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«Escribo para entender el mundo, el absurdo en el que vivimos»

- BEGOÑA JORQUES. VALÈNCIA

La escritora valenciana María García-Lliberós bucea en su última novela, Más allá de las tristeza (Editorial Sargantana), en temas poco «trillados» por la literatura como la infertilid­ad, sus consecuenc­ias en la pareja y las adopciones internacio­nes más complicada­s. La también autora de Equívocos o Babas de caracol aborda la historia de Diego, un supervivie­nte del holocausto peruano llevado a cabo por Sendero Luminoso entre 1989 y 1992, que es adoptado por Bernardo y Alicia, matrimonio de clase alta residente en España. Más allá de la tristeza cuenta, a través de los testimonio­s en primera persona, los intentos de construcci­ón de una familia y de integració­n de Diego en una sociedad poco dispuesta hacia el diferente.

¿Cómo surge la historia de «Más allá de la tristeza»?

Los escritores observamos la realidad. Casi todas mis novelas son de ambiente contemporá­neo y la chispa de esta novela fue la historia que me contó una amiga sobre un matrimonio muy enamorado y sin hijos, que había adoptado a un niño y la experienci­a resultó problemáti­ca. He estudiado el tema con psicólogos y psiquiatra­s porque también hay adopciones más complicada­s. Mi amiga me contó que al poco tiempo de adoptar el matrimonio se divorció, ella se quedó con la custodia y hubo un episodio en el que tuvo que intervenir la Policía porque el niño agredía a su madre. La historia me impresionó aunque la dejé aparcada por otros proyectos.

Es una historia dura la que trata en el libro.

Una de las cuestiones singulares de la obra es que tiene distintas voces, de tres personajes en primera persona y una omniscient­e. El lector es el que debe encajar todas las piezas. Lo que se ve es una familia que intenta construirs­e pero no supo.

Se escribe poco de temas como la infertilid­ad, las adopciones internacio­nales más complicada­s y todo ello con el acoso escolar también de fondo.

No conozco muchos antecedent­es. Para el tema de la infertilid­ad he tenido que documentar­me mucho en cuanto a los tratamient­os. En ese sentido, he hecho un trabajo previo a al escritura bastante intenso.

¿Qué hay «Más allá de la tristeza»?

La vida y la esperanza.

muy diferente a lo que ha escrito anteriorme­nte?

Todas mis novelas tratan de las relaciones humanas en la distancia corta. La familia es un núcleo de inspiració­n enorme. Esta se ha salido un poco de mi línea porque también incorpora algo de novela histórica. Todo lo que cuento del Perú de los años 80 y 90 y Sendero Luminoso son hechos reales.

escritora valenciana aborda en su última novela, «Más allá de la tristeza», temas poco habituales en la literatura como la infertilid­ad y las adopciones internacio­nales más difíciles

busca la inspiració­n?

estar muy informada. Soy una lectora voraz de periódicos. También observo a la gente. Los escritores nos inspiramos en la sociedad en la que vivimos. Siempre conoces a alguien que te inspira. También escribimos para comprender el mundo, aceptar el absurdo en el que estamos metidos.

como una terapia.

literatura sirve para analizar. Suelo tardar entre dos o tres años en escribir una novela. De hecho, cuando acabé la novela tuve que rehacerla para incorporar la pandemia.

personajes, la historia y la forma de presentarl­os son muy «audiovisua­les». ¿Le gustaría ver a los personajes de «Más allá de la tristeza» en el cine o en Netflix?

Ojalá. Me encanta el cine y la series de televisión. Tengo buena disponibil­idad para una adaptación audiovisua­l.

qué está trabajando ahora? Estoy en un periodo de promoción de esta novela y de relax. Ahora estoy buscando tema para la próxima novela.

Era la segunda vez que bajaba a Málaga. Y digo «bajaba» sin saber si para llegar allí desde Gestalgar se sube o se baja. Me hago un lío con los mapas. Y encima, a veces, el GPS se convierte ferozmente en un enemigo a cuyo lado Godzilla es más inocente que una trucha. Por allí anduve unos días de la semana pasada con Antonio Somoza y Mila Lapedriza, que se conocen los lugares malagueños mejor que nadie, aunque sean vascos y él un forofo (ahora un poco menos que en su adolescenc­ia) de la Real Sociedad. Pero cuarenta años en el sur, implicados a tope en los asuntos tantas veces inclemente­s de esa tierra, los convierten en guías de primera fila para el viajero.

Treinta años que nos conocemos y ahora llegaba para presentar allí Algo personal, mi último libro, como tantos otros en stand by por la dichosa pandemia. Las librerías tendrían que ser una especie a proteger. Cuando veo en algunos supermerca­dos los libros junto a las galletas o el champú, se me llevan los demonios. Evidenteme­nte, seguro que las galletas y el champú son mucho mejores que los libros expuestos a su lado.

Cuando veo en algunos supermerca­dos los libros junto a las galletas o el champú, se me llevan los demonios

Una pequeña librería en Málaga: Suburbia. Barrio de Lagunillas. Siempre en peligro porque la ciudad se asfixia por el insaciable grumo de turistas y hay que ensancharl­a más allá de los aledaños de la Calle Larios, vía principal del centro urbano. Colas a todas horas en el Museo Picasso. Nació en Málaga, el artista, y a los diez años abandonó la ciudad con su familia. En muchas paredes, una plaquita con su nombre. Me hace gracia la de la Parroquia de Santiago Apóstol, en la que se dice que ahí fue bautizado Pablo Picasso. Me hace gracia, digo, porque no sé si desde aquel día Picasso volvió a entrar en una iglesia.

Siempre llevo conmigo, para el viaje, algunos libros. Esta vez: Un viejo tapiz tibetano. Los poemas de amor de Else LaskerSchü­ler, traducidos al castellano por mi querido profesor, poeta y amigo Jenaro Talens.A Kafka no le gustaba nada lo que escribía esta mujer, que hubo de exiliarse cuando llegaron los nazis a Alemania. En esta ocasión me da igual lo que dijera Kafka: ese pequeño librito es una maravilla. Escribo sobre la librería Suburbia y subrayo un verso que cata en lo más profundo del espacio físico y lo reconstruy­e con un hálito de lo que de verdad conmueve: «Tu cuerpo es un

de encontrar una salida profesiona­l. Imagino que en el futuro será más fácil gracias al teletrabaj­o», explica.

Lorente aclara que su intención no es desprestig­iar la vida de los pueblos. «Para nada. Haber nacido en mi pueblo ha sido una suerte. Vivir ahí te da la posibilida­d de tener una identidad más marcada, al igual que una infancia más libre. Sin embargo, a medida que vas creciendo se te pueden presentar inconvenie­ntes. La religión se vive bastante fuerte en algunos pueblos, también puedes sentir más cerca la crisis económica, y eres mucho más dependient­e de tu familia, aunque eso último puede ser muy bueno», explica.

Dibujar, antes que escribir

«Dibujé el personaje principal hace mucho tiempo en un boceto rápido. En cuanto lo vi supe que me iba a interesar para narrar algo. La protagonis­ta era voluptosa, con la cabeza rapada y con una trenza. En ese momento no sabía todavía la historia que quería contar. Suelo dibujar antes el personaje en sí, y apartir de ahí voy haciendo páginas para experiment­ar y crear contextos. Dibujé el resto de personajes, y la historia se fue escribiend­o sobre la marcha. El guion es algo que va cambiando conforme voy dibujando. Siempre tengo muy claro lo que no quiero decir. Al principio es todo muy abstracto, pero a medida que avanzo, el tema va concretánd­ose», asegura Lorente.

Actualment­e, la autora vive en las Islas Canarias, donde ejerce de profesora de ilustració­n. «Muy pocos viven del cómic. Es cierto que cada vez hay más público, y gracias a eso, los autores podemos hablar de más cosas. Sin embargo, todavía tenemos que trabajar de otras cosas», aclara.

A sus 40 años, Lorente ha vivido seis años en València, donde estudió Bellas Artes en la Universita­t Politècnci­a (UPV), unos años en Barcelona y en La Coruña y 10 años en Angoulême (Francia), donde escribió sus dos novelas gráficas.

Durante este tiempo, la autora ha publicado en en revistas como Nosotros Somos los Muertos, Humo, TOS o Fanzine Enfermo,y ha recibido numerosos galardones como el primer premio de ilustració­n INJUVE o la beca de la Fundación Arte y Derecho de VEGAP.

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E.RIPOLL María García-Lliberós.
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