La di­va pop se po­ne va­que­ra

Un via­je a Nash­vi­lle ins­pi­ró a la aus­tra­lia­na pa­ra dar­le un to­que country a «Gol­den», su nue­vo dis­co. Se tra­ta de un so­ni­do ex­plo­ra­do ha­ce años con éxi­to por Tay­lor Swift

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA | ESTÁ SONANDO -

Cuan­do en el 2001 Ky­lie Mi­no­gue se con­sa­gró co­mo la pop-star de­fi­ni­ti­va can­tan­do I Can’t Get Out Of My

Head se creó una ci­ma in­su­pe­ra­ble. Ese pop blan­co y de ca­be­llos ru­bios, bai­la­ble y pa­ra to­dos los pú­bli­cos, al­can­zó en esa pie­za una ex­pre­sión plás­ti­ca irre­sis­ti­ble y una per­fec­ción equi­pa­ra­ble a lo que en su mo­men­to fue el Be My Baby de The Ro­net­tes o el Dan­cing Queen de Ab­ba. Des­de en­ton­ces, na­die la pu­do si­quie­ra ro­zar. Hu­bo que es­pe­rar al 2014, cuan­do Tay­lor Swift edi­tó 1989 pa­ra en­con­trar al­go equi­pa­ra­ble. Sí, can­cio­nes co­mo Sha­ke It Off o Blank Spa­ce po­seían ese mis­mo bri­llo de dia­man­te. Y, en cier­to mo­do, se cons­ta­ta­ba que la americana ocu­pa­ba su lu­gar.

Por ello re­sul­ta cu­rio­so el gi­ro da­do por Ky­lie Mi­no­gue en Gol­den. La ar­tis­ta acu­dió en el 2017 a Nash­vi­lle y se de­jó em­pa­par de su fragancia country. Igual que le ocu­rrió a Jus­tin Tim­ber­la­ke con The Woods res­pec­to al folk, en esa es­ca­pa­da so­no­ra la aus­tra­lia­na en­con­tró un mo­do de no re­pe­tir­se sin sa­lir­se mu­cho de su es­ti­lo. Ella mis­mo lo di­ce. No es Dolly Par­ton. Más bien es Dolly Par­ton ba­jo la bo­la de es­pe­jos des­lum­bra­da por los jue­gos de lu­ces. La cues­tión es que, si ti­ra­mos del hi­lo de Tay­lor Swift y va­mos a su pa­sa­do, lle­ga­mos a al­go si­mi­lar en sus ini­cios: un pop lu­mi­no­so y al­mi­ba­ra­do ba­ña­do de country.

Aven­tu­rar­se en afir­mar si ahí ra­di­ca la ins­pi­ra­ción del gi­ro se­ría dar fuer­za mo­triz a una po­si­ble coin­ci­den­cia. Pe­ro, en esos ni­ve­les de la in­dus­tria pop, ra­ra vez se da una pun­ta­da sin hi­lo y se exa­mi­na a la com­pe­ten­cia cons­tan­te­men­te. Sea lo que sea, el ya 14.º ál­bum de Ky­lie Mi­no­gue no pa­sa­rá a la his­to­ria de sus gran­des dis­cos. Tam­po­co de sus gran­des sin­gles. Y ahí es don­de ra­di­ca el pro­ble­ma: un tra­ba­jo su­yo sin un par de can­cio­nes pa­ra el grea­test hits se que­da co­jo. Dan­cing, el sin­gle de ade­lan­to, se que­da­rá en la pie­za country co­rrec­ta de Ky­lie, del mis­mo mo­do que 2 hearts fue la pie­za ro­que­ra co­rrec­ta cuan­do sa­lió en el 2010. Pe­ro na­da más.

Las otras can­cio­nes que la pue­den su­ce­der co­mo sen­ci­llos (Stop Me From

Fa­lling o Gol­den, por ejem­plo) se­gu­ra­men­te pa­sen el cor­te de mí­ni­mos, pe­ro que­dan dis­tan­tes de su me­jor ni­vel. Es en te­mas me­nos ob­vios y más ale­ja­dos del hí­bri­do en­tre ban­jos y beats don­de des­ta­ca. Por ejem­plo Shelby 68 (acer­cán­do­se a la ac­tual Tay­lor Swift, por cier­to) o Mu­sic’s Too Sad Wit­hout

You (bo­ni­ta ba­la­da jun­to a Jack Sa­vo­ret­ti). Al fi­nal ahí (y en al­gu­na in­mer­sión cam­pes­tre co­mo A Lifetime to Re­pair o un ejer­ci­cio de pop sal­ta­rín co­mo Every Little Part Of Me) se en­cuen­tra lo me­jor de Gol­den. To­do mien­tras es­pe­ra­mos su gran dis­co de ma­du­rez.

TEX­TO: JA­VIER BE­CE­RRA

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