Los agen­tes con­tro­lan des­de el acei­te en los colegios has­ta las an­te­nas de te­le­fo­nía es­con­di­das

La Voz de Galicia (Vigo) - Vigo local - - ÁREA METROPOLITANA -

La la­bor de los agen­tes del Se­pro­na se ex­tien­de a mul­ti­tud de ám­bi­tos re­la­cio­na­dos con la pro­tec­ción del me­dio am­bien­te. Uno de ellos es el de los co­me­do­res es­co­la­res. Con­tro­lan qué se ha­ce con el acei­te que se uti­li­za pa­ra co­ci­nar los ali­men­tos de los es­tu­dian­tes. Tam­bién es­tán al tan­to del eti­que­ta­do de la co­mi­da.

En los úl­ti­mos tiem­pos ha sur­gi­do una ac­ti­vi­dad nue­va: el des­cu­bri­mien­to de las an­te­nas de te­le­fo­nía mó­vil. «La gen­te no las quie­re, por­que ha oí­do que son can­ce­rí­ge­nas y en­ton­ces se ocul­tan», ex­pli­ca­ba Antonio Váz­quez a los es­tu­dian­tes del co­le­gio de Chan­de­bri­to, mien­tras mos­tra­ba el ejem­plo de un re­pe­ti­dor ca­mu­fla­do den­tro de una chi­me­nea. «El cui­da­do del pla­ne­ta es una la­bor dia­ria y de­be ser una for­ma de vi­da. Dis­ney es­tá im­po­lu­to, na­die ti­ra na­da al sue­lo y aquí sí: ca­cas de pe­rro, muy de moda, co­li­llas...», apun­tó el agente. Re­cal­có que hoy en día en Es­pa­ña re­sul­ta más ba­ra­to pa­gar una mul­ta que acon­di­cio­nar una em­pre­sa.

Co­mo ejem­plo de las con­se­cuen­cias que pue­de te­ner una ac­ción des­con­tro­la­da ci­tó el ca­so de Ven­to­se­la (Re­don­de­la), don­de ha­ce tres años hu­bo una ta­la ile­gal de ár­bo­les con­tra la que no se to­ma­ron me­di­das. Pos­te­rior­men­te una ria­da se lle­vó to­das las pie­dras por de­lan­te al no ha­ber ár­bo­les que las su­je­ta­ran.

La moda de las mas­co­tas de to­do ti­po tie­ne en ja­que a la Guar­dia Ci­vil. Es el ca­so de las igua­nas, que en de­ter­mi­na­das cir­cuns­tan­cias se pue­den vol­ver agre­si­vas. Tam­bién se han en­con­tra­do con mo­nos y por si a al­guien le en­tra­ban ga­nas de ha­cer­se con uno, ad­vir­tió: «trans­mi­ten un mon­tón de en­fer­me­da­des pa­ra las que no te­ne­mos an­tí­do­to en Es­pa­ña». Tam­po­co exis­ten an­tí­do­tos pa­ra las serpientes ver­des muy ve­ne­no­sas en­con­tra­das y que en­via­ron a Ma­drid a ana­li­zar. «Si pi­can, es con­ve­nien­te no co­rrer por­que se mue­ve más rá­pi­do la san­gre del cuer­po», re­co­men­dó el agente. Lo pri­me­ro, aña­dió, es ma­tar al ani­mal.

En el tras­te­ro de un pi­so de la Tra­ve­sía de Vi­go se en­con­tra­ron un cai­mán y un co­co­dri­lo y en las fies­tas de Bou­zas cons­ta­ta­ron la pre­sen­cia de un hom­bre que ven­día lla­ve­ros de ma­nos de igua­nas.

La pa­tru­lla del área de Vi­go co­gió no­ven­ta to­ne­la­das de ale­tas de ti­bu­rón. «Cor­tan la ale­ta gran­de y se la pe­gan a un cuer­po pe­que­ño. Los peo­res son dos bar­cos es­pa­ño­les con ban­de­ra ex­tran­je­ra. Es­tán en bus­ca y cap­tu­ra», in­di­có.

Las ins­pec­cio­nes re­la­cio­na­das con ver­ti­dos, con­ta­mi­na­ción acús­ti­ca y ex­trac­ción de agua es­tán a la or­den del día. En oca­sio­nes la ju­ga­da pue­de sa­lir mal. Es lo que le su­ce­dió a un in­frac­tor, que al ex­traer agua de for­ma ile­gal pi­có la tu­be­ría mu­ni­ci­pal.

Una in­ves­ti­ga­ción a un hom­bre de 80 años que mal­tra­ta­ba al pe­rro por­que no le aten­día des­ve­ló que el ani­mal era sor­do.

«En el tras­te­ro de un pi­so se en­con­tra­ron un cai­mán y un co­co­dri­lo»

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