“No creo que ha­ya unos gé­ne­ros bue­nos y unos gé­ne­ros ma­los”

La Ca­sa Azul es uno de los nom­bres es­tre­lla del car­tel del Atlan­tic Fest que ten­drá lu­gar en A Illa de Arou­sa el 20, 21 y 22 de ju­lio. An­tes de su lle­ga­da, su lí­der nos ha­bla del pró­xi­mo dis­co, su pa­so por «OT» y su apa­sio­na­da vi­sión del pop

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA . ENTREVISTA - GUI­LLE CAN­TAN­TE TEX­TO: JA­VIER BE­CERRA

Po­cos ar­tis­tas des­pren­den tan­to en­tu­sias­mo por la mú­si­ca co­mo Gui­lle Milkyway. Apa­sio­na­do y eru­di­to a par­tes igua­les, sus pu­pi­las bri­llan al ha­blar de The Beatles, de sus es­tri­bi­llos o del pop co­mo ta­bla de sal­va­ción. El pró­xi­mo mes lle­ga a Ga­li­cia den­tro del Atlan­tic Fest, don­de es­ta­rán tam­bién ar­tis­tas co­mo Kai­ser Chiefs, The Vac­ci­nes o Iván Fe­rrei­ro. Pre­sen­ta­rá al­gu­nas de las can­cio­nes que con­for­ma­rán el nue­vo ál­bum de La Ca­sa Azul, que sal­drá tras el ve­rano. Ojo, te­mas co­mo El mo­men­to avan­zan al­go así co­mo su cri­sis de los 40. «Es inevi­ta­ble. Lo po­co que he sa­bi­do ha­cer en mis can­cio­nes es ha­blar de mi vi­da», ex­pli­ca. —¿En úl­ti­mo sin­gle, «Ata­ra­xia», plan­tea el amor co­mo su­bli­ma­ción de la cal­ma y la tran­qui­li­dad per­so­nal? —To­da mi vi­da he an­he­la­do ese equi­li­brio. Pe­ro tie­ne una contradicción. ¿Esa bús­que­da te obli­ga a pres­cin­dir de de­seos? Que­ría plas­mar eso sin dar­le mu­chas res­pues­tas. Con el tiem­po me doy cuen­ta de que a mí me sien­ta bien ha­cer las pre­gun­tas y no res­pon­der­las [ri­sas]. De al­gu­na ma­ne­ra, eso te li­be­ra. La can­ción lo de­ja ahí en el ai­re. —El ví­deo re­cuer­da a «Lu­cía y el se­xo» de Ju­lio Me­dem, pe­ro con otra edad.

—La idea era esa y sa­car el se­xo de un lu­gar al que lo han re­le­ga­do, que no es el real. Me lla­mó la aten­ción mu­cho

cuan­do le en­se­ñé el ví­deo a mi ma­dre. —¿Le gus­tó?

—Sí, mu­cho. Ella te­nía esa es­pe­cie de an­he­lo, co­mo que ya no re­cor­da­ba que eso era lo que sen­tía la pri­me­ra vez que po­día lle­var a ca­bo esos de­seos. Lue­go lo apar­ta­mos y per­de­mos lo que real­men­te es. En­tre to­dos lo he­mos he­cho. El tra­ta­mien­to que ha te­ni­do el se­xo, in­clu­so a ni­vel ar­tís­ti­co, nos ha lle­va­do a eso. Se ha idea­li­za­do por un la­do y, por otro, se ha lle­va­do a lu­ga­res un tan­to un­der­ground que no son los pro­pios. —No en­cuen­tro un ví­deo pop en el que se vea ha­cer se­xo oral tan ex­plí­ci­ta­men­te. —Es pro­ba­ble. No­so­tros lo pen­sá­ba­mos. Dar­le un pun­to de inocen­cia era una bue­na ma­ne­ra pa­ra sa­car­lo de ahí. Ese pun­to naíf es al­go que de­be­ría­mos va­lo­rar. ¿Por qué ve­mos bo­ni­to una pa­re­ja ca­mi­nan­do de la mano y no ha­cien­do se­xo oral? —Ven­drá con una ban­da com­ple­ta. ¿Ese era uno de sus an­he­los? —Que­ría re­unir­me de ami­gos pa­ra dar­le una sol­ven­cia mu­si­cal al di­rec­to de La Ca­sa Azul. Con el di­rec­to no ter­mi­na­ba de sen­tir­me có­mo­do. No es­ta­ba al 100% se­gu­ro. Sí lo he es­ta­do, en ge­ne­ral, con los dis­cos. Al mis­mo tiem­po, no que­ría sa­cri­fi­car na­da de la par­te vi­sual y tea­tral. Es­toy su­per­con­ten­to con lo que he­mos lo­gra­do. Es una de las co­sas

de las que es­toy más or­gu­llo­so y es­pe­ro que du­re años. —Pa­ra mu­chos es «el de OT». ¿Qué pen­sa­ba del pro­gra­ma an­tes de ir?

—Bueno, más o me­nos lo que pien­so aho­ra. No he cam­bia­do.

—Va­ya, la si­guien­te pre­gun­ta era que di­je­ra qué pen­só des­pués.

—No ten­go nin­gún pro­ble­ma en de­cir lo que pien­so. To­do el mun­do tie­ne cla­ro lo que es, des­de Gest­mu­sic a los mis­mos con­cur­san­tes. Mu­chas ve­ces he­mos se­pa­ra­do en la mú­si­ca lo bueno, lo ma­lo, lo au­tén­ti­co, lo no au­tén­ti­co… Esa ba­rre­ra no exis­te mu­cho en la reali­dad. Es­to es un ta­lent-show con un com­po­nen­te de es­pec­tácu­lo te­le­vi­si­vo evi­den­te. Mu­cha gen­te de la que es­tá ahí tie­ne un ta­len­to im­por­tan­te a ni­vel de in­tér­pre­te. Des­de Gest­mu­sic sen­tían que era una pe­na que, cuan­do se le de­di­ca­ba tan­to tiem­po a es­to, no se apro­ve­cha­ra pa­ra im­preg­nar­lo to­do de al­go más com­ple­to a ni­vel mu­si­cal, de re­fe­ren­tes, de có­mo sur­gen los gé­ne­ros o de dón­de vie­nen las can­cio­nes que can­tan. Yo que­ría de­rri­bar ese tono de or­to­do­xia que hay a ve­ces den­tro de la cul­tu­ra mu­si­cal. No creo en eso de que ha­ya unos gé­ne­ros bue­nos y unos gé­ne­ros ma­los. Pa­ra na­da.

—Las nue­vas ge­ne­ra­cio­nes no creen en eso. He tra­ba­ja­do con chicos de 20 años que es­cu­chan a La­na del Rey, Luis Fon­si o Frank Si­na­tra y ven «OT» a la vez. To­do muy naíf y au­tén­ti­co. Esa ac­ti­tud en­ri­que­ce mu­cho. —Te en­tien­do y lo com­par­to to­tal­men­te. Pa­ra mí ese es me­jor pun­to de par­ti­da que el que vi­vi­mos en nues­tra ju­ven­tud. A lo me­jor te gus­ta­ba al­go pe­ro, ojo, que no era igual de bueno que si te gus­ta­ra Ja­ne’s Ad­dic­tion. —No te po­día gus­tar La Ore­ja de Van Gogh y Ja­ne’s Ad­dic­tion a la vez.

—Cla­ro. Ni si­quie­ra po­días ha­cer un aná­li­sis de los dos, di­cien­do a lo me­jor hay una par­te de co­sas de La Ore­ja de Van Gogh que es­tán guay, por­que me re­cuer­dan a es­to o a lo otro. Po­der ha­cer esa lec­tu­ra a dis­tin­tos ni­ve­les. A ti te pue­de no gus­tar la voz de un can­tan­te pe­ro sí sus can­cio­nes. O no gus­tar­te na­da pe­ro apre­ciar la pro­duc­ción. Se tra­ta de te­ner un cri­te­rio que res­pon­da más a la reali­dad, no ba­sa­da en cli­chés y ac­ti­tu­des preestablecidas. Co­mo ellos no lo tie­nen, eso no ocu­rre. Yo tam­bién per­ci­bo que eso se ha ro­to. —¿No se emo­cio­na­ba cuan­do le ex­pli­ca­ba a los chicos de «OT» la evolución de The Beatles an­te su ca­ra de asom­bro? —Sí, to­tal­men­te. Te re­mi­te a tu pri­me­ra vez. Re­cuer­do cuan­do es­cu­ché Help, que sen­tí una ex­ci­ta­ción ju­ve­nil to­tal. Te sien­tes un po­co res­pon­sa­ble, en plan «na­die les ha pues­to es­to an­tes, qué po­bre­za ha­cer­lo así tan rá­pi­do y no te­ner una se­ma­na pa­ra ir pa­so a pa­so». Me gus­ta que esa ex­ci­ta­ción flu­ya. Pa­ra mí si­gue sien-

Mu­cha gen­te de OT tie­ne un ta­len­to im­por­tan­te”

Creo que el pop no va a pa­rar de evo­lu­cio­nar nun­ca”

do asom­bro­sa esa evolución en tan po­co tiem­po. Con The Beatles se re­su­me a la per­fec­ción. Es­cu­cha­mos un día el pri­mer dis­co de Gior­go Mo­ro­der. Hay al­gu­nos pa­sa­jes que tú es­cu­chas en un dis­co de tech-hou­se del 2016 y, os­tras, es prác­ti­ca­men­te igual a aque­llo. ¡Y han pa­sa­do 40 años! Pe­ro oye, es­cu­chas a los Beatles de 1964 y a los de 1967 y pa­re­ce que ha­ya pa­sa­do mu­cho más tiem­po. Cuan­do trans­mi­tes co­sas así por pri­me­ra vez es muy emo­cio­nan­te. —¿Qué opi­na de los gé­ne­ros es­tre­lla ac­tua­les: el re­gue­tón po­pe­ro y el trap?

—No ha­go mu­cha se­pa­ra­ción en­tre am­bos. Son gé­ne­ros un­der­ground, que sa­len de la ca­lle. El re­gue­tón es una es­pe­cie de tra­duc­ción de ele­men­tos ja­mai­ca­nos que se ha­ce en el Ca­ri­be. Lo que pa­sa es que el sis­te­ma se apro­pia de eso y lo ex­plo­ta en ma­sa pa­ra el gus­to del con­su­mi­dor mundial, de una for­ma más ama­ble. Mu­chas ve­ces, el aná­li­sis que se ha­ce de eso se ha­ce des­de el mains­tream. Cuan­do un pa­dre di­ce que la mú­si­ca que es­cu­cha su hi­jo es ho­rri­ble, lo di­ce so­bre una can­ción de Ma­lu­ma. Es co­mo cuan­do te decían no me gus­ta el pop so­bre la ba­se de un dis­co de Ja­son Do­no­van. Cla­ro que eso era pop, pe­ro to­do es mu­cho más am­plio. —¿La mú­si­ca pop se ha ago­ta­do o que­dan aún co­sas por in­ven­tar? Da la sen­sa­ción de que to­do es muy re­fe­ren­cial. —Aun­que ten­ga­mos esa sen­sa­ción, creo que el pop no va a pa­rar de evo­lu­cio­nar. Si cuan­do pa­sen 20 años tú es­cu­chas dis­cos de en­tre 2015 y 2018 los sa­brás si­tuar aquí. Hay una se­rie de ele­men­tos, có­mo se usa el au­to­tu­ne, el te­ma rít­mi­co y có­mo la mú­si­ca se im­preg­na de esa co­sa un po­co re­gue­to­ne­ra, que es lo que es hoy en día. El te­ma de Ed Shee­ran Sha­pe Of You, es muy re­pre­sen­ta­ti­vo. El re­vi­sio­nis­mo es inevi­ta­ble, pe­ro na­da va

a ser igual. El dis­co de Amy Wi­nehou­se es 100% re­vi­sio­nis­ta, ca­si un ejer­ci­cio de es­ti­lo. Pe­ro no lo es. Es to­tal­men­te con­tem­po­rá­neo por có­mo fue gra­ba­do, por la pro­duc­ción y el ti­po de fra­seo que ha­ce ella. Lo se­pa­ra de una can­ción clá­si­ca de soul de los se­sen­ta. —Ha­ce años di­jo que el pop le ha­bía sal­va­do la vi­da. ¿Pien­sa lo mis­mo?

—Sí, to­tal­men­te. Soy cons­cien­te ca­da día. Cuan­do es­toy cer­ca de ese pun­to del equi­li­brio per­so­nal del que ha­blá­ba­mos al prin­ci­pio, la mú­si­ca siem­pre es­tá pre­sen­te, bien al ha­cer­la o al es­cu­char­la. Es al­go má­gi­co e inex­pli­ca­ble. Por eso mu­chos nos he­mos en­tre­ga­do en cuer­po y al­ma a eso. Tam­bién los que es­cri­ben de mú­si­ca, pien­so que a ellos tam­bién les ha sal­va­do la vi­da.

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