“El del in­die no era nues­tro cir­cui­to”

Cau­ti­va­ron al pú­bli­co con una fu­sión cua­si im­po­si­ble de fol­clo­re al­ca­rre­ño y blue­grass. Y aho­ra aca­ban de fir­mar la de­cla­ra­ción de amor pós­tu­ma más her­mo­sa que se ha­ya gra­ba­do nun­ca

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA . ENTREVISTA - TEX­TO: CAR­LOS CRES­PO

AQui­que Cu­be­ro, un al­ca­rre­ño de emo­cio­nes cur­ti­das y pa­sio­nes in­fi­ni­tas, se le rom­pió el al­ma y la vi­da. En el 2016 un cán­cer se lle­vó a su mu­jer, Ol­ga. Le que­da­ba la voz y una tris­te­za eter­na que fue trans­mu­tan­do en can­cio­nes. Su her­mano Ro­ber­to le ani­mó a con­ver­tir­las en un dis­co.

Qui­que di­bu­ja la tris­te­za, que así se ti­tu­la, se ale­ja en cier­to mo­do de esa cau­ti­va­do­ra so­no­ri­dad a ca­ba­llo en­tre el fol­clo­re cas­te­llano-man­che­go y el blue­grass de los an­te­rio­res tra­ba­jos de Los Her­ma­nos Cu­be­ro, pa­ra con­ver­tir­se en la de­cla­ra­ción de amor pós­tu­ma más her­mo­sa, in­ten­sa y sub­yu­gan­te que se ha­ya gra­ba­do nun­ca. «Escribir es­tas can­cio­nes fue una te­ra­pia, una vál­vu­la de es­ca­pe. Nun­ca pen­sé que se fue­sen a gra­bar ni a ha­cer pú­bli­cas», confiesa Qui­que Cu­be­ro.

—No os im­por­tó si­quie­ra que se ale­ja­sen de ese so­ni­do tan ca­rac­te­rís­ti­co que ha­bíais crea­do.

—La pre­mi­sa fun­da­men­tal del pro­yec­to Los Her­ma­nos Cu­be­ro ha si­do siem­pre ha­cer lo que nos ape­te­cie­ra, sin ce­ñir­nos a un cor­sé ni a las pau­tas de un es­ti­lo con­cre­to. Y eso es lo que he­mos he­cho. Pu­ra li­ber­tad ar­tís­ti­ca.

—¿Man­ten­dréis el for­ma­to cuar­te­to?

—No, es al­go cir­cuns­tan­cial. Es una for­ma de mar­car es­te mo­men­to con­cre­to que es­ta­mos vi­vien­do y de dar­le más emo­ción a es­tas can­cio­nes.

—Di­ces en una de las can­cio­nes que deam­bu­las en­tre rui­nas. ¿Ya has en­con­tra­do dón­de re­po­sar?

—No, to­da­vía no. Plas­mar en el dis­co los sen­ti­mien­tos de los dis­tin­tos es­ta­dios por los que he ido pa­san­do me ha ayu­da­do. Pe­ro aún no ten­go re­po­so.

—¿Qué ha pa­sa­do pa­ra que un dúo que re­vi­si­ta el fol­clo­re tra­di­cio­nal al­ca­rre­ño se con­vier­ta en icono de mo­der­ni­dad y for­me par­te del car­tel de fes­ti­va­les in­dies?

—Pa­ra no­so­tros ha si­do una sor­pre­sa. Des­de lue­go no es­tá­ba­mos mi­ran­do a ese pú­bli­co. No­so­tros te­nía­mos más en men­te el cir­cui­to del nue­vo fol­clo­re. Cuan­do en Ha­ga­mos al­go de rui­do, en nues­tro pri­mer dis­co, de­cía­mos aque­llo de «gus­ta­re­mos has­ta a los mo­der­nos de Ma­drid» no era des­de lue­go una pre­mo­ni­ción, era al­go iró­ni­co. Pe­ro, mi­ra, al fi­nal se cum­plió. Aun­que no se­pa­mos por qué ha pa­sa­do ni qué han vis­to en no­so­tros.

—¿Os sen­tís más cer­ca de La Mus­ga­ña, de Nick Ca­ve o de Bill Mon­roe?

—Ten­go ra­tos pa­ra to­do. A Nick Ca­ve no le he se­gui­do mu­cho, pe­ro lo pue­do es­cu­char igual que a Bill Mon­roe, a Ba­rón Ro­jo, a Ñu o a Jeth­ro Tull. Pe­ro si me ten­go que de­can­tar, me que­do con La Mus­ga­ña.

—En vues­tros an­te­rio­res dis­cos, más allá de la iro­nía, las letras te­nían tam­bién mu­cho de com­pro­mi­so. Pe­ro es que ¿hay al­go más sub­ver­si­vo que el can­cio­ne­ro tra­di­cio­nal?

—Des­de lue­go. En el country y en el folk siem­pre hay una car­ga so­cial y emocional muy fuer­te. En la cul­tu­ra del pop es to­do más me­li­fluo.

—Pa­ra­fra­seán­do­te, ¿ya sa­bes qué ha­ras el «res­to de tu vi­da»?

—En lo pro­fe­sio­nal sí que hay pla­nes pa­ra ha­cer un dis­co to­tal­men­te dis­tin­to a es­te y a los an­te­rio­res. En lo per­so­nal, voy día a día. Los queha­ce­res que me im­po­ne criar a mi hi­ja me eva­den. Por lo me­nos has­ta que lle­ga la no­che.

—Tu hi­ja es la autora del di­bu­jo que ilus­tra la por­ta­da del dis­co.

—No fue al­go pre­me­di­ta­do. Un día me en­con­tré con ese di­bu­jo en­tre sus pa­pe­les del co­le. Le pre­gun­té qué era y me di­jo que le ha­bían pe­di­do que di­bu­ja­ra la tris­te­za y di­bu­jó su ca­sa, su ma­dre y un co­ra­zón ro­to.

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