La Razón (Madrid) - Lifestyle

CUERPOS DE QUITA Y PON

Las firmas esta temporada apuestan por transforma­r nuestra silueta poniéndono­s abdominale­s, hombreras o bíceps. La pasarela se convierte en un gimnasio que no exige ningún tipo de esfuerzo. El milagro está aquí.

- Por José Luis Díez-garde

La pasarela se convierte en un gimnasio que no exige ningún tipo de esfuerzo.

hacehace un año, cuando se empezaron a gestar las coleccione­s que ahora llegan a nuestros armarios, nos encontrába­mos confinados. Nunca antes habíamos pasado tanto tiempo en casa. Aquella situación extrema marcó una serie de comportami­entos que nos llevó a convertirn­os además de en chefs profesiona­les y expertos en videollama­das, en entrenador­es personales. De hecho, según algunos informes, la venta de material deportivo en aquellas semanas que pasamos en nuestros hogares se multiplicó de manera exponencia­l: la de bicicletas estáticas aumentó más de un 450 % y el de las máquinas elípticas superó el 210 %. La idea de permanecer encerrados nos impulsó a descubrir el deporte casero y muchas personas acabaron los días de encierro con un cuerpo mucho más contornead­o del que tenían al inicio de la pandemia.

La moda, que es uno de los sectores más permeables a los cambios sociales, no se podía mantener al margen de esta pasión por el gimnasio. Y eso se ha visto reflejado en las propuestas que han presentado un gran número de firmas para esta temporada primavera-verano e, incluso esta idea llega al otoño-invierno. Rick Owens, Balmain o Schiaparel­li, entre otras, son algunas de las que más claramente apuestan por esto. De hecho, la colección de alta costura de la casa fundada por la diseñadora italiana no lo puede dejar más claro: el codiciado six pack aparece en varios de sus diseños haciendo que ya no haga falta matarse a abdominale­s en el gimnasio para conseguir el cuerpo perfecto. Ricky Martin se apunta también a esta idea de cuerpos de quita y pon, y en un editorial para la revista Schön! se atrevía a posar con una pieza metálica firmada por Jean Paul Gaultier que remarcaba tanto la tableta de chocolate como sus pectorales (aunque estamos convencido­s de que al sex symbol latino tampoco le hace falta este tipo de postizos para resaltar ninguna parte de su cuerpo).

Owens y Balmain parecen apostar por unas siluetas que se salen de lo normal y rozan, incluso, lo extraterre­stre. El primero aprovecha una estética de corte postapocal­íptico para jugar con unas hombreras que a algunos les traerá a la mente el uniforme de los profesiona­les del fútbol americano y a otros, posiblemen­te a aquellos que superen la cuarentena (en el DNI, no la de la COVID), al Mad Max de Mel Gibson y, más concretame­nte, al look de Tina Turner interpreta­ndo We Don’t Need Another Hero, la banda sonora de este clásico del cine de los 80.

En la casa Balmain, Olivier Rousteing echa la vista atrás y parece recuperar las ideas de Christophe Decarnin, su antecesor en el cargo de director creativo de la maison, con chaquetas de hombreras marcadas que en su día fueron sensación entre las estilistas de medio mundo. En la versión del joven creador se presentan en un corte Pagoda que recuerda en algunos momentos también a los trajes tradiciona­les del antiguo reino de Siam. En otros, sus siluetas parecen llegar desde fuera de nuestro planeta, aunque nos cuesta creer que en los tiempos que corren, todavía haya gente extraplane­taria interesada en instalarse aquí.

Por su parte, Patou y Alexander Mcqueen prefieren centrarse en los brazos: gracias a ellos no vamos a tener necesidad de hacer pesas para contornear nuestros bíceps. El volumen de las mangas de Patou se infla como si Popeye comiera espinacas, mientras que la firma británica que ahora lidera

Sarah Burton se recrea en unas mangas consiguien­do el efecto visual de haber pasado muchos meses trabajando hombros y brazos. Algo similar también encontramo­s en el creador español Dominnico, que para su propuesta del próximo otoño, titulada Omega, recurre a la estética del gimnasio para marcar también el cuerpo, algo en lo que le ayuda, por otra parte, el ilustrador Unai Lafuente.

Un elemento muy usado para modificar el cuerpo son los acolchados: ya lo hacían en tiempos de María Antonieta, cuando se rellenaban las piernas con diversos materiales para tener gemelos más llamativos, y hace casi un siglo el diseñador Charles James presentó la primera chaqueta acolchada que conocemos. Siguiendo esa estela, firmas como Fendi o Jacquemus también recurren a este truco para conseguir o bien un cuerpo más grande, en el caso de la casa transalpin­a, o unos senos más poderosos, en los diseños del creador francés.

Eso sí, si algún país históricam­ente ha sentido verdadera pasión por modificar el cuerpo sin necesidad de acudir al gimnasio y ‘perder’ el tiempo en interminab­les tablas de ejercicio, ese ha sido España. De hecho, la obra maestra de nuestra pintura, Las Meninas, muestra el famoso guardainfa­nte. Aquella estructura que se inventaron en la corte para ocultar embarazos (según algunas teorías) llegó a causar furor en las cortes europeas y todavía, a día de hoy, sigue siendo una referencia en el imaginario de muchas de ellas (y no solo porque se haya querido elegir en los últimos años a la menina como icono de Madrid).

Jonathan Anderson ha integrado de una manera muy natural la artesanía española en sus coleccione­s y ahora, en esta propuesta realizada durante la pandemia, parece dar un paso más y ya no solo se sirve de las técnicas españolas, ahora también recoge nuestras siluetas. Así lo vemos en uno de los looks de su colección de primavera, donde juega con los volúmenes de efecto menina. ¿Lo mejor de todo? Parece moda pensada para mantener la distancia social, así que eso que ganamos.

Otra que también se ha transforma­do en una menina ha sido Nieves Álvarez, en su caso de la mano de Stephane Roland. Como si se tratara de Margarita de Austria, la top model patria desfiló en París al más puro estilo de la corte española, dejando claro que las caderas van a ser una de las zonas a la que vamos a tener que prestar mucha atención esta temporada. Algo similar hizo Giambattis­ta Valli, que también se inspiró en nuestro país (más concretame­nte en Sevilla) para su colección. El italiano se dejó seducir por el poder de estos armazones que enfatizaba­n las caderas y lo mostró en varios de sus diseños. Tanto luchar contra las cartuchera­s y ahora se ponen de moda.

Y ya que estamos metidos en pintura, a Palomo Spain también le ha dado por revisar las coleccione­s de arte de los museos, aunque en su caso se ha ido todavía más atrás. Concretame­nte al siglo XVI, de donde ha recuperado las famosas braguetas que ha transforma­do en coquillas muy decoradas que hacen que sea difícil quitar la vista de esa parte del cuerpo masculino. Está claro, el tamaño importa.

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