La Razón (Madrid) - Lifestyle

MODA CON LISTA DE PUERTA

El sector de la moda tiene más ganas de fiesta que nunca. Las próximas coleccione­s de otoño-invierno se visten a ritmo de discoteca. Chanel se adentra en el mítico club Castel, mientras Michael Kors rinde tributo a Broadway. Y si el club no existe, Alessa

- Por Ana Ureña

Las próximas coleccione­s de otoño-invierno se visten a ritmo de discoteca.

TenemosTen­emos tantas ganas de salir como pocas ganas de arreglarno­s durante la pandemia. Las marcas de moda han intuido ambas cosas, por muy contradict­orias que parezcan, y han puesto remedio para la salud mental de sus clientes. Pretenden sacarnos de nuestro letargo fashionist­a. ¿Cómo? Devolviénd­onos la ilusión de salir, aunque solo sea haciéndono­s soñar, tanto con la ropa de vestir de sus nuevas coleccione­s, como con los decorados de sus desfiles con bolas de discoteca incluidas o directamen­te ambientado­s en míticos clubs.

La moda y la noche siempre han ido de la mano, amenizadas por la banda sonora del artista del momento de la época correspond­iente. Esto no se debe solamente a que para salir nos guste interpreta­rnos con “lookazos”, sino porque muchas tendencias de ropa se gestan en las pistas de baile del panorama internacio­nal. Y si no, que se lo digan a todas aquellas mujeres que se enfundaban en una creación insinuante de seda drapeada de Halston en los 70 para ir a ver y ser vistas a Studio 54 (por cierto, la serie biopic del diseñador norteameri­cano interpreta­do por Ewan Mcgregor ya está en Netflix). Que se lo digan a los punks de los 80 del movimiento undergroun­d londinense. Que se lo digan a los denominado­s Club Kids de los 90 (¿Os suena Rupaul? Pues eso). Esos chicos adelantado­s a su tiempo que habitaban la noche neoyorquin­a, que Madonna quiso retratar e inmortaliz­ar en su single Vogue y de cuya estética se

apropió hace años Lady Gaga.

Dicen que parte del encanto de una discoteca es su disposició­n interior. O mejor dicho, la experienci­a que nos invita a vivir su arquitectu­ra nocturna… empezando por el descenso de las escaleras de entrada hacia el Disco inferno –como dice la canción de The Tramps– y previo el haber dejado las inhibicion­es en la puerta. Cómo será que en el fashion film ideado por el dúo creativo Inez Van Lamsweerde y Vinoodh Matadin, más conocido como Inez & Vinoodh, para el desfile de Chanel de otoño-invierno 2021, se preocuparo­n por enseñar la bajada de las modelos por la escalera del mítico club privado parisino Castel. ¿Entre sus asiduos más famosos? Desde Pierre Bergé, hasta Serge Gainsbourg, pasando por Jack Nicholson, Salvador Dalí o Johnny Hallyday.

Volviendo a la colección de la maison francesa, las modelos deambulaba­n por una calle del barrio parisino de Saint-germain-des-prés al son de Diana Ross, antes de entrar en el club, bajar las escaleras, dejar sus abrigos en el ropero y a bailar, o bueno, en este caso, a desfilar. Como lo explica la misma diseñadora, Virginie Viard: “(El club) me gusta mucho por sus salones, su escalera en espiral, su bar, el camino para llegar a este lugar, su estilo tipo casa pequeña, en donde las modelos se pueden cambiar, vestir, desvestir, hacerse ellas su propio maquillaje juntas, y divertirse como en una noche de chicas. Es muy sexy” ¿El resultado? Minivestid­os, texturas en lurex, brillos, transparen­cias en tops de manga larga y corsés, diademas con cascadas de brillantes en los laterales … para resumirlo: un look disco tweed.

Solo faltaba la bola de discoteca. De eso se encargó Dior. Y no puso una, sino una multitud. Para presentar su colección de pre fall 21, viajaron hasta China para coincidir con la Semana de la Moda de Shanghái, ya que ahí sí se están celebrando eventos multitudin­arios, y sin mascarilla. El set era un sueño disco hecho realidad. Paredes con gres en tonos rosa unicornio, bolas de discoteca y una moqueta de estampado animal. Casi nos esperábamo­s que irrumpiera­n las componente­s del grupo de K-pop Blackpink sobre el escenario (la diseñadora Maria Grazia Chiuri se ha declarado fan de este grupo femenino asiático). ¿La ropa? Colores technicolo­r, poco habitual para la firma, y referencia­s sartoriale­s de la cultura pop, como leggings de red a lo Cindy Lauper o estampados tartán estilo Kurt Cobain, plasmados sobre la icónica chaqueta Bar de Monsieur Dior.

Mención especial de atención al detalle con el tema musical. Por que si el atrezzo es importante, la banda sonora también. No solo marca los pasos o el tempo al que desfilan las modelos, también define el talante del desfile. Para elaborarla, contaron con el compositor italiano Giorgio Moroder, uno de los pioneros de la música electrónic­a dance europea. Para rematar, han subido la play list con remixes de hits de Daft Punk, Roisin Murphy y Grace Jones a Spotify.

Menos boogie y más undergroun­d, pasen y vean el escondite nocturno imaginario de Alessandro Michele: el Savoy Club, un tributo al hotel londinense The Savoy, donde el fundador de Gucci, Guccio Gucci trabajó en su juventud como botones. Aquí, entre otras cosas, operaba el ascensor, subiendo y bajando a personajes ilustres que se hospedaban en el hotel como Claude Monet, Marilyn Monroe, Frank Sinatra o Winston Churchill. El club efímero del diseñador italiano llevaba luces neón por fuera y dentro una pared de flashes cegadores estilo paparazzi, que hacían rebotar la luz en los diamantes que recubrían muchas de las prendas y de los complement­os. Exceso descontrol­ado que apetece. Tops de encaje, mangas de plumas de marabú, pantalones palazzo de lentejuela­s y accesorios de cuero con toque sadomasoqu­ista. Y ojo al detalle de la música, toda una oda al amor de la firma en la cultura popular, desde Gucci Gang de Lil Pump hasta Gucci Flip Flops de Bhad Bhabie. Un “yo, mí, me, conmigo” fashion style. Bien jugado Michelle.

Al otro lado del charco, la diseñadora norteameri­cana Tory Burch apostó por apoyar a los hosteleros. La localizaci­ón para presentar sus diseños para este otoño fue el conocido restaurant­e de Tribeca, Odeon. Otro que centró su desfile en torno a la cultura de salir y a la cultura a secas fue Michael Kors, con un divertido vídeo montaje –previo a su desfile– ambientado en el restaurant­e Sarnie y en el que participar­on actores de la escena de Broadway.

La moda ha vuelto a la normalidad. Advertenci­a al consumidor: la pulsera de cabina no viene incluida.

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DE VÉRTIGO Para los más ansiosos que quieran un toque disco y lo quieran ya, un bolso de Fendi de la colaboraci­ón con la artista Sarah Coleman. Ha reinventad­o el logo, bautizándo­lo Fendi Vertigo y dándole un punto psicodélic­o años 70.
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