Cíes, mun­dia­les

Las is­las son un re­cla­mo de pri­mer or­den pa­ra los tu­ris­tas ex­tran­je­ros, a los que ma­ra­vi­lla la vi­si­ta

La Voz de Galicia (Vigo) - Vigo local - - PORTADA - PE­DRO RO­DRÍ­GUEZ VILLAR

«Son co­mo un pe­que­ño pa­raí­so ca­ri­be­ño, pa­ra dis­fru­tar de la pla­ya con un pai­sa­je úni­co»

Bruno Viei­ra

Opor­to (Por­tu­gal)

«Ca­mi­nar ro­dea­do de las mon­ta­ñas y del océano fue una ex­pe­rien­cia úni­ca en to­da mi vi­da»

Prat­ha­mesh Ka­le

Pu­ne (In­dia)

«Por la no­che, cuan­do to­dos se mar­chan, hay una tran­qui­li­dad a la que no es­toy acos­tum­bra­da»

Leo­pol­di­ne Dog­non

Pa­rís (Fran­cia)

Las is­las Cíes son co­mo un se­cre­to a vo­ces de Ga­li­cia, co­no­ci­da mun­dial­men­te por el Ca­mino de San­tia­go. Y, ca­da vez más, el des­tino bus­ca­do por cuan­to via­je­ro que lle­ga a Vigo. Cuan­do los pue­blos pre­rro­ma­nos ocu­pa­ron to­da la ría, cre­ye­ron que el ar­chi­pié­la­go eran un lu­gar sa­gra­do y de en­cuen­tro pa­ra hu­ma­nos y dio­ses. Tam­bién los ro­ma­nos las fre­cuen­ta­ron, co­mo se ve en los es­cri­tos de los his­to­ria­do­res la­ti­nos Es­tra­bón y Pli­nio. Más tar­de fue un lu­gar de des­can­so pa­ra los pi­ra­tas, pri­me­ro lo tur­cos y tu­ne­ci­nos y des­pués los in­gle­ses, con Fran­cis Dra­ke a la ca­be­za.

Aho­ra, pi­san las is­las per­so­nas de to­do el mun­do. El 21 % de las que per­noc­tan en el cám­ping de Cíes son ex­tra­je­ras. Los sie­te paí­ses de pro­ce­den­cia más fre­cuen­tes son, por es­te or­den, Por­tu­gal, In­gla­te­rra, Fran­cia, Ale­ma­nia, Ita­lia, Ar­gen­ti­na y Bra­sil. Pe­ro es­tán au­men­tan­do los gru­pos que pre­pa­ran via­jes or­ga­ni­za­dos des­de Chi­na, Co­rea y Ru­sia.

Mu­chos lle­gan a las Cíes des­pués de leer re­co­men­da­cio­nes en pe­rió­di­cos y re­vis­tas, en re­des so­cia­les o, sim­ple­men­te, gra­cias al bo­ca a bo­ca. Vie­nen a des­cu­brir la be­lle­za de la jo­ya del úni­co par­que na­cio­nal de Ga­li­cia, aun­que las ac­ti­vi­da­des que se organizan tam­bién son un gran atrac­ti­vo. Por ejem­plo, por ser un des­tino Star­light: en la pri­me­ra se­ma­na de sep­tiem­bre se ce­le­bra­rá un ma­ra­tón mun­dial de fo­to­gra­fía noc­tur­na.

Es­te ve­rano, con los áni­mos cal­ma­dos y sin pro­ble­mas de so­bre­ven­ta con las na­vie­ras, en los bar­cos que van a las is­las de Vigo se es­cu­chan idio­mas de to­das las par­tes del mun­do. Lo que más sor­pren­de a los ex­tran­je­ros cuan­do des­em­bar­can es la are­na blan­ca de las pla­yas y el agua cris­ta­li­na. To­dos coin­ci­den en que no es­pe­ra­ban en­con­trar­se al­go tan pa­re­ci­do al Ca­ri­be en Ga­li­cia.

Un lu­gar con ma­gia

Bruno Viei­ra es de Opor­to. Un día na­ve­ga­ba por In­ter­net y vio unas fo­tos de «unas is­las a una ho­ra y me­dia de mi ciu­dad». Hi­zo al­gu­na bús­que­da y le lla­mó la aten­ción que hu­bie­ra «un pa­raí­so ca­ri­be­ño tan le­jos del Ca­ri­be». Co­mo aman­te de la fo­to­gra­fía, las Cíes le pa­re­ció un lu­gar «má­gi­co» pa­ra sa­car bue­nas imá­ge­nes: «Son pre­cio­sas y, aun­que son pe­que­ña, hay mu­cho que ver». Las pla­yas y las vis­tas des­de el faro le pa­re­cen «in­creí­bles». Aho­ra, ya de vuel­ta en Por­tu­gal, ex­pli­ca que es­tá pen­san­do en vol­ver con sus ami­gos, pe­ro al prin­ci­pio del ve­rano cuan­do las pla­yas es­tén me­nos sa­tu­ra­das de tu­ris­tas.

Prat­ha­mesh Ka­le es­ta­ba de via­je por Es­pa­ña cuan­do le ha­bla­ron de las Cíes. Es de Pu­ne, una re­gión de la In­dia, y nun­ca ha­bía es­cu­cha­do ha­blar ni de Vigo ni de sus is­las. Ex­pli­ca que des­cu­brió que lle­ga­ba a un pa­raí­so cuan­do se ba­jó del bar­co y se dio cuen­ta de que sus ex­pec­ta­ti­vas ha­bían si­do su­pe­ra­das am­plia­men­te. «La are­na blan­ca y el agua trans­pa­ren­te eran in­creí­bles», ex­pli­ca Prat­ha­mesh con la ex­pe­rien­cia aún a flor de piel. Lo me­jor pa­ra el via­je­ro in­dio fue­ron las ru­tas pa­ra ha­cer sen­de­ris­mo. «Ca­mi­nar en­tre las mon­ta­ñas y el océano fue una ex­pe­rien­cia que no ha­bía vi­vi­do an­tes». De he­cho, en su Ins­ta­gram lla­ma a Cíes «el me­jor des­tino de sen­de­ris­mo del mun­do». Aho­ra Prat­ha­mesh con­ti­núa su via­je por Ga­li­cia, pe­ro es­tá se­gu­ro que si al­gu­na vez vuel­ve a Es­pa­ña, que­rrá vi­si­tar las Cíes. «Sin du­da».

Tam­po­co Leo­pol­di­ne Dog­non ha­bía es­cu­cha­do na­da so­bre el par­que na­cio­nal en Pa­rís, su ciu­dad na­tal. El azar qui­so que du­ran­te un in­ter­cam­bio en Ca­na­dá se enamo­ra­ra de un jo­ven de Vigo. Fue allí, al otro la­do del Atlán­ti­co, don­de es­cu­chó ha­blar por pri­me­ra vez de las is­las Cíes. Su pa­re­ja, co­mo buen vi­gués, pre­su­mió de que allí te­nían la «me­jor pla­ya del mun­do». Leo­pol­di­ne creía que «era una bro­ma más» y que sim­ple­men­te se­ría un lu­gar bo­ni­to. Pe­ro cuan­do pi­só la are­na blan­ca de Ro­das por pri­me­ra vez, de­jó su or­gu­llo de la­do y re­co­no­ció que «era la pla­ya más bo­ni­ta en la que ha­bía es­ta­do has­ta aho­ra». Su vi­si­ta a las Cíes fue de cua­tro días. Des­de la tien­da de cam­pa­ña dis­fru­tó de la no­che en las is­las y es­cu­chó «el si­len­cio». Eso fue «lo me­jor por­que, por la no­che, cuan­do to­dos se mar­chan, hay una tran­qui­li­dad a la que no es­toy acos­tum­bra­da». Es­pe­ra po­der vol­ver más ve­ces en un fu­tu­ro y cuan­do re­gre­se a la ca­pi­tal fran­ce­sa re­co­men­da­rá a sus ami­gos y fa­mi­lia­res ve­nir a Vigo y a las Cíes.

Im­pac­to des­de el bar­co

Ka­ren Dross es de Var­so­via (Po­lo­nia), aun­que tie­ne fa­mi­lia en Vigo. Cuan­do vie­ne de vi­si­ta siem­pre in­ten­ta ir a las Cíes por­que son un «pa­raí­so na­tu­ral». Re­cuer­da muy bien la pri­me­ra vez que pi­só las is­las. Fue ha­ce años, pe­ro el agua le im­pac­tó ya des­de el bar­co. «So­lo me es­pe­ra­ba

en­con­trar ese co­lor tur­que­sa en el mar del Ca­ri­be o en el del sud­es­te asiá­ti­co». En su me­mo­ria es­tá el tac­to de la are­na fi­na en sus pies, que le re­cor­da­ba a la ha­ri­na. Pa­ra Ka­ren, las Cíes tie­nen mu­cho de es­pe­cial. Le en­can­ta que la can­ti­dad de per­so­nas por día es­te li­mi­ta­da por­que así pue­de per­der­se y es­tar «so­la con la na­tu­ra­le­za». Ca­da año que vie­ne a Vigo in­ten­ta vi­si­tar las Cíes pa­ra po­der des­co­nec­tar de sus es­tu­dios y de las pri­sas del día a día. Ex­pli­ca que las is­las «son el me­jor lu­gar pa­ra ha­cer­lo». Sus días en el Par­que Na­cio­nal tam­po­co se re­su­men so­lo en pla­ya y mar. Apro­ve­cha pa­ra ca­mi­nar y des­cu­brir los se­cre­tos es­con­di­dos ca­mi­nan­do por to­das las ru­tas de las is­las. Aho­ra es­tu­dia en una pe­que­ña ciu­dad de Ale­ma­na. Allí, re­co­mien­da a to­dos sus ami­gos que va­yan a Vigo por­que tie­ne unas is­las que «son un pa­raí­so es­con­di­do». Le en­can­ta­ría po­der en­se­ñar a sus com­pa­ñe­ros to­dos los se­cre­tos que des­cu­brió en el ar­chi­pié­la­go.

Ale­xia Sail­han vio por pri­me­ra vez las is­las Cíes de le­jos, des­de la ven­ta­na de un co­che en ple­na au­to­pis­ta. Le lla­ma­ron la aten­ción y pen­só que le gus­ta­ría co­no­cer­las. Co­mo si de un es­pe­jis­mo se tra­ta­se, que­ría acer­car­se más y más. Des­pués del co­che, las vio des­de la ven­ta­na de su ca­sa, más tar­de des­de una pla­ya de Ni­grán y, por úl­ti­mo, so­bre el Atlán­ti­co jus­to an­tes de ca­mi­nar­las por pri­me­ra vez. La pla­ya de Ro­das le re­cor­dó a su Mé­xi­co na­tal por la «are­na blan­ca y los bos­ques que cre­cen jus­to des­de la pla­ya». Pa­ra ella, las Cíes son co­mo un «pa­raí­so es­con­di­do» y que so­lo se pue­de co­no­cer «es­tan­do allí», por­que las fo­tos «no le ha­cen jus­ti­cia».

Tres ho­ras de tren

Sve­ta Yehur­no­va es de Dni­pro, Ucra­nia. En un via­je por Por­tu­gal, un ve­cino de Opor­to le di­jo que «cer­ca de allí, en Vigo, ha­bía un pa­raí­so». Pre­gun­tó có­mo lle­gar has­ta las Cíes y de­ci­dió su­bir­se a un tren y via­jar tres ho­ras pa­ra po­der vi­si­tar­las. Ase­gu­ra que nun­ca se arre­pen­ti­rá de esa de­ci­sión por­que «fue una ex­pe­rien­cia in­creí­ble». La tra­ve­sía en bar­co fue «la pri­me­ra sor­pre­sa». Des­de la cu­bier­ta del fe­rri des­cu­brió un pai­sa­je úni­co pa­ra ella. «No ha­bía vis­to un si­tio tan bo­ni­to en to­da mi vi­da», des­ta­ca la via­je­ra ucra­nia­na. La sen­sa­ción de sor­pre­sa le acom­pa­ñó en to­do mo­men­to, aun­que lo me­jor fue «la pla­ya con are­na del co­lor nie­ve y el agua cris­ta­li­na». El otro mo­men­to que des­ta­ca co­mo «má­gi­co» fue cuan­do lle­gó al Al­to do Faro. Allí, des­cu­brió «la in­men­si­dad del océano Atlán­ti­co con unas vis­tas inol­vi­da­bles».

A Sve­ta se le hi­zo cor­to el via­je de cua­tro días en las Cíes. Es­pe­ra po­der vol­ver al­gún día y que­dar­se más tiem­po pa­ra des­cu­brir más se­cre­tos de las is­las y otros lu­ga­res la ría. La ucra­nia­na Sve­ta Yehur­no­va co­no­ció las Cíes gra­cias a que un ve­cino de Opor­to que se las re­co­men­dó.

«So­lo me es­pe­ra­ba en­con­trar ese co­lor tur­que­sa en el mar del Ca­ri­be o en del sud­es­te asiá­ti­co» Ka­ren Dros Var­so­via (Po­lo­nia)

«Me re­cuer­dan a Mé­xi­co por la are­na blan­ca y el bos­que que cre­ce jus­to des­de la pla­ya» Ale­xia Sail­han Ciu­dad de Mé­xi­co (Mé­xi­co)

«Un ve­cino de Opor­to me di­jo que ha­bía un pa­raí­so en Vigo y des­de el bar­co vi que era cier­to» Sve­ta Yehur­no­va Dni­pro (Ucra­nia)

El via­je­ro por­tu­gués Bruno Viei­ra, en el al­to de la is­la del Faro, con la de San Mar­ti­ño al fon­do, más al sur del ar­chi­pié­la­go.

La fran­ce­sa Leo­pol­di­ne Dog­non es­tu­vo cua­tro días.

El in­dio Pa­tra­mesh Ka­le, en un mi­ra­dor.

Ka­ren Dros es de Po­lo­nia, pe­ro in­ten­ta vi­si­tar las Cíes (en la ima­gen, en la pla­ya de No­sa Se­ño­ra) ca­da ve­rano.

La me­xi­ca­na Ale­xia Sai­lan po­sa en la pla­ya de Ro­das en un día nu­bla­do y po­co con­cu­rri­do, al­go muy ex­tra­ño du­ran­te el ve­rano y que no de­ja de te­ner su en­can­to. Di­ce que hay al­go de las Cíes que atra­pa. Es un pai­sa­je úni­co pa­ra ella, aun­que el are­nal le re­cuer­da mu­cho al pai­sa­je del Ca­ri­be de su país, el me­xi­cano.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.