La ju­ven­tud “in­die” que enamo­ra

El cuar­te­to vas­co lle­ga de la mano de SON Es­tre­lla Ga­li­cia con un nue­vo dis­co me­nos elec­tró­ni­co y más ru­gien­te. Ma­te­rial per­fec­to pa­ra ese es­ce­na­rio en el que Cris, Lo­re, Josu y Lan­der ge­ne­ran vi­bra­cio­nes muy es­pe­cia­les y con­ta­gio­sas

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA . EL GRUPO INDIE DE MODA - TEX­TO: JA­VIER BECERRA

No sé si los mú­si­cos so­mos jus­ti­cie­ros frus­tra­dos o al­go así

ela­ko ha vuel­to con el pa­pel de li­ja. Su dis­co re­cién edi­ta­do, Ren­der Me Numb, Tri­vial Vio­len­ce, ras­ca. «El gi­ro es­tá en la so­no­ri­dad, por­que la me­to­do­lo­gía de la gra­ba­ción ha si­do to­tal­men­te dis­tin­ta, ya que fue to­do analó­gi­co. Eso te li­mi­ta pa­ra ha­cer ca­pas y más ca­pas», ex­pli­ca Cris Li­za­rra­ga, can­tan­te del gru­po. Ha­ce dos años ha­bían da­do un gi­ro elec­tró­ni­co con Ha­men (2016), con­fir­man­do lo apun­ta­do en Eu­rie (2013).

Cris, Lo­re, Josu y Lan­der eran, por así de­cir­lo, el gru­po re­ve­la­ción del in­die na­cio­nal. Lo te­nían to­do: ju­ven­tud, chis­pa y un so­ni­do de lo más opor­tuno que ti­ra­ba de ese ca­jón de sas­tre bau­ti­za­do co­mo post-punk. Se pa­sea­ron por los fes­ti­va­les de to­do el país, enamo­ra­ron en las sa­las y lo­gra­ron co­lar su nom­bre en­tre la lis­ta de de­seos de un pú­bli­co que, se­gu­ra­men­te, los vuel­va a res­pal­dar aho­ra. «No hay un cam­bio de es­ti­lo, sino del mo­do de re­gis­trar­lo», in­sis­te la vo­ca­lis­ta. Los fans pue­den es­tar tran­qui­los. ¿A qué res­pon­de en­ton­ces ese so­ni­do abrup­to del ter­cer ca­pí­tu­lo de su dis­co­gra­fía? ¿Qui­zá un re­fle­jo de esa vio­len­cia que pro­cla­man en el mis­mo tí­tu­lo? «Ummm... Eso creo que es­ta­ría muy pi­lla­do con pin­zas», con­tes­ta Cris. ¿En­ton­ces, qué hay de­trás de ese tí­tu­lo? «Bueno, se tra­ta de ha­blar de to­das esas si­tua­cio­nes de vio­len­cia im­plí­ci­ta y ex­plí­ci­ta que su­ce­den a día de hoy —ar­gu­men­ta—. En el dis­co se ha­ce al­go así co­mo un to­ma de con­cien­cia res­pec­to a esos dis­tin­tos ti­pos de vio­len­cia. So­bre to­do, de la vio­len­cia sim­bó­li­ca de la te­le­vi­sión, que ven­de un mo­de­lo de vi­da y tú te ha­ces un po­co cóm­pli­ce de ese sis­te­ma. Es co­mo dar­te cuen­ta de que vi­ves en una dic­ta­du­ra pe­ro sin sa­ber que es­tás en una dic­ta­du­ra». Be­la­ko se su­ma a una sen­si­bi­li­dad ca­da vez más co­mún en la es­ce­na in­de­pen­dien­te na­cio­nal. Si an­tes ra­ra vez apa­re­cía la política o las in­ten­cio­nes so­cia­les en la mú­si­ca al­ter­na­ti­va, aho­ra exis­te una ne­ce­si­dad de ha­cer­lo cons­tan­te­men­te.

Pa­ra la can­tan­te se tra­ta de una con­se­cuen­cia ló­gi­ca del pro­ce­so crea­ti­vo y psi­co­ló­gi­co: «El ar­te y la cultura se ba­san en ca­na­li­zar los sen­ti­mien­tos de frus­tra­ción de to­do lo que nos vie­ne gran­de». ¿Y eso ha­ce sen­tir a uno bien cuan­do se vuel­ca en una can­ción? «No sé si los mú­si­cos so­mos jus­ti­cie­ros frus­tra­dos o al­go así, que se nos da me­jor sa­car al­go crea­ti­vo de to­do es­to que real­men­te to­mar cartas en el asun­to. Igual es una ac­ti­tud un po­co co­bar­de, pe­ro es la que es», con­clu­ye.

DE GI­RA POR EL MUN­DO

El gru­po vas­co ha es­ta­do to­can­do en lu­ga­res tan re­mo­tos co­mo Ja­pón, Co­rea o Ru­sia. Se tra­ta de vi­si­tas ais­la­das y exó­ti­cas. No ocu­rre así con Mé­xi­co, don­de han echa­do raí­ces. «He­mos es­ta­do mes y me­dio gi­ran­do por ahí. Ya ha­bía­mos ido an­tes. La pri­me­ra vez fue co­mo una se­ma­na pe­ro fue de­fi­ni­ti­va, pe­ro te­lo­nea­mos a Di­vi­sión Mi­nús­cu­la en sa­las co­mo el Au­di­to­rio Na­cio­nal en Mé­xi­co, que son enor­mes. Se­gu­ra­men­te no to­ca­re­mos en si­tios tan gran­des nun­ca más». Co­mo to­dos los que acu­den al país az­te­ca, que­da­ron pren­da­dos de la ac­ti­tud del pú­bli­co: «Allí la gen­te ru­ge y se ha­ce no­tar. Es muy di­fe­ren­te a los otros si­tios en los que he­mos to­ca­do».

En­tre ellos se en­cuen­tra ló­gi­ca­men­te Ga­li­cia. Aquí sus pa­ses han ido des­de te­lo­near a Pla­ce­bo en A Co­ru­ña a pa­ses tan ac­ci­den­ta­dos co­mo el del Es­mor­ga Fest ha­ce un par de años. En cuan­to se le men­cio­na a Cris se le es­ca­pa una car­ca­ja­da. «Nos pu­sie­ron muy tar­de. Nos to­có sa­lir las úl­ti­mas y es­ta­ba la pe­ña co­mo es­ta­ba. Yo in­ten­té dor­mir has­ta tar­de, lle­gué al fes­ti y ha­cía un mon­tón de frío. La úni­ca ma­ne­ra de le­van­tar un po­co el áni­mo era el li­cor ca­fé. La gen­te de­cía que te ve­nías arri­ba y allá fui­mos».

¿Y có­mo ter­mi­nó to­do? «Bueno, pues el con­cier­to lo re­cuer­do bo­rro­so —se ríe—. En un te­ma que can­ta­ba Josu tu­ve que ir al ba­ño. Nun­ca más he vuel­to a to­mar li­cor ca­fé. De he­cho, aho­ra ni si­quie­ra be­bo al­cohol, fí­ja­te lo que me ha mar­ca­do». Y vuel­ve a reír­se.

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