vol­ve­rán a con­tra­tar «en blan­co» a me­dia jor­na­da y «el res­to se lo pa­ga­rán en ne­gro». Dón­de es­tán las bol­sas de frau­de es co­no­ci­do. Las grandes y las pe­que­ñas. Ac­tuar con­tra ellas no tie­ne que ser di­fí­cil. So­lo hay que de­jar de­du­cir mí­ni­ma­men­te por cual­quier gas­to rea­li­za­do en un den­tis­ta, en un mé­di­co, en un abo­ga­do o en un fon­ta­ne­ro, por ejem­plo, pa­ra que unos es­pa­ño­les (in­clui­dos los tra­ba­ja­do­res de la Agen­cia Tri­bu­ta­ria) co­mien­cen a pe­dir fac­tu­ra y otros a tri­bu­tar por su tra­ba­jo. Hay que que­rer.

MA­RÍA PEDREDA

ILUSTRACIÓN:

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