GALICIA, UNA FACTORÍA DE TA­LEN­TO GLO­BAL

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - PORTADA - Gladys Váz­quez

RE­PRE­SEN­TAN LA AUTÉNTICA ESEN­CIA DE LA MAR­CA GALICIA. PRO­FE­SIO­NA­LES DE LA TEC­NO­LO­GÍA O EL AR­TE, MÉ­DI­COS E IN­GE­NIE­ROS QUE HAN ALCANZADO EL ÉXI­TO Y, EN AL­GU­NOS CA­SOS, SE HAN CON­VER­TI­DO EN RE­FE­REN­TES EN SUS CAM­POS A NI­VEL IN­TER­NA­CIO­NAL. TA­LEN­TOS QUE FORJAN SUS CARRERAS MÁS ALLÁ DE LAS TIE­RRAS DE BREOGÁN PE­RO A LOS QUE RESULTARÍA INJUSTO CA­LI­FI­CAR CO­MO EMIGRANTES. SON, POR EN­CI­MA DE TO­DO, UNA INYECCIÓN DE AUTOESTIMA COLECTIVA

Son mar­ca Galicia: pro­fe­sio­na­les de la tec­no­lo­gía, el ar­te, in­ves­ti­ga­do­res, mé­di­cos o in­ge­nie­ros que desa­rro­llan le­jos sus pro­fe­sio­nes. Lo ha­cen en ple­ni­tud por­que ya son glo­ba­les. ¿Re­gre­sar? Siem­pre es­tá en sus pla­nes: quie­ren que sus ideas vuel­van de for­ma di­rec­ta a su país

Emigrantes son aque­llos que se fue­ron por ne­ce­si­dad a prin­ci­pios del si­glo XX. A los que no les que­dó más re­me­dio en los 60 e in­clu­so los que for­man el éxo­do de jó­ve­nes que han de­ja­do Galicia en los úl­ti­mos años por la cri­sis. Pe­ro lo cier­to es que Galicia tie­ne tam­bién un enor­me po­ten­cial de ta­len­tos en el ex­te­rior cu­yas cir­cuns­tan­cias son dis­tin­tas. Son los me­jo­res en lo su­yo. Han lle­ga­do a la ci­ma de gran­des em­pre­sas e ins­ti­tu­cio­nes y su re­torno es com­pli­ca­do. Quie­ren tra­ba­jar en ca­sa, pe­ro su de­sa­rro­llo pro­fe­sio­nal lo con­vier­te a día de hoy en ca­si un im­po­si­ble. Ha­bla­mos de ta­len­to glo­bal, de co­no­ci­mien­to con se­llo ga­lle­go pa­ra el mun­do. Son pro­fe­sio­na­les de la me­di­ci­na, de la tec­no­lo­gía, in­clu­so del ar­te.

Al­gu­nos vi­ven con la ma­le­ta a cues­tas. Otros ha­ce tiem­po que la tie­nen guar­da­da en sus paí­ses de re­si­den­cia. Es el ca­so de An­drés Ro­drí­guez Lo­ren­zo. Co­mo je­fe de ci­ru­gía plás­ti­ca en Upp­sa­la, Sue­cia, re­fe­ren­te en su ám­bi­to, cuen­ta las ope­ra­cio­nes al año por mi­les. «Pa­ra mí sa­lir de Es­pa­ña ha si­do en­ri­que­ce­dor. Veo otras for­mas de tra­ba­jar, me he ro­dea­do de gen­te me­jor que yo. Mi men­tor en Tai­wán fue el doc­tor Fu Chan Wei, uno de los ci­ru­ja­nos plás­ti­cos más in­flu­yen­tes de la his­to­ria y pio­ne­ro en mi­cro­ci­ru­gía».

Lo de Die­go Gon­zá­lez Ri­vas, ci­ru­jano to­rá­ci­co, ri­za el ri­zo. Re­co­rre el mun­do dan­do for­ma­ción. Pa­ra él es­tar dos se­ma­nas en un país ya es mu­cho. «No sa­bes lo que en­ri­que­ce el con­tac­to con otros mé­di­cos. In­clu­so co­no­cer téc­ni­cas que rea­li­zan en paí­ses con me­nos me­dios. Amo mi ca­sa, pe­ro a ni­vel pro­fe­sio­nal no pue­do pa­rar». Es una pers­pec­ti­va glo­bal, un pun­to de vista que tam­bién exis­te en otros ám­bi­tos. Las ge­me­las Eva y Mar­ta Yar­za (1988) per­te­ne­cen a la ge­ne­ra­ción de «la pros­pe­ri­dad, an­tes de que to­do se fue­se al tras­te». Son di­se­ña­do­ras, con es­tu­dio pro­pio en Lon­dres, aho­ra ven có­mo la in­dus­tria es­pa­ño­la es­tá «su­bien­do», pe­ro sus clien­tes no en­tien­den de fron­te­ras. «Ve­nir a Reino Uni­do no ha si­do fá­cil, pe­ro si la in­ten­ción es ha­cer algo crea­ti­vo, re­co­men­da­mos sa­lir. No­so­tras en­tra­mos en con­tac­to con las van­guar­dias crea­ti­vas y for­mar par­te de eso, no co­mo es­pec­ta­dor, sino co­mo pro­duc­tor, ha va­li­do la pe­na». Lo di­cen des­de su ofi­ci­na al la­do del Big Ben, desean­do te­ner a la moda ga­lle­ga en­tre sus clien­tes.

El pon­te­ve­drés Ma­nuel Cor­ti­zo, co­mo pro­fe­sio­nal del gi­gan­te Mi­cro­soft, nun­ca ha vis­to via­jar «co­mo un im­pe­di­men­to. Es lo más en­ri­que­ce­dor. Tra­ba­jo con com­pa­ñe­ros de otros paí­ses. En red si es­ta­mos en di­fe­ren­tes pun­tos del ma­pa. Mi ca­so no es una fu­ga de ta­len­to. Es un apren­di­za­je que no pue­do ob­te­ner de otra ma­ne­ra». De for­ma pa­re­ci­da pien­sa el vi­gués Da­vid La­go. In­ge­nie­ro de Te­le­co­mu­ni­ca­cio­nes, ha cam­bia­do en seis años va­rias ve­ces de tra­ba­jo en EE.UU. «Es lo nor­mal en el sec­tor soft­wa­re. Pa­ra mí la mo­ti­va­ción pa­ra sa­lir fue­ron las nue­vas opor­tu­ni­da­des. Soy afor­tu­na­do por tra­ba­jar con gen­te muy bue­na: Chi­na, In­dia o Tí­bet».

Las crea­cio­nes mu­si­ca­les de Ni­co Ca­sal tam­po­co en­tien­den de fron­te­ras. Ha­ce música pa­ra el mun­do: pu­bli­ci­dad, ci­ne y en bre­ve su pro­pio proyecto en so­li­ta­rio.

Mar­ta Rey es in­ves­ti­ga­do­ra en Goo­gle. Lo su­yo es la ex­pe­rien­cia del usua­rio. «Ayu­da­mos a de­ci­dir a quién di­ri­gir­nos, qué pro­duc­to se de­be­ría crear o có­mo los usan los usua­rios». Se con­si­de­ra una «tro­ta­mun­dos muy ga­lle­ga». «En Goo­gle siem­pre di­go que si mon­ta­mos algo de tec­no­lo­gía en Es­pa­ña, me voy a desa­rro­llar la par­te de ex­pe­rien­cia del usua­rio», di­ce en­tre ri­sas. So­bre re­gre­sar a otra com­pa­ñía, es cons­cien­te de que su pro­fe­sión «es nue­va pa­ra mu­chas em­pre­sas». Aun así, reivin­di­ca su tie­rra. «En mi tra­ba­jo me he en­con­tra­do con pro­fe­sio­na­les es­pa­ño­les co­mo la co­pa de un pino. ¿Por qué no nos cree­mos más to­do lo que va­le­mos?».

«¿Por qué no nos cree­mos más lo que va­le­mos?», se pre­gun­ta Mar­ta Rey, tras 15 años en Es­ta­dos Uni­dos

JUAN. S. G

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